¿Sirve discutir la ideología woke? Un término difuso que se usa para definir la búsqueda de justicia y empoderamiento para grupos marginados (grupos nacionales, color de piel, feminismo, movimiento LGBtQ+, migrantes). Pero también para identificar enemigos de la tradición y el equilibrio social/cultural y por ende, factor acusado de divisiones, decadencia, reducción de los nacimientos, relativismo moral y varios más de los males verificables rápidamente en cada coyuntura crítica (de crisis).

¿Es necesario cuestionar al progresismo? En principio es necesario poner en duda todo y probar lo que fundamenta el accionar de compañeros, partidos o, más visiblemente, opiniones personales de referentes de la vida política.

¿Cómo definir qué es progresismo?

Sus ejes son el reformismo y cambio social, esto es, defender la necesidad de transformar estructuras obsoletas para alcanzar el progreso.

Las mejoras laborales y la expansión de derechos democráticos. ¿Es incompatible esto con el peronismo, promotor de los derechos sociales de una legislación laboral y mejoras concretas profundas a favor de lxs trabajadorxs? ¿Es necesario recordar la iniciativa conducida por Eva Perón por el voto femenino?

Cuando hablamos de la defensa de derechos civiles, el progresismo pone la fuerza en la agenda identitaria, incluyendo la igualdad de género, los derechos de la comunidad LGBTQ+ y la lucha contra la discriminación racial.

Al impulsar políticas que buscan reducir la desigualdad económica y garantizar el acceso a servicios básicos, a menudo alineándose con principios de la socialdemocracia. ¿Esto es contrario a la historia de avances que empujó el peronismo?

El progresismo tiene mentalidad de apertura, actitud renovadora y disposición a cuestionar el orden establecido para buscar soluciones a los problemas sociales contemporáneos… ¿acaso no se emparenta con la actitud de la principal fuerza política que hace 81 años realmente planteó la posibilidad de un país más justo?

Al igual que el peronismo es reacio a identificarse con posturas revolucionarias, es decir, respeta el capitalismo como sistema socio económico ineluctable, mejorable, humanizable o transformable, pero no sustituible por el socialismo u otro modelo.

Se reconoce como izquierda y puede medir la realidad política desde categorías binarias o mediante contradicciones, pero no se proponen el cambio social total, sino la modificación gradual y dentro de las reglas de la democracia liberal burguesa.

Incluso, una vez gobierno, acentúan y sobreactúan ese respeto, quizás con la vana ilusión de ser reconocidos como guardianes de la institucionalidad, creada para salvaguardar un sistema inherentemente desigual y por lo tanto, productor de injusticia.

Un problema raíz de dicha forma de concebir la sociedad en nuestro país, es el reparto violento y arbitrario en su origen, de la propiedad de la tierra.

El rey de España se los robó a los habitantes originales (no propietarios, sino usufructuarios, ya que no concebían la propiedad privada). Luego sucesivas capas de invasores fueron atribuyéndose y reconociéndose mutuamente el derecho de usar esa tierra y lo que encima se produjese como privada. Esa propiedad es histórica y puede deshacerse con más historia.

Hoy es impensable siquiera el soñar con recuperar por lo menos para el Estado, un m² de ese robo original. Y en eso, progresistas y peronistas varios coinciden en aceptar esas «reglas del juego» vigentes.

Mientras no pongamos eso en cuestión, es imposible concebir una política de viviendas, de reparto y radicación de sobrepoblación urbana, de emprendimientos productivos planificados desde el centro o federal, por mencionar algunos alcances.

Y será una piedra fundante de la imposibilidad y ancla del fracaso nacional.

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