El presidente de Industriales Pymes Argentinos, Daniel Rosato, no dejó margen para el optimismo: calificó la situación como “muy crítica” para las empresas manufactureras y advirtió que “hay en riesgo 1200 industrias”. “De no adoptarse medidas urgentes para sostener la actividad, ese número de empresas podría desaparecer de aquí a junio”, aseguró.

Desde el frente empresario, las alarmas también se encienden por el avance de prácticas irregulares. Dante Do Sun Choi, dueño de la firma de electrodomésticos Peabody, fue tajante: “La ilegalidad tomó el mercado”. En esa línea, describió un escenario donde producir dejó de ser viable y hasta importar resulta inviable “salvo subfacturando”.

El diagnóstico se vuelve aún más crudo en su comparación: “A esto yo lo llamo la bolivarización de la economía argentina: en Bolivia, el 70% de la industria de electrodomésticos es contrabando. Ahora ocurre lo mismo aquí”, expresó, trazando un paralelismo que expone el deterioro y la distorsión creciente en el funcionamiento del mercado local.

Si estos datos y advertencias no alcanzan para encender de una bendita vez todas las alarmas, el problema ya no es sólo económico sino, como presumíamos, profundamente político: el rumbo elegido no solo enfría la actividad, sino que erosiona las reglas básicas del sistema productivo, y para peor lo realiza concienzudamente, desbarrancando a la industria, y va triturando por completo al mercado interno bajo la ley de la selva.

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