¿Qué es el Cecot? La cárcel más grande de América Latina, con capacidad de 40 mil reclusos. El centro de confinamiento del terrorismo, es la herramienta final y la respuesta al desamparo de una población que sufrió una guerra civil, la proliferación de la drogradicción, una elite fracasada sin aspiración a producir una nación, pero sí a asociarse como colonia, sin política social ni un sistema político capaz de generar un proyecto propio.
En El Salvador crearon un Guantánamo a su medida. La experiencia de los estadounidenses probó que se podía en cualquier país con una dócil clase dominante, encerrar a quienes consideraban peligrosos para su orden mundial. Sin juicio ni apelación, desaparecidos a la vista del mundo durante la era neoliberal globalizada post atentados a las torres gemelas de Nueva York.
Sumemos: el cierre de empresas y el consecuente aumento de jóvenes sin trabajo. Más pobreza. El achicamiento sin financiamiento del sistema educativo y una herramienta de ascenso social como la universidad. El crecimiento del mercado de drogas, regulado por la policía, por los mercenarios políticos con poder y el sistema judicial corrupto. El juego ilegal y online que empobrece a los más pichis. No hay acceso a la vivienda siquiera con crédito de por vida. Los nuevos guetos son las villas y asentamientos donde se malvive en condiciones de hacinamiento y desesperación apenas contenida.
¿Qué otra respuesta les queda, sino un nuevo campo de concentración, sin justicia ni derechos? Cárcel y bala, en palabras del calvo bajado de la lista. Desnudos y despojados de libros ni posibilidades de aprender oficios. Sin acceso a educacion. Librados al canibalismo de la supervivencia interna en espacios cerrados. Que mueran rápido y en silencio.
Ya iniciaron la cruzada bajando la edad de imputabilidad a 14 y amenazan con llevarla a 12.
Bukele recicló la vieja práctica que se inició con las reservas de pieles rojas estadounidenses, que inspiraron Auschwitz o la Esma.
Es lo único que puede ofrecer el camino de Milei y su equipo de estafa de corto plazo y rediseño social de largo aliento: castigo, control, gas ácido y cárcel.
Los jubilados, los cazados al azar luego de cada marcha. Censura y agresiones a los periodistas. Desocupación masiva y arregláte. Los gobernadores que no se doblegan, desfinanciados hasta la parálisis.
Dos mujeres (Milagro y Cristina) capaces de liderar y organizar soluciones de masas, presas, pa’ que (todxs) aprendan…
Seguir discutiendo su agenda es perder tiempo. Ya sabemos adonde va eso. Cada minuto de ahora en más debe orientarse a cómo vamos a resolver con organización, con política e ideas las ruinas que nos dejará esta clase dominante.
Sin un partido fuerte no puede haber un Estado sólido.
Las internas son para discutir ideas y quienes las llevarán a cabo, no para posicionar caras, carguitos y cajas en un esquema de derrota. ¿Hacen falta? Quizás sí, para despejar el campo de postulantes y dar la disputa central contra la derecha salvaje.
Castigo social y aislamiento a todos los mercenarios y veletas que apoyaron acciones antinacionales y antipopulares. Estatizar herramientas económicas claves (energía, finanzas, comercio externo, rubros esenciales, puertos). Empresas nacionales que controlen autosuficiencia alimentaria… construcción de millones de viviendas y dar capacidad de consumo a las mayorías. Una política de alianzas con pueblos que conviven con males similares, y acuerdos con vecinos para ingresar en bloque a la multipolaridad respetuosa de los proyectos soberanos.
Hasta allí llegaron los programas de los trabajadores de Huerta Grande y la Falda. Allí llegamos con la agenda de las dos CTA y con eso en la mano, avanzamos en planes de acción con los sindicatos de la CGT que comprenden la gravedad de la crisis y el coloniaje a que nos quieren someter.
Ahora, a construir las estrategias para que el pueblo trabajador recupere el poder.

