Hay palabras que nombran épocas. Pero también revelan la pobreza del arsenal de conceptos disponibles, o de imaginación en inventar sonidos que reflejen, por ejemplo el sufrimiento que provoca el castigo de unxs pocxs sobre otrxs muchxs…
El movimiento de género y diversidades creó, improvisó, modificó las formas de nombrar padecimientos históricos. Identificó y puso nombre a los maltratos. Es parte de su vigencia y también de su beligerancia activa.
El mundo de la tecnología es el más dinámico, y la velocidad de imponer sonidos en su diccionario responde a la agilidad de sus cambios. Los que se dedican a especular con criptos y de buscar modos de vivir del esfuerzo ajeno, por ejemplo los operadores de bolsa y otros parásitos, son muy rápidos en producir el lenguaje de sus trampas.
Lo que realmente fastidia es escuchar a los responsables de gestionar lo público (o a sus aspirantes, candidatos/candidatas) pronunciar incapacidades en comprender el entramado, el ajedrez o el go de la realidad.
Imaginar soluciones es cada vez más enrevesado, pero es su obligación no depender de fuerzas naturales o de las voluntades guiadas por intereses de pocos (en general, gente que quiere hacer negocios a costa de lo público, bah!), sino de buscar respuestas en función del bien común. O al menos que sea conveniente a las mayorías y que los poderosos no sean la prioridad.
Como sobran los ejemplos (son las diferencias entre lo que hace un gobierno de derechas y uno nacional y popular) no abundaré. Los liberales reparten sus deudas y pérdidas, apropiándose de lo común de modo personal. Cuando un funcionario se queda con un vuelto, actúa como un empresario con sus trabajadores: se apropia del beneficio que otro produce.
Esta mirada de clase nos guía para juzgar de modo impiadoso a cualquier alimaña aprovechada que viva del esfuerzo ajeno. Y no me digan que un coso desde una laptop jugando con dólares virtuales hace algo productivo. O que depositar billetes para que otros pongan las manos a la obra y creen riqueza, servicios o cosas útiles, es “poner la plata a trabajar”. Es abuso liso y llano.
Pues bien, mirada benévola con quien desde el llano de la infantería pueda no ver mas allá de su baldosa, aunque sería meritorio que haga el esfuerzo de comprender la canaleta que se lleva su vida.
Lo que es intolerable es escuchar de boca de quienes deben resolver que algo es «complejo» o «difícil». Su deber es simplificar, operar y solucionar. Y si no sabe o no puede, a un lado y dejar que alguien más inteligente o creativo lo haga.
Es cierto que debe observarse con cuidado cada paso, en un campo minado de intereses y poderes que se neutralizan: no podés jugar a la quiniela sin contar con la caja chica de la cana. No podés entrar en una licitación estatal sin adornar a algún bolsillo con poder. O zafar de una condena sin sobornos. Algo que siempre funcionó pero ahora se llama batalla cultural para blanquearlo y hacerlo descaradamente.
Discépolo y su Cambalache escandalizaba a quienes hacían de la decencia un estilo de vida. Hoy el norte de la brújula es fama y guita.
Quienes pensaban otra cosa sufrieron tortura o pelaron sus huesos en el Río de la Plata. Perdieron casa e hijos repartidos entre los nazis que desataron las familias del poder.
En menor escala, podés hallarlos en asambleas, sindicatos, comedores, iglesias o clubes barriales. Personas que se juntan para que la vida sea más soportable, de dar un cachito de sí, sin otro beneficio que el sentirse útiles.
Los otros hacen propaganda y estilo de cualquier osadía o escándalo para que todos seamos parte de sus delitos, aunque sea desde el silencio o el deseo de ser como ellos: depredadores impunes.
Por algún motivo que vino de los silencios de mi padre, de las noches sin dormir de mi madre, del tupper solidario de un vecino, de un llamado solucionando una imposibilidad burocrática, del consejo de un laburante más viejo, del apoyo sin usura de un/a compañero/a, del voto anónimo de otro/a laburante/a… de esa mirada que te devuelven cuando ponés el cuerpo y la voz para nombrar la bronca de un montoncito ordenado de dolores, y enfrentas a quien los provoca… por alguna de esas razones uno forma parte del batallón de los que quieren resolver.
La tarea siempre es ponerle sentido y sentimiento a lo que le pasa a nuestro pueblo. Escuchar, interpretar y comprender. Luego sintetizar y descubrir esa combinación, que a veces tipos como Milo J, una poetisa, un/a artista modela en modo manantial, intuitivo, dando a luz.
