Cada 12 de junio se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una jornada destinada a promover la toma de conciencia sobre esta problemática y a destacar la estrecha relación que existe entre la justicia social y la erradicación del trabajo infantil.

En un mundo atravesado por conflictos, violencia y crisis climáticas, las condiciones que generan hambrunas y migraciones forzadas también favorecen el resurgimiento de la explotación y el trabajo infantil. Por ello, resulta fundamental trabajar por un mundo más pacífico y sustentable, mejorando los contextos sociales y económicos que afectan a millones de familias.

Actualmente, cerca de 138 millones de niños continúan en situación de trabajo infantil, de los cuales 54 millones realizan tareas peligrosas.

Esta realidad es inaceptable y exige acelerar las acciones para revertirla. En ese sentido, el Marco de Acción Global de Marrakech contra el Trabajo Infantil ofrece una hoja de ruta basada en el trabajo decente para padres y madres, el acceso universal a una educación de calidad, la protección social y el fortalecimiento de las leyes e instituciones.

Por primera vez, este marco incorpora indicadores claros de progreso y un mecanismo integrado de rendición de cuentas que permitirá monitorear su implementación y mantener la erradicación del trabajo infantil como una prioridad de la agenda mundial más allá de 2030.

El lema de este año, “Tarjeta roja al trabajo infantil: juego limpio para niños, trabajo decente para adultos”, recuerda que todos los niños y niñas tienen derecho a aprender, jugar y crecer en un entorno seguro y protegido.

Entre las medidas necesarias para combatir este grave flagelo se encuentran la creación y aplicación de marcos jurídicos sólidos basados en las Normas Internacionales del Trabajo, el fortalecimiento del diálogo social, el acceso universal a una educación de calidad y a sistemas de protección social, así como políticas orientadas a reducir la pobreza, la desigualdad y la inseguridad económica, promoviendo a la vez el trabajo decente para los adultos.

El trabajo infantil es, posiblemente, la manifestación más visible de estos problemas. Surge como consecuencia de la pobreza y la exclusión social, pero al mismo tiempo las profundiza y perpetúa. Además, priva a los niños de educación y oportunidades, disminuyendo sus posibilidades de acceder en el futuro a ingresos dignos y empleos estables.

Tomar conciencia y actuar sobre las causas que originan el trabajo infantil es una responsabilidad colectiva.

Es necesario recordar que todos los niños tienen derechos fundamentales, entre ellos la protección, una alimentación adecuada, la educación y el acceso a la salud. El cumplimiento efectivo de estos derechos será determinante para su futuro.

Actuemos juntos, con urgencia y determinación, para poner fin al trabajo infantil y construir un futuro mejor para todos los niños.

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