Desde “el Borde», de una semana que nos sigue deparando pérdidas irreparables, pero también enseñanzas.
Enseñanzas para siempre, experiencias históricas reconocidas internacionalmente, como es el caso de Taty Almeida, que nos acaba de dejar físicamente.
Y en esta noche de lunes, en realidad por este fin de semana largo, vamos a hablar un poquito de John Coltrane.
John Coltrane nace en Carolina del Norte, en un pueblito llamado Hamlet, en 1926. Proviene de una familia medianamente ubicada dentro de la sociedad de la época: su padre era sastre y músico; su abuelo también era músico. Vale decir que tuvo una infancia tranquila.
Su madre tocaba el piano en la iglesia. Es decir, creció bajo influencias musicales y en una posición relativamente favorable para la Carolina del Norte de entonces, nada menos que uno de los corazones de la segregación racial.
Con el tiempo, su madre decide mudarse a Filadelfia, donde existían más oportunidades. Allí le compra su primer saxofón a John Coltrane.
Coltrane atraviesa los últimos años del bebop, trabaja en la orquesta de Dizzy Gillespie, nada más y nada menos, y a partir de allí comienza a crecer.
Miles Davis lo escucha, queda asombrado por su talento y lo convoca. Integran un grupo fabuloso y participan en obras fundamentales como Kind of Blue, entre otras.
Pero aparece el problema de la heroína, como tantas veces ocurrió en aquella generación.
Miles, que ya se había recuperado de su propia adicción, le tiene paciencia durante un tiempo, pero finalmente decide echarlo. Tiempo después vuelve a integrar la banda de Miles Davis porque Miles lo llama nuevamente al advertir el extraordinario desarrollo artístico que había alcanzado Coltrane.
Sin embargo, poco después abandona definitivamente la agrupación de Miles para dedicarse a su carrera solista. A partir de entonces trabajará únicamente con formaciones propias.
Vamos a escuchar a John Coltrane junto a una banda fabulosa integrada por McCoy Tyner en piano, Jimmy Garrison en contrabajo y Elvin Jones en batería.
El tema es Naima, una composición que, tras superar su crisis, dedicó a su esposa.
Ambos estaban profundamente dedicados a la investigación espiritual y mística. Naima era el nombre místico de Juanita, su esposa. En ese momento llevaban juntos diez años y permanecerían unidos hasta un año antes de la muerte de Coltrane.
Gracias a la profundidad filosófica expresada a través de su música, Coltrane ocupa un lugar único en la historia del arte.
Nos deja en Nueva York en 1967, víctima de un cáncer de hígado, como tantos otros músicos de jazz de aquella época.
Y desde ya les deseo una muy buena semana, que además empieza bien porque comienza en martes. Así que a vivirla intensamente, contentos y haciendo arte.
