Setenta días después, la exfuncionaria de Morón fue detenida a pocos kilómetros del municipio donde alguna vez ejerció un cargo público. La captura cierra una búsqueda. Las preguntas, en cambio, recién empiezan.
Durante semanas, Morón asistió a un espectáculo tan desconcertante como inquietante. Dizque patético, para los más entendidos. Una exfuncionaria municipal, acusada en una causa por narcotráfico, permanecía prófuga mientras las explicaciones oficiales parecían desvanecerse con la misma rapidez que su paradero.
Este jueves, la historia dio un giro. Luna Suyai Ortigoza fue detenida en Libertad, partido de Merlo, tras alrededor de setenta días de búsqueda. No estaba en otro país. No había desaparecido en la inmensidad del territorio argentino. Estaba a pocos kilómetros de Morón, dentro del mismo entramado urbano que miles de vecinos recorren todos los días.
La noticia merece ser contada. Pero también merece ser recordada. Incluso sería digna de una pintura de Salvador Dalí. Pero como el genio del arte ya no está entre nosotros… intentaremos narrar los acontecimientos.
Porque Semanario Huellas no empezó a escribir sobre este caso con la detención. Lo hizo cuando el escándalo apenas comenzaba, preguntando cómo una funcionaria podía quedar vinculada a una investigación de semejante gravedad sin que nadie ofreciera respuestas convincentes. Más tarde volvimos sobre el tema, cuando ya había transcurrido un mes sin rastros de la exfuncionaria y las explicaciones oficiales seguían siendo tan esquivas como ella.
Hoy, con la detención consumada, aquellas preguntas no perdieron vigencia. De hecho, ganaron peso.
¿Cómo pudo una persona con pedido de captura permanecer prófuga durante más de dos meses para ser finalmente encontrada a escasos kilómetros del lugar donde todos la buscaban?
¿Qué ocurrió durante esos setenta días?
¿Fallaron los mecanismos de búsqueda?
¿Se subestimó la complejidad del caso?
¿Alguien evaluará, además de las responsabilidades penales que deberá determinar la Justicia, las responsabilidades institucionales y políticas que este episodio dejó expuestas?
No son preguntas caprichosas. Son las mismas que cualquier vecino podría formular mientras observa un mapa del oeste del conurbano y descubre que la distancia entre Morón y Libertad puede recorrerse en menos tiempo del que dura una película.
También conviene recordar otro dato. Cuando el caso estalló, la prioridad política pareció ser administrar el impacto público del escándalo. Se habló de desvinculaciones, de procedimientos internos y de la necesidad de esperar el avance judicial. Sin embargo, mientras el debate público se diluía, la principal protagonista de la causa seguía sin aparecer.
Y así, las cosas languidecieron… hasta hoy.
La detención constituye un paso importante para la investigación judicial. Nadie sensato podría sostener lo contrario. Pero sería un error creer que con ella concluye la historia.
En realidad, apenas cambia la naturaleza de las preguntas. Porque ahora ya no se trata solamente de saber dónde estaba Luna Ortigoza.
Ahora también corresponde preguntarse cómo fue posible que permaneciera oculta durante tanto tiempo tan cerca de Morón, qué enseñanzas deja semejante demora y si alguna autoridad ofrecerá una explicación que vaya más allá de los comunicados de ocasión o de los cálculos milimétricos para intentar apagar unas llamaradas, cuyas siluetas ya se avizoran al momento de redactar estas líneas desde los altos de Ituzaingó, y quizás un poco más allá también.
Por un lado, las causas judiciales investigan delitos. Pero por el otro, una sociedad ya suficientemente harta de los “excesos” de funcionarios de todo pelaje y área geográfica, en cambio, tiene derecho a investigar silencios, demoras y responsabilidades políticas.
Y esas respuestas son las que, curiosamente o no tanto, siguen tan ausentes como el primer día.


Funcional a la derecha o al sabbatellismo, que son la misma runfla. El municipio no tiene la menor responsabilidad en todo esto. Es todo una operación para desestabilizar al mejor intendente de los últimos 50 años. Y ustedes hacen la cumparsa.