La política de Morón atraviesa un momento de evidente movimiento. Hay malestar vecinal, cuestionamientos a la gestión, discusiones dentro del oficialismo y una oposición que encontró en la seguridad un terreno particularmente fértil para marcar diferencias con el gobierno de Lucas Ghi. Todo eso merece ser observado con atención. Pero también conviene evitar que el análisis termine convertido en pronóstico, y mucho menos en una sentencia.

Una cosa es que una administración atraviese un período de desgaste y otra bastante distinta es que su continuidad esté realmente amenazada.

Que la gestión de Ghi viene atravesando dificultades no parece discutible, o como diría el cantautor canadiense, Leonard Cohen, “Todo el mundo lo sabe”. En no pocas áreas, el desempeño municipal ofrece resultados que van de regulares a malos, mientras algunas demandas ciudadanas permanecen sin respuestas satisfactorias. La inseguridad, además, tiene una capacidad particular para transformar rápidamente el malestar cotidiano en una discusión política de mayor alcance. Cuando un hecho grave ocurre en un lugar tan sensible como una escuela y en horario de ingreso, el impacto trasciende inevitablemente el episodio policial.

La movilización posterior de vecinos en El Palomar expresa precisamente eso: preocupación y hartazgo. No sería serio minimizarlo ni reducirlo a una operación partidaria. Del mismo modo, la decisión del Concejo Deliberante de convocar al Ejecutivo para brindar explicaciones constituye una señal política que el gobierno municipal deberá atender, sí o sí.

Pero ninguna de esas circunstancias, por sí sola o incluso combinadas, permite concluir que el intendente esté transitando los últimos capítulos de su administración, como se han dado a señalar varios medios zonales.

También existe una cuestión institucional que suele perderse cuando la discusión política se acelera. Un intendente puede estar debilitado, cuestionado, perder respaldo legislativo y atravesar una crisis de gestión sin que eso implique automáticamente una posibilidad cierta de interrupción de su mandato. Para que ese escenario aparezca, deberían confluir circunstancias políticas e institucionales mucho más excepcionales.

Y, por ahora, no parece que eso esté ocurriendo…

La interna del peronismo-kirchnerismo local agrega complejidad al escenario, pero tampoco debería confundirse una disputa por el liderazgo futuro con una estrategia destinada a terminar anticipadamente con el gobierno actual. La separación entre Ghi y el sector que durante años tuvo una fuerte influencia sobre la política municipal, liderado por Martín Sabbatella, modifica el mapa de poder, abre nuevas disputas y obliga a todos los actores a recalcular posiciones. Es razonable esperar que esas tensiones continúen. O incluso se acrecienten. Por otra parte, siempre vale la pena recordar que cada sector tiene la mirada puesta en 2027.

En ese contexto, una gestión con menor capacidad de iniciativa y mayores dificultades para ordenar su propia estructura se convierte en un objetivo atractivo para quienes pretenden sucederla. Pero eso pertenece, fundamentalmente, al terreno de la competencia política. No necesariamente al de una crisis institucional.

Hay además un elemento que parece importante para interpretar el momento: la ausencia, al menos por ahora, de una voluntad destituyente claramente articulada. ¿Pueden existir dirigentes interesados en debilitar a Ghi, opositores que encuentren oportunidades en cada error del Ejecutivo y sectores internos que pretendan aprovechar el desgaste? Sí, y de seguro los hay. La política funciona así. Pero entre aprovechar el desgaste de un gobierno y procurar su caída existe una diferencia considerable.

Morón tiene un gobierno que debe dar explicaciones, corregir problemas y mejorar resultados. Probablemente ellos mismos lo tengan más que en claro a todo esto. Tiene una administración que llega a esta etapa con menos margen político que algunos años atrás y con una oposición dispuesta a hacer valer cada una de sus debilidades. Tiene, además, un oficialismo atravesado por una disputa cuyo desenlace seguramente tendrá consecuencias sobre la próxima elección municipal.

Todo eso configura un escenario incómodo para Ghi. Pero incómodo no significa terminal.

Desde este medio, además, no tenemos ninguna razón para suavizar las críticas a la administración municipal. Semanario Huellas ha sido perjudicado directamente por una decisión política del gobierno local, que resolvió retirar de manera permanente la pauta publicitaria oficial a este medio. No existe, por lo tanto, ninguna relación de complacencia que explique una mirada más moderada sobre la coyuntura.

Precisamente por eso creemos que el análisis debe conservar cierta distancia incluso cuando las circunstancias podrían llevarnos a conclusiones más convenientes o más estridentes. Criticar una gestión no obliga a pronosticar su derrumbe. Y señalar sus errores tampoco significa asumir como propia la agenda de ninguno de los sectores que disputan poder dentro o fuera del oficialismo.

Ghi deberá atravesar los próximos meses con una gestión cuestionada, un escenario político más fragmentado y una sucesión que ya comienza a ocupar espacio en las conversaciones partidarias, y que gana potencia puertas afuera, acaso, para hartazgo de los propios vecinos. No es poco lo que se avecina y lo que está en juego. Pero tampoco es, por ahora, el anuncio de un desenlace.

Cierto es que todo este escenario resulta un valioso regalo para el conjunto del bloque opositor, que día a día ve esmerilar un poquito más al Ejecutivo distrital sin mayor esfuerzo político de parte de ellos.

En Morón hay desgaste, hay conflictos y hay incertidumbre. Hay también una pelea política que seguramente se profundizará a medida que se acerque 2027. Lo que todavía no aparece con la misma claridad es una razón concreta para afirmar que el gobierno municipal esté próximo a caerse.

Y entre una administración debilitada y un gobierno en retirada hay una diferencia que, en esta política argenta del todo vuelve y todo se recicla, puede terminar siendo bastante más grande de lo que parece. Recordemos aquella vieja frase del saber popular: Lo que no te mata, te fortalece.

Un comentario en «Morón: entre el desgaste y la incertidumbre»
  1. Por ultraderecha, es hipócrita criticar lo que se produce: quienes evaden, estafan y roban los necesarios recursos coparticipables generan pobreza y marginalidad. Por derecha, dividir un gobierno y un liderazgo por un golpe de palacio frustrado, es sangrar por la incapacidad de gestionar debates de modo organico. El NE era un partido aparentemente democrático que terninó reproduciendo desacuerdos de cúpulas. Sin asambleas o congresos que diriman posiciones, queda la hueste del «señor» que puede garantizar contratos. Ghi hará lo posible para que no se hunda un barco torpedeado por un motin. Y hay que acompañarlo. Es nuestro gobierno. Peor es la opción…

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