En las últimas notas analizamos las propuestas de mejorar nuestra relación con los residuos desde el consumo responsable, el compostaje, el reciclaje, el rechazo y la responsabilidad de las empresas junto a las instituciones del estado. Seguramente muchos de aquellos que lean esta nota se encuentran realizando unas o varias actividades que
contribuyen a los objetivos planteados, pero aún nos falta mucho. Se trata de organizarnos más, de enriquecer las acciones, de poseer metas y fines comunes y sobre manera de monitorear y evaluar las acciones que dejamos en manos de otros actores participes del proceso como el estado y el mercado.

Una de las primeras acciones que podemos incrementar, enriquecer y hacer más participativa es la generación de
instancias educativas en las cuales podamos generar información desde la investigación, por ejemplo a partir de monitoreos comunitarios desde los cuales podamos conocer: qué clase de residuos se producen en nuestra comunidad, quienes lo producen, en qué lugares, como se recogen, se trasladan, cual es el destino final, que actores participan de estos procesos.

Conocer también cuales son los costos económicos, sociales y ambientales del proceso que se utiliza para “eliminar las residuos”. Debemos conocer que es lo que sucede, analizando bien los problemas, sus causas consecuencias, para poder actuar en consecuencia atendiendo a todas las dimensiones implícitas en el proceso relacionado con la gestión de los residuos.

Teniendo en cuenta que educar es conocer críticamente la realidad, se busca que educadores y educandos nos conozcamos, en nuestras necesidades, aspiraciones, motivaciones pero que además reconozcamos el ambiente circundante y contexto social, económico, político en el cual nos movemos, realizamos las actividades y del cual recibimos influencia.

El proceso de aprendizaje es progresivo y se parte de los saberes previos y propios de cada participante, que son de
diferente índole y han siso recreados de diferente manera y en distintos ámbitos (Hogares, escuelas, iglesias, instituciones comunitarias). Se trata de generar un ámbito para el dialogo, la interrelación, la comprensión conjunta y no la memorización de datos.

Los contenidos emergen en la medida que, a partir de la aplicación de estrategias adecuadas, los participantes del proceso, logran analizar la realidad de manera sistémica, holística y dialéctica. La educación popular tiene, entre otros, el objetivo de facilitar la emergencia de una conciencia crítica entre los actores participantes tal que permita la
recreación de análisis integrales acerca de la manera en que nos organizamos, vinculamos y nos comunicamos en la sociedad con el objetivo de reconocer, y desde allí propiciar, modificaciones respecto a las condiciones que posibilitan la existencia de desigualdades en la sociedad vinculadas en el caso de análisis en la producción de residuos y a las consecuencias que ocasiona su manejo inapropiado.

Una segunda instancia se hace necesario intervenir en los ámbitos de instancias políticas relacionadas con la gestión de los residuos. Desde nuestro propio consumo individual, al interior de las familias, hasta los modos de recolección y destino final que se escoge en cada territorio asumimos y llevamos adelante estrategias y prácticas que se basan decisores de tipo político que hace al cuidado de la salud socioambiental de nuestra comunidad.

En este sentido educar a los tomadores de decisión acerca de las problemáticas vinculadas a la gestión de los residuos resulta fundamental así como discutir, plantear y llevar adelante alternativas sustentables. Educar, involucrarse en la gestión, en el monitoreo y control de las acciones planteadas posibilitara verdaderamente la tan nombrada “gestión integral”.

En un sentido más amplio la gestión local de los residuos se vincula a procesos de globales en los cuales participa
nuestro país como los convenios o acuerdos internacionales ejemplo el tratado de plásticos, el convenio de Estocolmo donde se discute y propone la eliminación de la incineración o el de Basilea donde se trabaja sobre el transporte de residuos entre países.

Sin un involucramiento ciudadano, en todas las fases y dimensiones del proceso, no lograremos cambiar la situación dada la inercia con la cual se toman las decisiones políticas en la actualidad donde el facilismo que implica el recoger, transportar y enterrar los residuos trascienden a su impacto económico y socioambiental.

Gestionar implica atender a todas las fases del proceso promoviendo desde al compostaje familiar al gestionado de manera comunitaria de modo descentralizado y realizado con los recicladores /as.
También implica separar los residuos en cada casa, escuela, empresa, casa de comidas con procesos de educación previos y sanciones para quienes no cumplan con los acuerdos.

Debemos, también habiendo honor el nombre de manejo integral a vincular objetivos y dimensiones diferentes en las fases del proceso, profundizando y enriqueciendo aquellas prácticas que realizamos en la actualidad.

Como ya mencionamos en varias notas, los residuos biodegradables (llamados orgánicos) pueden compostarse
transbordándolos en humus y minerales que aplicados a los suelos seguramente mejorara las características físicas, químicos y biológicas. En suelos sanos crecerán plantas saludables posibilitando una alimentación integral alcanzando la soberanía alimentaria, derechos donde la producción es tan importante como la calidad de los alimentos y su acceso continuo.

También cabe su utilización en la promoción de huertos y jardines comunitarios en los cuales se puede integrar la
autoproducción de semillas, el consumo local y la integración social en el territorio.

En este caso también es importante la vinculación con los recicladores/as dado que, en un contexto económico donde el precio de los materiales recolectados (vidrios, papel, cartón, plásticos) posee un menor precio, el compostaje aparece como una alternativa económica que puede vincularse a la producción de alimentos o a la venta de compost o abonos orgánicos.

Abonos que remplazarán a los fertilizantes químicos que además de promover la extracción de petróleo promueven la emisión de gases de efecto invernadero. Sensibilizaros e informarnos sobre el importante rol funciones que cumplen los recicladores también contribuirá al respeto que merecen así como a que puedan obtener una retribución justa por el trabajo que desempeñan en la gestión de los residuos y desde allí en el cuidado de la salud socioambiental.

Poner el foco en el horizonte de basura cero implica tener objetivos claros de corto, mediano y largo plazo, discutir
en conjunto, organizarnos para llevar a cabo las acciones, tomar decisiones políticas, informarnos, evaluar el proceso con indicadores claros y objetivos y promover cambios de fondo en el manejo de los residuos.

Cambios fuertes, no cosméticos, como el que enuncian las empresas y promueven los municipios donde la imagen y las palabras aparecen como más importantes que los hechos en sí mismos.

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