Visitamos a Mundo Reciclado en el predio de Castelar Sur, donde realizamos una recorrida completa por sus instalaciones  y nos recibió Soledad Gobet para conversar con nuestro medio. También integran la FACCYR (Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores).

Conversar con Soledad Gobet es entrar de lleno en una realidad que suele quedar escondida detrás de las estadísticas sobre pobreza, reciclado o economía popular. En Morón, una cooperativa de trabajadores recicladores sostiene cotidianamente una actividad que genera ingresos, recupera materiales y evita que toneladas de residuos terminen enterrados. Pero sus integrantes también deben afrontar problemas que van desde la pérdida de ingresos hasta los robos, las dificultades de infraestructura y situaciones personales que exceden largamente la actividad laboral.

Gobet integra el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), una organización que comenzó vinculada al trabajo de los cartoneros y fue incorporando posteriormente distintas ramas productivas y espacios de organización de la economía popular.

“Con el estallido social de aquel entonces se empezaron a organizar los cartoneros. Les retenían el material, les confiscaban las camionetas y, por todas esas situaciones, ellos empezaron a organizarse. El MTE nació primero en Capital y después, con los años, ese trabajo se fue extendiendo a todo el país. Hoy ya vemos cooperativas de Jujuy a Tierra del Fuego, literalmente, trabajando en el sector”.

Aquella experiencia fue creciendo e incorporando nuevas ramas.

“El MTE nació en cartón y después fueron confluyendo Vientos de Libertad, aparecieron otras ramas productivas, se trabaja género, construcción, textil, liberados, que es una rama también muy importante para nosotros. Siempre trabajando en el sector de la economía popular y organizando a los últimos de la fila, como dicen nuestros referentes”.

Para Soledad, la fortaleza está precisamente en esa red colectiva.

“Nosotros hoy estamos de pie porque somos un entramado, porque trabajamos de forma comunitaria, porque nos acompañamos y nos bancamos un montón entre todos. Tenemos esa idea de que si se cae una cooperativa en La Matanza o una cooperativa en Olavarría, cualquier cooperativa es un daño para todas las cooperativas. Perdemos capacidad de lucha, capacidad de negociación, perdemos herramientas como conjunto”.

Ese entramado también sostiene a quienes atraviesan las situaciones más difíciles, particularmente en los espacios comunitarios.

“Tratamos de sostener nuestro entramado, tanto entre ramas en un distrito como tratando de sostener el socio comunitario, que es más afectado en este momento. Nuestras compañeras no tienen sueldos, no tienen ingresos. Se cayó el salario, mal llamado V.A.T., que en origen era el salario social complementario”.

Un ingreso que terminó desapareciendo

La cuestión de los ingresos atraviesa toda la conversación. Gobet recuerda que el salario social complementario había representado una herramienta importante, aunque fue perdiendo poder adquisitivo hasta quedar congelado en un monto insuficiente.

“Antes, con Macri, se había ganado la posibilidad de tener la mitad de un salario mínimo vital y móvil y, para las cooperativas y los sectores que estaban organizados, se podía aspirar a tener un doble salario, que era como un mínimo vital y móvil. Eso se acompañaba con lo que se producía y posibilitaba que fuera más digno el ingreso de los compañeros”.

La situación cambió posteriormente.

“Cuando asumió Milei se congeló, se dio de baja el otro medio salario y quedamos con un medio salario congelado de 78.000 pesos, que obviamente ya este último tiempo era muy poquito. Pero para los ingresos del sector no dejaba de estar. Podía servir para comprar un par de garrafas, cargar la SUBE, llevar los niños al colegio, para lo que fuere”. Ahora, directamente, dejó de llegar, y describe la trabajadora de la economía popular: “Ya hace dos veces que no se paga más. Y se siente. El socio comunitario, las ollas, los espacios de infancia y demás, los compañeros, sus ingresos son esos”.

Gobet pone el foco especialmente en quienes sostienen comedores y espacios comunitarios.

“Nadie les paga un sueldo por revolver la olla y darle de comer a los vecinos, que es una tarea súper importante en este momento. Es la manera de sostener el entramado social. Entonces, para nosotros la organización es primordial”.

La organización, explica, también implica una discusión permanente sobre cómo continuar y qué aspectos mejorar.

“Tenemos que darnos las discusiones de cómo seguir adelante organizándonos, cómo podemos mejorar la organización, en qué estamos fallando. Es constante y necesaria. Tratamos de sostener eso”.

Reciclar también es trabajar

En medio de ese escenario, la cooperativa logró establecer un convenio con el Municipio de Morón por el servicio de reciclado. Para Soledad, se trata de un reconocimiento que costó años conseguir.

“Nosotros pudimos, hace ya un año, lograr convenir con la Municipalidad por el servicio. Es una de nuestras grandes luchas: poder entablar esa discusión con el Estado y ser oídos, que somos actores primordiales”.

El argumento parte de una cuestión concreta: el reciclado genera trabajo y, al mismo tiempo, un servicio ambiental.

“El reciclado, en particular, porque hacemos un servicio social y ambiental. No solo se genera trabajo digno, sino que además se evitan un montón de toneladas. En nuestro caso, una cooperativa chiquita, somos 18 personas, 15 personas activas en este momento, estamos cerca de las 30 toneladas, o sea, 30.000 kilos por mes recuperados y reinsertados a la industria”.

Y esa cifra cambia de dimensión cuando se observa el conjunto de las cooperativas.

“Si vos sumás todas las cooperativas, es muy significativo. Es material que no es basura. Resuelve una problemática muy complicada en zonas urbanas. Estaríamos nadando, literalmente, en mugre si la cantidad de años que hace que el sector recupera y la cantidad de toneladas que recupera no lo hiciera”.

El vínculo con el Estado, sin embargo, atraviesa diferentes momentos.

“Como siempre con el Estado, hay momentos mejores, momentos peores, momentos de tensión y momentos donde por ahí es un poco más fácil el diálogo. Depende del momento, del clima político general, de las fechas, de las elecciones. Esas cuestiones van variando. Cuesta mucho que haya líneas de continuidad también en los planes de gobierno. Eso lo vemos a todas las escalas”.

En Morón, pese a esas dificultades, existe actualmente una experiencia de cogestión.

“Estamos acá en un espacio que es municipal, tenemos una cogestión, hay convenio de trabajo y hay diálogo. Ahí se puede tener, a veces mejor, a veces más distante, una mesa de trabajo. Se pueden lograr consensos”.

Eso no significa que estén resueltas todas las necesidades. Hay problemas técnicos que deben solucionarse sobre la marcha.

“Ahora están revisando la instalación eléctrica, porque hay problemas con la electricidad. Hay que poder armar la cinta de clasificación y para eso necesitás una instalación eléctrica con mayor amperaje para que soporte la maquinaria. Son cosas que se van solucionando sobre la marcha”.

Robos, pérdidas y herramientas que salen del bolsillo

A las dificultades económicas se sumó una sucesión de robos que afectó directamente el funcionamiento de la cooperativa.

“Nos mataron. Cuatro veces entraron en el mes de julio” se lamenta Sole. Los daños no se limitaron al material recuperado. También hubo destrucción de infraestructura y herramientas, incluso elementos vinculados con vehículos municipales.

“Si rompen un camión municipal también nos afecta nuestro trabajo. Más allá de que no lo usamos nosotros, es parte de las herramientas que hacen el trabajo. Han hecho desastres con el camión, le han sacado partes electrónicas, plaquetas, cosas que valen millonadas y que eso es por hacer daño”.

También desaparecieron herramientas, una computadora y un motor de la cinta.

“Nos han roto, nos han sacado la bacha del baño. Han hecho cosas que no tienen que ver con ganar algo. Se robaron un motor de la cinta. Nosotros perdimos muchísimas herramientas, varias veces. El año pasado también sufrimos un par de robos”.

El problema es que cada reposición termina impactando sobre los ingresos de los trabajadores.

“Es re complejo porque todo sale del bolsillo de los compañeros. Nuestra lógica de trabajo es cooperativa. Para nosotros el cooperativismo no es un fin en sí mismo, es un medio para organizarnos y poder trabajar de una manera lo más horizontal posible. Buscamos el desarrollo de los compañeros”.

La distribución de los ingresos intenta ser equitativa y, por eso mismo, una pérdida termina afectando al conjunto.

“Eso implica que nuestros ingresos se distribuyen de manera lo más equitativa posible entre compañeros. Y la realidad es que los ingresos son pocos. Entonces, que a vos te falten herramientas significa que tenés que sacar de esos ingresos para comprar herramientas”.

Gobet reivindica una organización horizontal, donde las responsabilidades pueden ser diferentes pero las decisiones se discuten colectivamente.

“No sucede que haya una persona que sea el jefe y el resto de los compañeros acaten. Acá suceden las asambleas, las discusiones entre compañeros, involucrarse en los debates, si hay acuerdo o no hay acuerdo con ciertas determinaciones. Eso se trata de que suceda de esa manera siempre”. Y esa misma lógica se aplica a las pérdidas. “Las pérdidas también se socializan porque es así. Lo que nos falta y hay que comprar es plata que no va para los compañeros”.

Cada problema termina haciendo una montaña

Los robos obligaron a reforzar puertas, colocar cadenas, candados, rejas y cámaras. Incluso una persiana rota terminó convirtiéndose en uno de los principales puntos de ingreso.

“Había una persiana que está rota desde el año pasado. La rotura fue un problema de la cooperativa, se enganchó la cadena en el camión y se cayó todo. Pero esa persiana, por falta de fondos, porque no sale dos pesos arreglarla, quedó así y sigue así. Le poníamos bolsón, le poníamos cosas y siempre encontraban la manera de entrar”.

La cooperativa tuvo que destinar jornadas de trabajo a protegerse.

“Fue todo un trabajo de muchas jornadas de varios compañeros: poner candados, cadenas en puertas, rejas, tapiar ventanas, arreglar las puertas rotas, buscarle la vuelta de rosca para tratar de evitar lo más posible todas las situaciones”.

Pero la sensación, dice nuestra joven entrevistada, es que llega un punto en que ninguna medida alcanza.

“Está la sensación de no saber, a veces, qué más hacer. Nosotros tenemos un armario metálico al que le ponemos cadena, candado, pero llega un punto en que nada alcanza y cualquier cosa que te roban es un problema”. Y tras cartón, explica las consecuencias concretas: “Te roban la batería del Clark y después tenés que salir corriendo a comprarla. Tenés que tener con qué comprarla porque, si no, te quedás parado, no podés trabajar, no podés sacar una venta porque no podés cargar un semi sin el Clark. Entonces, de algún lado, tenés que conseguir el dinero y comprar la batería”.

Lo mismo sucede con otras herramientas.

“No tenés herramientas y se te rompe la enfardadora, ¿y cómo la arreglás? Y así con un montón de situaciones. Nos robaron una notebook. Entonces son complicaciones que…”.

A eso se suma un contexto económico que, según Gobet, también condiciona la capacidad de respuesta de los municipios.

“Si desde Nación para abajo no hay plata, es real. Nosotros lo vemos en la dinámica cotidiana. No hay plata para el espacio, se complica un montón realmente la situación para los municipios, está compleja y eso se ve y se entiende”. Pero introduce una precisión sobre quién termina soportando las consecuencias. “A veces los más humildes son los que se ligan todos los cachetazos”. Ante la observación de que eso ocurre más que algunas veces, su respuesta es inmediata: “Siempre. Sucede siempre, porque es el eslabón más débil”.

“Que se entienda que la gente trabaja”

La precariedad económica termina impactando incluso sobre cuestiones elementales como la alimentación. La cooperativa logró recientemente volver a contar con un almuerzo diario, pero hubo períodos en los que los trabajadores debieron afrontar la jornada sin una comida adecuada.

“Ahora pudimos pactar volver a tener todos los días nuestro almuerzo, que puedan ir a buscarlo a Vientos de Libertad. Pero estuvimos mucho tiempo también sin poder tener el almuerzo. Nosotros desayunamos, nos mandan del socio para desayunar, pero hay compañeros que a veces vienen sin haber cenado. A veces hace un frío terrible o después con el calor te descomponés. Están sin haber cenado y después, hasta que llega la mañana, después de trabajar, no tener un plato de comida es un tema”.

El espacio tampoco cuenta con una cocina propia, aunque parezca mentira a esta altura del desarrollo en ámbitos laborales urbanos. Un déficit inaudito con el que deben convivir a diario.

“Acá no tenemos condiciones para cocinar. No hay una cocina, no hay un espacio para armar una cocina. Tampoco es un espacio pensado para eso. Entonces hay un montón de cositas que a veces no se piensan. Cada problema, por chiquito que sea, cuesta solucionarlo e impacta un montón”.

A las necesidades materiales se suman situaciones personales que también forman parte de la vida cotidiana de la organización.

“También es parte de la dinámica diaria atender situaciones personales, situaciones de violencia, problemas de salud, de consumos, de toda índole. Como contener, poder buscar alguna posibilidad de respuesta, que a veces no hay”.

La estructura colectiva permite acompañar en algunos casos.

“Nos sentimos súper agradecidos cuando podemos brindar, conseguir un turno médico. Nosotros por suerte tenemos estructura de compañeros que acompañan y que nos ayudan con las necesidades médicas, los turnos, conseguir medicamentos. Pero bueno, no siempre se puede solucionar todo”.

En cuanto al espacio físico, Gobet asegura que actualmente la cooperativa mantiene el convenio y que el desafío pasa fundamentalmente por organizar un lugar limitado para una actividad que necesita cada vez más capacidad de acopio.

“En principio tenemos convenios de trabajo ya desde hace algunos años, donde está establecida la cogestión, y en eso hay una discusión. Al menos al momento estamos bien. Más allá de que pueda haber algunos malos entendidos a veces, estamos bien”.

El problema aparece cuando se acumula el material.

“Cada material ocupa espacio. Vos tenés un stock mínimo para hacer un fardo. Entonces empezás a juntar y tenés pilas de bolsones por todos lados. Ya lo vi, lo experimenté: hay que pasar haciéndose finitos porque no hay lugar”.

La falta de espacio puede terminar comprometiendo incluso el funcionamiento de las herramientas.

“Vamos a entrar en algún momento en un proceso medio difícil de acomodar porque la cinta en algún momento hay que armarla, se deteriora, nos han robado un motor ya. Entonces la cinta hay que armarla. Es una pérdida patrimonial enorme perder el funcionamiento de ese espacio”, advierte. Pero cuando se le pregunta qué necesitan con mayor urgencia, Sole no comienza enumerando máquinas ni reparaciones. Su primera respuesta es otra: “En principio, este tipo de iniciativas de tener una entrevista, de publicar algo, para nosotros es muy importante. Tener visibilidad del trabajo que realizan”.

La razón está vinculada con una discusión que excede a la propia cooperativa: la estigmatización de los trabajadores de la economía popular.

“Hay una estigmatización de la economía popular que es promovida por la derecha o por los odiadores sociales, que ponen el mote de planeros, de vagos, cuando se cobraba el salario social: ‘No debe ser, vayan a trabajar’. Yo creo que, si lo pensás un poco, ¿quién puede realmente vivir sin hacer nada de nada más que los ricos? Ellos sí pueden. Por ahí tienen la heredad o no la tienen trabajando”.

Y entonces aparece una definición que sintetiza buena parte de su planteo:

“Los pobres, si no hacemos algo, no comemos”.

Gobet cuestiona también la idea de que asistir a un comedor implique tener la vida resuelta.

“No es que porque vayas a un comedor ya tenés la vida solucionada. No vivís de arriba”.

Frente a esa mirada, reivindica el derecho a trabajar y a construir una vida digna.

“Todos queremos comer en nuestra casa, con nuestra familia, sentarnos a la mesa, poder elegir qué comer, a la hora que querés comer, calentitos, compartiendo con tus seres queridos. En principio está bueno eso, que se entienda que la gente trabaja. Todos trabajamos. Todos los trabajos son dignos. Revolver la basura es digno”.

Y esa reivindicación se vincula directamente con el reclamo por el reconocimiento estatal del reciclado.

“La tarea del reciclado es una tarea súper importante. Corresponde que el Estado nos reconozca. No nos están haciendo un favor. El Estado, en todas sus escalas, es responsable de la gestión de los residuos. Entonces, ¿por qué no correspondería que se le pague a las manos que reciclan? A las manos que evitan que la basura vaya a entierro”.

Por otra parte, Soledad considera que la cooperativa es además un espacio de pertenencia y contención.

“Hay compañeros que no quieren dejar de venir a trabajar porque es donde se sienten bien. Construyen comunidad. Tenemos nuestras discusiones en nuestro espacio para discutir género con las compañeras, poder tratar las situaciones. Y todo eso es un modelo de sociedad. Es un modelo de cómo tendría que ser nuestra vida”.

Por eso, reducir la actividad a la cantidad de material recuperado significaría desconocer una parte esencial de lo que allí sucede.

“No es solamente ir y producir determinada cantidad. Esto también hace a que estemos mejor hacia afuera de la cooperativa, con nuestra familia, con otras personas”.

Desde esa perspectiva, Gobet cuestiona que las organizaciones sociales sean presentadas como un problema.

“Es importante que se entienda que las organizaciones sociales no son el problema del país, que no son los gerentes de la pobreza, sino que son la respuesta que la sociedad necesita en este momento. Organizaciones sociales, organizaciones libres del pueblo, una sociedad de fomento, un club de barrio, la doña que por su cuenta da la leche en su casa”. Todo eso, sostiene, forma parte de una misma red: “Todo eso hace que no nos terminemos de venir a pique. Es importante que se visibilice, que se jerarquice la importancia del trabajo. Cualquiera que quiera se puede contactar, se pueden invitar, estamos acostumbrados. Nos gusta, porque entendemos que es importante visibilizar el trabajo. Para mí eso ya es un montón”.

La conversación termina, en realidad, abriendo una puerta. La propuesta es que esta entrevista no quede como una publicación aislada, sino como el comienzo de un recorrido por las distintas problemáticas de la economía popular y por quienes sostienen cotidianamente ese trabajo. Y allí seguiremos acompañando.

Mirá la entrevista completa a la compañera Soledad Gobet, ingresando a nuestro canal de Youtube:

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