Esta velada vamos a dedicarnos a John Birks “Dizzy” Gillespie, nada más y nada menos.
Nuevamente, desde el borde en Semanario Huellas. Hoy pasamos un hermoso domingo de sol, aunque con ese vientito del oeste que estaba bravo. No se podía tomar un poquito de sombra.
Como venimos dando cuenta de los diferentes saxofonistas que transitaron el camino del swing al bebop, en este rotundo cambio de época en el jazz, no podíamos hacer menos que convocar a Dizzy Gillespie, quien nació en 1917 y nos dejó en 1993, a los 75 años. Por las épocas en las que desarrolló su carrera ya podemos darnos cuenta de su parentesco con los grandes saxofonistas y músicos de aquel tiempo.
Gillespie comienza en las big bands y, fundamentalmente, en 1945 se produce su contacto con Charlie Parker. De esta unión musical, dicen los entendidos, nace el bebop.
Quedan históricas grabaciones realizadas en el famoso Minton’s Playhouse, allá por 1945.
Fue un auténtico buscador en esta saga que también incluyó, en su momento, a Duke Ellington, y que tuvo entre sus búsquedas la incorporación de ritmos afrocubanos, el calipso y, posteriormente, la bossa nova.
Algo que también se podría destacar es la buena onda de Dizzy Gillespie con los músicos que en aquella época tenían el gravísimo problema de las drogas. Gillespie ayudó bastante, y era una de las cuestiones que realmente lo conmovían.
Por otra parte, fue un gran cantante, un gran cultor del scat, con una enorme personalidad y una simpatía natural sobre el escenario.
Lo que vamos a escuchar hoy es un clásico de él, “A Night in Tunisia”, es decir, “Una noche en Túnez”.
Está grabado en 1981, con una hermosa banda, y nos permite acercarnos un poquito a las búsquedas musicales de Gillespie, en este caso con un importante toque de funky.
Y de esta manera nos despedimos. Espero que tengan una muy buena semana, que sigan haciendo arte de sus vidas, que le pongan el pecho a la situación y que, por sobre todas las cosas, a través de lo que nos une, que es la música, traten de ser lo más felices posible.
