La situación argentina y Latinoamericana que nos brinda la foto actual geopolítica es preocupante, difícil, bajo presión extorsionadora colonial de un Imperio en decadencia, que pretende construir su última retaguardia ante reiteradas derrotas, con los bienes, recursos y pueblos, bajo su control político y económico, como es el caso de los EE.UU. de Donald Trump.
Una historia de luchas
Esa descripción no es diferente a la de los primeros años de la emancipación libertadora del siglo XlX, cuando todavía se propiciaba la conformación de los EEUU de América del Sur, de la mano de Bolívar, San Martín, Artigas, Belgrano, Monteagudo, Sucre entre tanto otros patriotas, que fueron sucesivamente traicionados en sus aspiraciones por las élites oligárquicas locales. Estas eligieron la dependencia, siempre fácil de entregarse al enemigo anglosajón, antes que recorrer el difícil camino de la liberación.
Ese proceso permitió la balcanización de Sudamérica, donde el mosaico de países fue mucho más fácil de controlar y dominar. A partir de entonces, se construyeron relatos y procesos de identidad fraccionados en los pueblos, generando en las nuevas generaciones falsos conceptos de división racial entre pueblos originarios, negros, zambos, mulatos, criollos e inmigrantes, propiciados por una cultura dominante colonial de estructura liberal concentrada en lo económico.
El pueblo y nuevos paradigmas
En Argentina esa situación se intentó modificar desde fines del siglo XlX y los albores del siglo XX. Primero fue de la mano de las organizaciones gremiales por reivindicaciones sociales y laborales, y luego a través de los procesos políticos del radicalismo de Alem e Irigoyen y del Peronismo, que lograron comenzar a torcer la patria dependiente, colonial, agroexportadora y tributaria de Inglaterra hacia procesos nacionales de construcción de soberanía.
Ese tránsito se dio a partir de largas luchas, con mártires y héroes que fueron tallando nuevos caminos de emancipación. Estos encontraron representación política en movimientos nacionales convocantes de patriotismo, que fueron derribando dogmatismos y sectarismos propugnados por el enemigo colonial, siempre dispuesto a dividir las fuerzas populares.
Así, el camino dramático de las reacciones populares de la Patagonia reprimida con miles de fusilados, los quebrachales chaqueños de tanino y los Talleres Vasena en Buenos Aires son páginas dolorosas de nuestra historia. Lo mismo ocurrió después con los bombardeos de Plaza de Mayo, fusilamientos y dictaduras sangrientas —aún hoy reivindicadas por esas oligarquías—, y la culminación dramática de los 30 mil desaparecidos, además de exilios, cárceles, proscripciones y persecuciones que se prolongan hasta ahora sobre los movimientos populares.
Democracia limitada
Ha quedado demostrado en los últimos 43 años de una democracia limitada que los argentinos la vivimos como si fuese una democracia participativa, capaz de construir un camino de soberanía nacional sin dependencia externa de intereses ajenos a las mayorías populares. Sin embargo, no es así, por estar la democracia atada estructuralmente al mercado como ordenador social, desplazando los derechos sociales, laborales y humanos.
Dicho modelo sólo puede ser sostenido con represión, concentración de la riqueza, entrega del patrimonio nacional, marginación y dolor social. Se trata de una democracia que no es tal cuando corrige desde el poder real —reprimiendo, amenazando y extorsionando— cualquier proceso de construcción de un modelo de patria social, solidario, productivo, biocéntrico y de cuidado de los seres humanos y la naturaleza.
Objetivos estratégicos
Combatir el proceso de entrega y claudicación nacional actual no es diferente de aquellos caminos históricos, tanto de las luchas como de las utopías enarboladas para llevarlas adelante como pueblo y como Comunidad Organizada. Se requieren objetivos estratégicos claros que permitan recuperar las esperanzas de un pueblo subsumido en la angustia que provoca la falta de caminos claros para lograrlo.
Entonces, es necesario plantear con energía escenarios estratégicos basados en la planificación, hacia los cuales el pueblo se pueda encolumnar con la pasión necesaria de construcción de patria y pueblo. Esto implica recuperar una memoria avasallada por un colonialismo dominante en lo cultural, que pretende atar nuevamente a las futuras generaciones a modelos subordinados y sometidos a intereses ajenos que debilitan la posibilidad de reconstrucción del UNASUR.
Un camino a construir
El listado de propuestas a discutir y planificar en su ejecución abarca desde lo geopolítico hasta lo estructural, desde lo institucional hasta los derechos sociales y laborales, en el marco de la seguridad social, la salud, la educación, la ciencia y la tecnología, con un Estado que garantice justicia social, independencia económica y soberanía política al servicio del pueblo. Todo ello sin dejarse controlar por los círculos de poder locales o internacionales que aletean como buitres sobre un país con bienes naturales y una posición geoestratégica de proyección internacional muy apetecida por las grandes potencias.
Entre las medidas necesarias se encuentran: construir una Argentina bicontinental, ingresar a los BRICS+, reconstruir el UNASUR, poner en discusión la deuda externa por ilegítima, ilegal y espuria, y derogar las leyes vigentes de las dictaduras relativas a inversiones extranjeras, entidades financieras e higiene y seguridad en el trabajo. Asimismo, se debe recuperar el río Paraná y los puertos privatizados, construir y dragar el canal Magdalena, avanzar en una democratización del Poder Judicial, aplicar una reforma tributaria profunda y socialmente justa, y derogar todos los DNU y leyes que atenten contra la soberanía nacional.
También es fundamental recuperar los glaciares, aprobar una nueva ley de defensa nacional con despliegue de las FFAA en la Patagonia Austral (zona de conflicto) y en las fronteras argentinas, y establecer un firme control del comercio exterior, de la banca y de los recursos estratégicos, además de impulsar una nueva Constitución Nacional.
La reforma del Estado es otro aspecto a planificar estratégicamente para modificar la dependencia económica, cultural y política, logrando recuperar el relato nacional y popular en las currículas educativas sistemáticas de todos los niveles y universitarias. Actualmente, estas últimas promueven el colonialismo, el individualismo y la caracterización de barbarie criolla frente a una civilización que nos somete y propicia mensajes de odio.
Los planes quinquenales
No hay que olvidar que China lleva 15 planes quinquenales consecutivos desde la Revolución de Mao (que logró el poder en 1949 y desplegó el primero en 1952), coincidiendo con el momento en que la Argentina gobernada democráticamente por Perón comenzaba su segundo Plan Quinquenal. Este fortalecía desde la Tercera Posición Internacional hasta los derechos sociales, con la firme decisión de impulsar la industria y la ciencia mediante Fabricaciones Militares, el plan nuclear argentino, el Instituto Antártico y la construcción de la Patria Grande a través de trabajadores y estudiantes.
A este listado se pueden agregar posturas actuales sobre los genocidios de Israel en Gaza, Líbano y Siria, o los de EE. UU. en el Caribe, Irán y Venezuela, además de los bloqueos inhumanos como el impuesto a Cuba. Estas acciones están llevando al mundo al borde de una guerra termonuclear que los medios ocultan, tergiversan y manipulan en un alineamiento patético, respaldado por el actual gobierno y una Corte Suprema cómplice que ha permitido avasallar la Constitución y habilitar la persecución política y social.
Nuestra agenda
Vemos entonces la necesidad imperiosa de construir una agenda propia que estimule la planificación estratégica, discutiendo de cara al pueblo, federalmente, y convocando al patriotismo. Es momento de enarbolar aquellas premisas que nos hicieron crecer como patria y como pueblo, en un marco de luchas crecientes por construir soberanía, con calle, movilización y la convicción profunda de que la democracia no puede suicidar la patria.
