Hay algo que empieza a cambiar en la Argentina de Javier Milei. No porque el Gobierno esté al borde de una catástrofe política – no necesariamente electoral… conviene evitar esas simplificaciones tan habituales de nuestra militancia variopinta-, sino porque algunas de las certezas con las que construyó su poder empiezan a mostrar fisuras. O, en algunos casos… abismos.

El desgaste ya no aparece solamente entre quienes rechazaron a Jamoncito desde el primer día. También comienza a hacerse visible entre sectores que lo acompañaron, que toleraron el ajuste en nombre de una promesa de recuperación y que ahora empiezan a preguntarse cuánto falta para que esa recuperación llegue a sus bolsillos.

Según el último relevamiento de Poliarquía, la aprobación de la gestión se ubica en el 42%, frente a un 52% de valoración negativa. Pero hay un dato particularmente significativo: entre quienes habían votado a Patricia Bullrich en 2023, la aprobación de Milei cayó ocho puntos en un mes y acumula una baja de 18 puntos durante 2026.

Es decir: el problema del Gobierno ya no consiste solamente en convencer a quienes nunca le creyeron. Empieza a ser conservar a quienes alguna vez sí lo hicieron.

El orden también necesita comer 

Milei construyó una parte importante de su legitimidad sobre la idea de poner orden. Orden fiscal, orden monetario, orden en las calles. Y en materia de seguridad, Patricia Bullrich fue durante buena parte del recorrido oficialista una de las principales abanderadas de esa consigna. Pero el orden no vive únicamente de policías, gases lacrimógenos y calles despejadas. También tiene que ver con llegar a fin de mes, conservar el empleo, vender en un comercio, producir en una fábrica, construir una vivienda o simplemente saber cuánto se podrá pagar el mes próximo.

Y ahí, en efecto, gritamos a coro: “Houston, tenemos un problema”

La inflación descendió respecto de los niveles heredados, pero la industria, el comercio y la construcción continúan atravesando dificultades y numerosos ingresos permanecen rezagados. El Gobierno necesita que la estabilización macroeconómica deje de ser una promesa de futuro y se convierta en una experiencia concreta para quienes vienen haciendo el esfuerzo.

Porque un modelo puede pedir paciencia durante un tiempo. Lo que resulta bastante más difícil es pedir paciencia eternamente mientras la paciencia se convierte en una forma elegante de llamar al sacrificio. Y, tras bambalinas, mearse de la risa de las legiones de inmolados, indistintamente si lo hacen “por la causa” o contra toda voluntad. Y eso explica parte del deterioro que comienza a observarse en sectores que alguna vez fueron propios.

El círculo que se muerde la cola 

La economía y la política, mientras tanto, se retroalimentan. Si la percepción económica empeora, cae el respaldo al Gobierno. Si cae el respaldo, gobernadores y legisladores de ya indiscutido tinte grouchomarxistas, tienen menos incentivos para acompañar una agenda oficial cuya fortaleza electoral ya no parece tan segura. Si el Congreso se vuelve más difícil, el Gobierno encuentra mayores obstáculos para avanzar. Y si aumenta la incertidumbre política, vuelve a complicarse el frente financiero. Una calesita bastante poco divertida. Y que, vaya novedad, en este país ya la hemos padecido numerosas veces.

Las dificultades oficiales para conseguir acuerdos en materia electoral son apenas una expresión de esa fragilidad. El Gobierno necesita negociar con actores que, naturalmente, empiezan a mirar qué puede ocurrir mañana antes de comprometerse hoy. Y en política argentina, donde la fidelidad suele durar exactamente lo que dura la conveniencia, eso nunca es un detalle menor.

Los empresarios tampoco viven de relatos

 

Algo parecido ocurre con el empresariado. Paolo Rocca y Techint continúan siendo referencias de sectores que acompañaron aspectos centrales del programa libertario, particularmente la reforma laboral. Pero también aparecen reclamos vinculados con la industria, el comercio, las importaciones y las condiciones de competitividad.

No hace falta anunciar ninguna ruptura para advertir que existen matices.

El empresario puede apoyar el equilibrio fiscal y, al mismo tiempo, preguntarse qué ocurre con sus proveedores, sus clientes y el mercado interno. Puede celebrar una reforma laboral y preocuparse por una industria que pierde actividad. Puede acompañar el rumbo general y reclamar modificaciones concretas. La política económica, a diferencia de X, tiene la desagradable costumbre de encontrarse con la economía real.

Y entonces aparece la oposición 

Aquí empieza la parte divertida para quienes imaginan que el desgaste del oficialismo equivale automáticamente a la reconstrucción de una alternativa. Y por supuesto, todo el mundo sabe que así no funcionan las cosas.

Que Milei pierda apoyo no significa que alguien haya ganado ese espacio. Y probablemente allí se encuentre uno de los principales problemas de la oposición argentina: durante demasiado tiempo confundió el rechazo al adversario con la construcción de una identidad propia.

La reciente Marcha de la Bronca, impulsada por la izquierda, mostró una capacidad de movilización que no debería ser subestimada. La convocatoria reunió a organizaciones políticas, sindicales, sociales, estudiantiles y culturales, y tuvo réplicas en numerosas ciudades. Myriam Bregman fue la principal oradora del acto en Plaza de Mayo y planteó transformar el malestar en organización y movilización, con el reclamo de una huelga general.

Bregman viene ocupando un lugar político que excede la estructura electoral de su espacio. Hay quienes explican ese crecimiento señalando que la izquierda toma consignas históricamente asociadas al peronismo. Puede haber algo de eso, pero la explicación merece una vuelta más. También puede ocurrir que una dirigente que sostiene durante años las mismas posiciones termine encontrando un espacio cuando quienes históricamente las defendían empiezan a abandonarlas.

Y ahí aparece una discusión que el peronismo debería afrontar sin ponerse demasiado perfume antes de mirarse al espejo.

Durante años, buena parte de su dirigencia fue desplazando consignas históricas en nombre del pragmatismo, la gobernabilidad, la realpolitik y aquello de “moverse dentro de lo posible”. El problema es que, cuando lo posible empieza a parecerse demasiado a lo que alguna vez se prometió combatir, alguien termina ocupando el lugar que quedó vacío.

La política tiene esa “ingrata” costumbre: los lugares abandonados no permanecen desocupados demasiado tiempo. Y siendo claros: Está perfecto que así suceda.

Kicillof y la alternativa que ya tiene escenario 

Mientras la izquierda organiza la bronca, el peronismo ensaya otra respuesta. Los que saben, por lo bajo juran y perjuran que «esta vez va a ser diferente»…

El sábado, en Avellaneda, Axel Kicillof cerró el plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro ante una multitud de militantes y dirigentes llegados desde distintos puntos del país. El gobernador bonaerense no anunció formalmente una candidatura presidencial, pero hizo algo bastante parecido a una presentación en sociedad: llamó a construir una alternativa nacional y afirmó que había que contar con él para que el año próximo exista una opción capaz de terminar con el modelo de Milei.

El escenario no fue precisamente improvisado. La convocatoria tuvo dimensión federal, con delegaciones de distintas provincias y una puesta política destinada a mostrar que Kicillof pretende trascender los límites de la provincia de Buenos Aires.

Dicho de otro modo: mientras algunos salen a la calle para expresar la bronca, otros ya están preparando el escenario electoral de 2027.

Frente a ello, la inmensa mayoría de nuestra sociedad continúa a mitad de camino entre una inercia consuetudinaria y un escepticismo apelmazado tras una larga concatenación de desilusiones, bien desde arriba perpetradas. Y ahí vuelve a aparecer la pregunta verdaderamente importante. ¿Qué se hará con ese malestar?

Porque una cosa es que Milei desgaste su propio capital político y otra, muy diferente, que quienes aspiran a reemplazarlo sean capaces de construir una alternativa que no consista exclusivamente en decir que Milei es horrible.

Ese fue, durante demasiado tiempo, uno de los problemas de buena parte de la oposición: esperar que el oficialismo se equivocara lo suficiente como para volver. Como si la política fuera una silla musical y bastara con permanecer cerca cuando se apaga la música.

El terreno perdido 

El Gobierno tiene hoy dificultades concretas: pérdida de respaldo en sectores de su propia base, problemas en la economía real, negociaciones parlamentarias más complejas y un creciente interrogante sobre la capacidad del modelo para convertir la estabilización en bienestar. Pero del otro lado tampoco hay una autopista despejada.

Hay una izquierda que intenta transformar la bronca social en organización; hay un peronismo que empieza a ordenar una alternativa nacional alrededor de Kicillof pero que todavía tiene demasiadas variables, codazos y miradas hasta diría, económica e ideológicamente en las antípodas unos de otros. Hay sectores que todavía buscan su lugar, y tienen precio, y hay una dirigencia que deberá decidir si quiere recuperar antiguas banderas o continuar administrando versiones cada vez más desteñidas de ellas.

Así las cosas, la paradoja es formidable: Mientras el Gobierno intenta demostrar que el futuro justifica el presente, quienes pretenden sucederlo deberán demostrar que no vienen simplemente a administrar el pasado.

Porque el terreno perdido por una fuerza política no se recupera con nostalgia, ni con encuestas, ni con actos multitudinarios, ni con candidatos que se autoproclaman salvadores de turno. Ni con hashtag emocionales reclamando la libertad de la ex Presidenta.

Se recupera volviendo a hablarle a quienes dejaron de sentirse representados. Y que han adquirido sobradas razones para desconfiar de las dirigencias políticas. No importa cuándo ni desde qué estructura lean esto. Quizá esa sea, después de todo, la discusión que, en el mejor de los casos, recién estaría comenzando a vislumbrarse.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *