En el año 1995 escribía una carta al entonces suplemento verde del diario página 12, cuyo título era el mismo que el de esta nota.

Allí comentábamos una serie de incidentes que habían ocurrido en Entre Ríos, Río Negro y Buenos Aires relacionados con el uso y efecto de los plaguicidas.

A 31 años de entonces, considerando indicadores objetivos, podemos afirmar que la situación es mucho más complicada.

En principio, la cantidad de plaguicidas utilizados se incrementó de 30 millones de litros /kilos en el año 1990 a cerca de 580 millones en 2022.

Además según sus características químicas, toxicológicas y su efecto socioambiental, 139 de los principio activos de plaguicidas utilizados pueden catalogarse como Altamente peligros (PAP) siendo manipulados en actividades agrarias, domicilios y en campañas sanitarias.

Por su parte, 167 plaguicidas que se utilizan en el país se hallan prohibidos en otros países, algunos de ellos como el herbicida Alaclor se encuentra prohibido en 117 países mientras que la atrazina, otro herbicida, se halla prohibido en 60 estados.

Si analizamos la cantidad, el tipo de plaguicidas, las zonas donde se utilizan y su efecto socioambiental es posible afirmar que el problema no solo continúa sino que se agravó.

El primer caso a analizar se relaciona con una denuncia realizada por la Asamblea Ambiental del distrito de Exaltación de la Cruz.

En este territorio se halla vigente una medida cautelar que impide la utilización de plaguicidas a menos de 1.000 metros de la zona residencial.

En este caso, el día 29 de agosto se pulverizó en un establecimiento hortícola con Fosetil Aluminio sobre un cultivo de frutillas, violando la normativa, como en otras situaciones las áreas del municipio que deberían realizar las acciones de supervisión no realizaron adecuadamente su trabajo.

El fosetil aluminio es fungicida (efecto sobre hongos), que posee acción sistémica, aspecto que le posibilita introducirse al interior de la planta y sus partes.

Se utiliza en cultivos de cebolla, plantas cítricas, papa, tomate, tabaco, frutillas y pimiento.

Según la información suministrada por AGQlabs de México[1] entre los efectos del fosetil en el organismo destaca “su capacidad para inhibir la enzima fosforilación oxidativa, lo cual puede afectar negativamente al metabolismo energético de las células.

Además, se ha observado que el fosetil puede tener un impacto en el sistema inmunológico, debilitando la respuesta del organismo ante infecciones y enfermedades.

Otro efecto preocupante del fosetil en el organismo humano es su potencial capacidad de provocar daño genético.

Estudios han demostrado que la exposición a este compuesto puede causar mutaciones en el ADN, lo cual aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades como el cáncer”.

Cabe agregar que las condiciones de almacenamiento, uso y desecho de envases de los plaguicidas utilizados en el área de producción de hortalizas tornan a la situación más grave, ya que puede involucrar la exposición tanto a los trabajadores, los productores, vecinos y a los consumidores.

Al no respetarse los tiempos de carencia (los días que deben transcurrir entre la aplicación del producto y su cosecha), por ejemplo en las plantaciones de frutillas, podemos ingerir este producto químico contenido en los alimentos.

El segundo hecho a analizar lo constituye la denuncia de vecinos por la aplicación de plaguicidas en la localidad de Carlos Keen, partido de Luján, situación que origino la suspensión de clases y la movilización de los vecinos “quienes reclaman controles, denuncian incumplimientos y comenzaron a organizarse”[2].

En este distrito la aplicación de plaguicidas está regulada por la Ordenanza Municipal N.° 5953.

Esta ordenanza reglamenta la utilización de agroquímicos en Luján y establece, entre otras disposiciones, la prohibición de pulverizaciones aéreas, la prohibición para las aplicaciones terrestres a menos de 500 metros de las áreas urbanizadas y zonas de población consolidada, y un área de protección de 100 metros en torno a establecimientos educativos, centros de salud, viviendas aisladas y áreas protegidas.

Según informes periodísticos “Los vecinos también señalaron que no se cumplió con la obligación de comunicar con 48 horas de anticipación a los establecimientos educativos cercanos, tal como establece la misma normativa…

La preocupación de los vecinos no se limita al episodio ocurrido esta semana… en Carlos Keen sostienen desde hace tiempo que existe una particular preocupación por el impacto que las fumigaciones pueden tener sobre la salud de la población y vinculan esa inquietud con la presencia de enfermedades, entre ellas distintos tipos de cáncer”[3].

En otro caso, también en la provincia de Buenos Aires esta vez en el partido Balcarce, fueron hallados más de 200 bidones de plaguicidas conteniendo residuos químicos, a la vera de la ruta 226.

“El hallazgo se produjo en el paraje El Tropezón, a la altura del kilómetro 84,7 de la Ruta 226, luego de que distintas denuncias comenzaran a circular en redes sociales.

La situación derivó en un operativo para retirar los recipientes y evitar que los residuos terminaran afectando el ambiente o poniendo en riesgo a las personas que circulan por la zona”[4].

El operativo de recolección debió incluir una clasificación de los envases, a partir de la información suministrada en las etiquetas, tratando de realizar su trazabilidad a fin de identificar a quien los utilizó y los desechó afectando a la salud socioambiental.

Los envases desechados, considerados residuos peligrosos, fueron llevados al centro de almacenamiento transitorio de envases según lo dispuesto par la ley vigente Nº 27.279 sancionada en 2016.

Cabe recordar que el líquido que pueden contener los envases puede incorporase al suelo y desde allí trasladarse a las napas de agua de bebida.

Las situaciones problemáticas no sólo se dan en la provincia de Buenos Aires. En este sentido, apicultores que poseen sus colmenas en la zona de Mainqué, provincia de Río Negro, denunciaron la muerte de cerca de 9 millones de abejas que habitaban en 500 colmenas pertenecientes a dos apicultores.

Aunque el episodio todavía no tiene una causa confirmada, sin embargo, entre las hipótesis que manejan los apicultores aparece la posibilidad de que se hayan realizado aplicaciones de agroquímicos en la fruticultura sin respetar las buenas prácticas agrícolas.

Eduardo Riquelme, productor apícola y referente de los apicultores de la zona de Mainqué, explicó “que los productores ya trabajan en la realización de la denuncia a través del Sistema Integrado de Gestión de Trazabilidad (SIGTraza), del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

Riquelme señaló que una de las posibilidades es que las aplicaciones se hayan efectuado en horarios inapropiados, con dosis inadecuadas, en presencia de viento fuerte o sin dar aviso a los productores apícolas..

aclaró que se trata de una hipótesis y que será necesario avanzar en el relevamiento y las investigaciones correspondientes para determinar qué ocurrió”[5].

Después de analizar los cuatro casos planeados nos cabe continuar los procesos de reflexión y acción.

a- La problemática en el uso y efecto de los plaguicidas no es nueva , pero se ha magnificado dada la cantidad y las características ecotoxicológicas de los productos químicos utilizados.

b- No alcanza con la aplicación de las llamadas buenas prácticas agrícolas dada la peligrosidad propia y especifica de los productos utilizados.

Además las mismas son desconocidas por los productores y en algunos casos imposibles de llevar a práctica.

c- La carencia de una ley nacional que regule el registro y manejo integral de los plaguicidas junto la obsolescencia de la ley provincial de plaguicidas de la provincia de buenos Aires (de 1988 posibilitan la utilización de plaguicidas altamente peligrosos, incluso prohibidos en otros países, muy cerca de las zonas residenciales.

d- Las ordenanzas municipales vigentes en la provincia de Buenos Aires que regulan el uso de plaguicidas, las cuales son numerosas y heterogéneas en sus principios y determinación de zonas de exclusión, no alcanzan a proteger de manera integral a la salud socioambiental.

e- Una parte de los productores rurales continúa con la utilización de plaguicidas de manera desaprensiva sin atender a las disposiciones vigentes afectando así a la salud ambiental.

f- Aquellos funcionarios nacionales, provinciales y municipales quienes deben realizar el contralor y monitoreo de la utilización de plaguicidas, y desechos de envases, no realizan esta tarea de manera adecuada exponiendo a la población a padecer enfermedades.

g- La exposición a plaguicidas incluye trabajadores y productores agrícolas y sus familias, a los vecinos que habitan las zonas aledañas y a los consumidores principalmente de frutas y hortalizas.

h- Los Plaguicidas afectan a todos los seres vivos tal como se enuncio en el caso de las abejas, indispensables en la polinización de las planas frutales.

Sin abejas no se realiza una adecuada polinización y sin esta no hay cuaje de frutos afectando a la producción frutícola.

Se debe respetar toda forma de vida atendiendo a los derechos de la naturaleza.

i- No se trata solo de un problema técnico – económico sino que incluye a las dimensiones políticas que hacen al cuidado de la salud y el respeto de los derechos humanos vinculados al goce de un ambiente sano, a un trabajo digno y a una alimentación saludable.

Para finalizar, son diversas las acciones que podemos tomar, ya para restringir y prohibir el uso de plaguicidas, así como para promover una transición hacia el paradigma agroecológico.

Una de ellas se vincula con la capacitación y sensibilización a los actores involucrados; en particular, a los productores y a los tomadores de decisión de cada localidad.

[1]https://agqlabs.mx/conoce-agq-labs/ [2]https://www.elcivismo.com.ar/notas/58994/ [3]https://www.lujanhoy.com.ar/2026/09/18/fortalecen-los-controles-sobre-la-aplicacion-de-agroquimicos/ [4]https://lapoliticambiental.com.ar/contenido/8024/buenos-aires-encuentran-mas-de-200-envases-de-agroquimicos-abandonados [5]https://www.rionegro.com.ar/rural/apicultores-denuncian-la-muerte-de-unos-9-millones-de-abejas-

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