Desde cómo le hablás a un bebé hasta los actos políticos, circulan cascadas, ríos, arroyos, hilos y gotas permanentes de mensajes entre seres humanos que buscan incidir en la forma de pensamiento y acción mutuamente.

En algún momento se pervierte y contamina la comunicación, cuando los embustes, hilachas, mentiras reconocidas y disfrazadas a la vista del público convierten la cuarta pared en una complicidad sucia.

Un cómico puede guiñar el ojo a quienes se ríen de sus equívocos, morisquetas o dobles sentidos. Pero cuando necesita mostrar su ropa interior agujereada, buscar chistes entre genitales propios o ajenos, escarbar risas en el lenguaje del inodoro…algo se pierde. Las risas dejan la clandestinidad del humor adolescente y se convierten en lluvia ácida. Nos ensucia a todas y todos.

He oido anécdotas de alumnos insultando a sus docentes en el aula sin reprimenda institucional. De niños pequeños arrojar los improperios mas repugnantes y ofensivos a sus madres frente a un director de escuela. De la cotidianeidad de la agresión verbal en la relación común en el intercambio abierto entre pares de una clase.

La escuela es un espacio de cuidado que debiera estar protegido por la comunidad y el Estado de todas las formas de violencia.

Pero al alzar la cabeza, se puede comprobar que la grosería es la moneda corriente de los medios, las redes y hasta el discurso presidencial. No hay límites en el abuso del idioma: ¿Por qué habrían de existir en la práctica social? Quien grita y ofende más fuerte busca atacar con poder. Y el que recibe o se defiende con iguales o peores armas sólo da un paso más hacia las consecuencias físicas. De las palabras a los hechos, hay etapas muy rápidamente escalables. Lo podés ver en cada cruce entre automovilistas torpes, motociclistas que solo registran su camino… peatones daltónicos…

Entre estos intercambios y justificar que un personaje público y notorio reciba recursos del narcotráfico, que se permita la usura de 1500% sobre la supervivencia de una población empobrecida, que se pueda gasear jubilados o golpear a personas discapacitadas ante la mirada indiferente del paseante… hay una lógica ahí de coherencia y camino lineal.

Entonces el supremo poder del mundo hace sentido común y normalidad el secuestrar al presidente de otro país, matando a sus guardias. O bombardear sin declaración de guerra al líder religioso de un pueblo, a gran parte de su familia… a 168 niñas de una escuela. O fraternizar con el jefe de Estado que ordena asesinar a 70 mil personas confinadas e indefensas, mujeres niños y ancianos no combatientes con IA (…daños colaterales).

El que habla mal piensa del mismo modo. Quien no cuida sus palabras rompe la lógica de la justicia, la verdad y la belleza. Responsable directo o cómplice de la perversión: la primera conducción es sobre uno mismo y su lengua.

En nuestras y nuestros mejores líderes históricos o presentes no hay ofensa ni agravio. Explican, justifican o analizan para luego hacer. Es un modo de identificar las mejores cabezas. Por lo tanto, un criterio para elegir personas algo más confiables.

Podés equivocarte al conducir. Pero los modos serán explícitos y siempre habrá un criterio inteligible tras cada decisión. El desacuerdo es racional. La síntesis y claridad, obligación.

Si el desprecio se vuelve tu moneda de cambio, la sangre te circula igual, no sentís nada sobre las salvajadas evidentes o no hacés algo para ordenar tus prioridades de moral, para luego expresarte, movilizarte y sumarte a alguna causa justa… te estas perdiendo, hermanx.

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