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«Guárdalo para después, no lo tires, capaz lo vas a necesitar…”
(Mi abuela Pepa)

Cabe recordar que esta tarea en el presente es realizada por cooperativas, las cuales cumplen con el importante rol económico y social de evitar la acumulación de residuos, así como “devolver” al sistema productivo aquellos que mantienen sus propiedades.

Existen varias definiciones sobre el reciclaje, las cuales incluyen las características del proceso, la cantidad de residuos y de quiénes y en qué lugar se realice la actividad. Se trata de un procedimiento que en su desarrollo incluye varias fases, entre ellas: la separación de residuos, su recolección selectiva, el transporte, la limpieza, la transferencia, el almacenamiento hasta su reincorporación a los ciclos productivos (las llamadas plantas de valoración), donde se reconvierten en “nuevas” materias primas y desde allí en “nuevos” productos.

También, esto es muy importante en las actuales condiciones económicas, durante todas las fases se generan puestos genuinos de trabajo.

Entre los motivos que impulsan a realizar el reciclaje están: reducir la extracción de bienes naturales, junto a la merma en la producción de materias primas y la de residuos, reduciendo el consumo de energía en todas las fases, así como la emisión de líquidos y gases contaminantes, algunos de ellos con capacidad de producir efecto invernadero responsable del cambio climático.

Respecto a los residuos biodegradables, llamados en general orgánicos, es posible reciclarlos transformándolos en abono orgánico para ser utilizado en actividades de huerta o en el jardín.

En este caso, por ejemplo, las cáscaras de hortalizas y frutas, junto a hojas secas, pasto, estiércol de animales herbívoros, se pueden mezclar en pilas donde, en presencia de adecuadas condiciones de humedad y temperatura, son transformados en humus y minerales que pueden utilizarse para mejorar las características físicas, químicas y biológicas de los suelos.

Estos procesos pueden realizarse a diferentes escalas y con diferentes tecnologías. De esta manera, se reduce la contaminación, transformando un problema en una solución para nutrir de manera adecuada a los suelos necesarios en la producción de alimentos. Suelos sanos, que producen alimentos saludables para personas con buenas condiciones de salud, alcanzando su soberanía alimentaria.

También los residuos que contienen, o son de materiales como el papel, el vidrio, los plásticos o los metales, se pueden reciclar, transformándose en una nueva gama de productos con diversos usos, aún muy diferentes a aquellos que le dieron origen.

Ahora bien, ¿podemos reciclar todo? ¿Qué pasa con los materiales que están contaminados? ¿Quiénes realizan las tareas implícitas en el reciclaje? ¿En qué condiciones higiénicas?

En primer lugar, cabe mencionar que no todos los materiales pueden reciclarse, ya por sus propias características, así como por el uso que se le dio. Es el caso de algunos elementos que se usaron en los servicios de salud.

En segundo lugar, existen productos a los que le han sido agregadas sustancias en su proceso de producción, tal que cumplan una función específica, por ejemplo, que le posibiliten ampliar el tiempo en que entrarán en combustión, como los retardantes de llama que se agregan a materiales plásticos.

El problema es que estas sustancias pueden afectar a nuestra salud; por ello se han incluido en convenios internacionales, como el de Estocolmo, a fin de eliminar su uso. Entonces, si bien esos plásticos son reciclables, en cada ciclo se irá concentrando la cantidad de sustancias con potencialidad de afectar nuestra salud.

Resulta importante considerar que, dada la pulsión al consumo derivada de los estilos de vida vigentes, la cantidad, el volumen, de los materiales a reciclar son mucho más elevados que los que las condiciones tecnológicas y económicas permiten realizar.

En este sentido, cabe repensar y modificar seriamente nuestras pautas, modos y estilos de consumo, con la finalidad de generar menos residuos.

También cabe resaltar que antes de proceder al reciclaje se requiere separar los residuos, segregarlos, en el mismo lugar en el cual se producen cada uno de ellos: cada casa, escuela, centro de salud, comercio o fábrica.

Este proceso requiere, por un lado, información del modo de separación, junto a la decisión política de realizar una recolección selectiva de materiales, sea seleccionando días de la semana o recipientes (bolsas) diferentes.

Respecto a quién brinda el servicio, en la Ciudad de Buenos Aires se destaca el rol de las cooperativas de recicladores, quienes recogen los residuos, separados según su tipo, en los domicilios y los llevan a las plantas de tratamiento, en las cuales son clasificados.

En las mismas se involucran cerca de 7.500 trabajadores/as. En el caso de la cooperativa El Álamo, ubicada en Villa Pueyrredón, lleva más de 20 años realizando este trabajo de gran importancia social, laboral y ecológica.

Se trata de un trabajo que, a la vez de posibilitar adecuadas condiciones de salud socioambiental, posibilita la inclusión social de los participantes. También integra y vincula mediante lazos de solidaridad a todos los vecinos, a los recicladores y a aquellos que a partir del consumo generan los residuos.

También, y a modo de asignar más valor a los materiales reciclados, se “peletiza o sopla” el plástico, transformándolo en materia prima para la industria que lo demanda.

Por último, los miembros de la cooperativa realizan tareas educativas, facilitando el acceso a la información a los vecinos a partir de charlas sobre la problemática socioambiental derivada del mal manejo de los residuos y, sobremanera, sobre la necesidad de un manejo integral de los mismos con inclusión social, donde resulta imprescindible la participación de todos.

En la actualidad, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires quiere privatizar el servicio de recolección, traslado y procesamiento de residuos secos que actualmente brindan los recicladores urbanos, con el pretexto de hacerlo con mejor trazabilidad, control y de modo más eficiente y económico.

Desde esta columna denunciamos lo inapropiado e inaceptable de esta decisión, no solo por motivos relacionados con la defensa de los puestos laborales, la identidad y dignidad que de allí emerge, sino además por el rol ineludible en la defensa de la salud comunitaria y en la integración social que ejercen las cooperativas de trabajadores/as.

Siempre debemos pensar el reciclaje con los recicladores incluidos en el sistema, dado que son los que más conocen y pueden vincular aspectos relacionados con la salud socioambiental, los aspectos económicos con las demandas de los ciudadanos.

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