Entrevistamos a Perla Fernández en plena área central de Ituzaingó, tras algunas actividades que realizó la agrupación “Viejas del Oeste” tanto en la mencionada localidad como en la vecina Morón. Y desde el vamos, urge señalar que hay una manera de mirar la vejez que Perla Fernández y las integrantes de Viejas del Oeste decidieron discutir desde el comienzo: la que la reduce al retiro, la pasividad o la pérdida. Frente a esa mirada, construyeron una organización de mujeres de la zona oeste que reivindica la participación, la memoria, los vínculos y, sobre todo, el derecho a seguir siendo protagonistas.

“Nosotras queremos seguir siendo activas, sujetas políticas, que nadie hable por nosotras. Nosotras tenemos voz. Para hablar de vejeces estamos nosotras, que somos viejas”, plantea Perla. Y enseguida marca una definición que atraviesa buena parte de su discurso: “No asociamos ser viejas con la decrepitud ni con la inutilidad, sino que nos consideramos guardianas de memoria, acumuladoras de historia y también con ganas de seguir aportando. Somos parte de la comunidad”.

Viejas del Oeste nació también como una forma de enfrentar el aislamiento. La red funciona hacia adentro, como espacio de encuentro y acompañamiento, pero también hacia afuera, como una herramienta de participación social y política.

“Muchas, elegido o no, vivimos solas, los hijos ya crecieron, no hay parejas por elección en algunos casos, por la vida misma por otros, y otras están con sus parejas. Pero compartir desde la perspectiva de género y de la perspectiva de edad nos permite tener pares con quienes dialogar lo que nos pasa y contenernos, ayudarnos, acompañarnos”.

En tiempos en los que el individualismo parece haberse convertido en una forma naturalizada de vivir, la respuesta de estas mujeres es deliberadamente colectiva.

“Nos resistimos a eso”, dice Perla. Y agrega: “Queremos mostrarnos que somos capaces de hacer, que somos capaces de crear, que todavía tenemos para aportar. Queremos generar diálogos intergeneracionales porque sentimos que tenemos para poner. Pero también el intercambio con los jóvenes nos interpela, nos pone en cuestionamiento. Seguimos aprendiendo. Todavía podemos aprender y, por supuesto, podemos enseñar”.

Memoria, derechos y resistencia

Esa mirada sobre la vejez se conecta inevitablemente con la historia. La generación de Viejas del Oeste atravesó dictaduras, crisis, luchas sociales y transformaciones profundas. Perla lo expresa desde un lugar que combina memoria y responsabilidad.

“Nosotras somos la generación de la dictadura. Tenemos 30.000 viejos menos que los que nos llevó la dictadura. Entonces también ahí hay una responsabilidad”.

En las últimas semanas, esa perspectiva encontró una forma concreta de expresión a través de distintas actividades. Una de ellas fue la proyección de Norma también, el documental que recupera la figura de Norma Plá y las luchas de los jubilados durante los años 90. La película fue presentada en Ituzaingó y en SUTEBA Morón y, según cuenta Perla, continúa siendo solicitada por distintos espacios.

“Nos parecía muy pertinente que nosotros tomáramos esa responsabilidad porque justamente en los 90, el avasallamiento de los derechos, las jubilaciones miserables… Los jubilados y jubiladas tuvieron que salir”.

La comparación con el presente aparece entonces de manera inevitable.

“Nos parecía que hacer esa comparación, porque el cine después termina con un debate, nos permitía mirarnos hoy y mirar aquello y, de alguna manera, cargarnos de energía, cargarnos de pilas para no resignarnos”.

Y lo resume en una frase: “No resignarnos. Eso es a lo que se empuja”.

La referencia a los derechos conquistados también llevó a Viejas del Oeste a recuperar una fecha histórica: el 28 de agosto de 1948, cuando fueron proclamados los Derechos de la Ancianidad impulsados por Eva Perón.

“Uno de los derechos, cuando habla del derecho a la tranquilidad, tiene que ver con una jubilación digna, que impulsó las pensiones de Eva justamente para poder envejecer tranquilas, para después de una vida de lucha, una vida de trabajo. Es que era trabajar hasta morir antes, literalmente”.

La reflexión sobre el trabajo informal y las tareas que no son reconocidas también aparece como una preocupación vigente.

“Mirá qué retroceso, ¿no? Tener que trabajar hasta morirse porque pareciera que no sos sujeto del derecho a jubilarte. Más allá de que, con las jubilaciones que tenemos ahora, la mayoría también tiene que tener un laburito extra para sobrevivir”.

Durante la Plaza del Orgullo Vieje, en Ituzaingó

Una plaza para celebrar el orgullo de ser viejas

La idea de convertir aquellas reivindicaciones en una actividad pública surgió casi casualmente, durante una comida compartida con integrantes de la Comisión del Orgullo de Ituzaingó.

“Nos dicen: ‘Pero ustedes tendrían que hacer una marcha del orgullo’. El orgullo de ser viejas”.

La marcha terminó transformándose en plaza. “Marcha, ya no tanto, porque algunas andan con su bastón, a algunas les cuesta marchar. Dijimos: ‘Hagamos plaza del orgullo’”.

Así nació la Plaza del Orgullo Vieje, una jornada que combinó música, arte, memoria, derechos, feria y encuentro comunitario.

“Fue una plaza de encuentro, de abrazos, de comunidad, de música, de difusión de derechos. La política y la alegría del pueblo van de la mano, pueden ir de la mano perfectamente”.

La respuesta superó las expectativas de las organizadoras.

“Quedamos tan felices, tan felices de lo que resultó. Se congregó mucha comunidad, mucha, mucha. Y vinieron algunos emprendedores, hicieron feria con sus cosas, con sus artesanías, con sus producciones”.

El escenario reunió artistas locales, pero la participación excedió ampliamente lo programado.

“Abajo del escenario vieras la cantidad de gente que bailaba las chacareras, el tango, la zamba. Se congregó mucha comunidad”.

También hubo lugar para el arte producido por las propias participantes. Pintura, fotografía y títeres formaron parte de una experiencia que para Perla tuvo, además, un componente personal inesperado.

“Yo los títeres los hice de vieja. Nunca me había dedicado a eso y, de golpe, descubrí un mundo que dije: ‘Wow’. Aprendí. No sé si lo aprendí tanto, pero soy cara dura y me animo”.

Entre las presentaciones estuvo también una niña de 12 años que tocó el violín. Perla la recuerda con particular entusiasmo: “Podría hacer un contrapunto con Peteco Carabajal. Mirá lo que te digo. Una maravilla hermosísima”.

Los personajes creados por ella misma también fueron parte de la jornada: Suyai, una vieja, y Ramona, una cocinera comunitaria, dialogaron desde el escenario para acercar al público los derechos de la ancianidad.

La fórmula vuelve a aparecer: hablar de derechos para conocerlos, conocerlos para poder defenderlos.

“Difundir para conocer, para poder defender”.

Norma Plá, las Madres y una forma de envejecer luchando

La figura de Norma Plá aparece como un símbolo de aquellas luchas, pero Perla amplía la mirada hacia otras mujeres que hicieron de la participación una forma de vida.

“Qué lindo haberla tenido con nosotras a Norma. Pensar que ella tenía una enfermedad muy complicada, pero incluso todavía podría estar, porque en realidad era una mujer bastante joven cuando murió”.

Y enseguida aparecen las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.

“Son contemporáneas a Norma. Y Norita, con su bastoncito y toda chiquitita, y toda endeble y frágil como uno la podía ver, estaba en todas las luchas. La lucha y la actividad permanente de ella se ha demostrado que también eso ayuda mucho”.

Perla recuerda entonces una conversación que mantuvo años atrás con Norita, cuando intentaba localizarla para hacerle una invitación. Después de varios llamados sin respuesta, finalmente se encontraron en la calle.

“Me agarró la mano con mucha ternura, como era, y me dijo: ‘¿Sabés qué pasa? Que el día que yo pare de luchar, me muero de tristeza’”.

La frase quedó guardada en su memoria.

“Y no se murió de tristeza. Se murió de viejita porque supo convertir su tristeza, su profunda tristeza, en lucha y con otras, tampoco en soledad”.

Para Perla, allí existe una enseñanza que también explica el sentido de Viejas del Oeste.

“Hacer con otras, desde una lucha concreta, me parece que te hace envejecer de una manera más saludable y más amigable”.

Seguir haciendo

Después de la Plaza del Orgullo Vieje, las integrantes de Viejas del Oeste se tomaron unos días para dejar pasar la euforia antes de sentarse a evaluar lo ocurrido. Pero hay algo que ya parece decidido: continuar.

“Seguramente que antes de terminar el año alguna otra movida vamos a estar haciendo, porque ahora estamos en ritmo, estamos motivadas, así que hay que aprovecharlo”.

En ese camino, Perla destaca también el papel de los medios comunitarios y locales que permitieron amplificar las actividades y llegar a personas que todavía no conocían a la organización.

“Nos permitieron poder contar lo que queríamos hacer. Eso permitió que haya gente que se enteró a través de la radio porque ni nos conocía y algunos de ellos probablemente se hayan acercado a la plaza”.

Porque, para ella, los medios locales todavía cumplen una función esencial: “Eso todavía existe”.

Y allí vuelve a aparecer una idea que atraviesa toda la experiencia: la comunidad como respuesta al aislamiento, la memoria como herramienta para no retroceder y la organización como forma concreta de disputar el lugar que la sociedad pretende asignarles a las personas mayores.

Viejas del Oeste no parece dispuesta a aceptar ese lugar.

“Queremos seguir siendo activas, sujetas políticas. Tenemos voz”.

Y quizás allí esté la síntesis más precisa de una experiencia que, lejos de pensarse como una despedida, reivindica la posibilidad de seguir empezando.

Mirá la entrevista completa a Perla Fernández, ingresando a nuestro canal de Youtube:

Un comentario en «“Queremos seguir siendo activas, sujetas políticas”»

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