Spoiler: no es solamente con inversión. Hay que ayudarlas a recuperar la dignidad.
Por más plata que les pongamos, mientras sigan produciendo Prestis seguirán siendo ajenas a la Patria.
Y Milei nos ha servido en bandeja de plata la oportunidad para pensar el asunto.
La respuesta política a la oportunista, humosa y vacía bravuconada malvinera de Javier Milei en cadena nacional no era acusarlo de «galtierización «, ni siquiera describir el contraste violento entre esa postura repentina y todo lo que ha venido haciendo desde el 10 de diciembre de 2023 (en realidad, desde que se supo ganador del balotaje contra Massa y empezó a tratar de provocar una hiperinflación con sus declaraciones enloquecidas).
La respuesta política era retarlo a duelo, levantarle la apuesta: «asumiste una causa justa, en eso te apoyamos con alma y vida, ahora avanzá y te seguimos: cumplí ya mismo las leyes que no derogaste y multá a Vanguard y Black Rock por Sea Lion y toda operación que tengan en el país, hacé lo que Galtieri no se animó a hacer, pegales en el bolsillo, porque hasta ahora el propio Galtieri hizo más que vos: hizo flamear sobre las islas la celeste y blanca, charlatán»».
La cruda realidad es que, con la sola excepción del político riocuartense Gustavo M. Terzaga y el diputado rosarino (MC) Eduardo Toniolli (ambos influidos por el socialismo de la Izquierda Nacional), no sé de nadie más que le haya cantado ese obvio retruco. Es decir: Milei no es el único que no entiende lo que pasó el 2 de abril.
Y eso es un drama. En esa unanimidad se revela porqué entre Menem, Macri y Milei el estáblishment logró restaurar, por vía electoral, el proyecto de país del 24 de marzo de 1976. Sólo que ahora por vía electoral, reitero: CON LA LEGITIMIDAD QUE NO TUVO EN 1976 NI EN 1955.
La razón es simple: en 1982, la Argentina perdió una guerra contra un país imperialista y sus elementos políticos no se hicieron cargo del significado profundo de esa derrota y de cómo superarla. Por eso la inmensa mayoría del país se ensañó con los sicarios de uniforme pero no con los funcionarios civiles de todo tipo que garantizaron el orden colonial (y mayoritariamente aprovecharon la situación para hacerse los giles, fingir espanto o pasar desapercibidos)
Y por eso esa Argentina no glorificó a sus héroes en los campos de batalla y sí victimizó a los soldados, empezando ya en el viaje de regreso a casa, durante el que buscaron de esconderlos y de adoctrinarlos en la inevitabilidad de la derrota en vez de celebrarlos como héroes, tarea que ejecutó minuciosamente el primer administrador del nuevo sometimiento, el general Bignone.
Y por eso el pueblo argentino tampoco sabe dirimir, aún hoy, el siguiente dilema, con lo cual termina anulando la capacidad de combate de las FFAA en defensa del interés nacional:
¿Hubo sicarios del 76 que en Malvinas combatieron gallardamente? Si.
¿Hubo oficiales que combatieron bien sin haber participado de la masacre, pero -formados en el clima que ésta había difundido en el seno del Ejército – estaquearon soldados (con lo cual cometían el peor de los delitos de un oficial: desmoralizarlos y debilitarlos para el combate)? Sí.
¿Y hubo civiles que vendieron al país pero hasta fueron víctimas de atentados terroristas (como Guillermo Walter Klein) o secuestros (como Bien) y seguramente supieron siempre que la masacre era parte integral de su destructivo plan económico, que hoy Milei repite? También.
¿Qué hacer con cada uno, ya que por lo visto lo que hicimos, a casi 45 años de 1983 nos trajo a Milei, la forma en que hoy podía gobernarnos Martínez de Hoz, con la encarnación actual de Adolfo Diz en el ministerio de Economía y en el de Defensa un nostálgico de Videla, el sicario más grande de todos?
La Argentina, que no entendía la relación entre el 2 de Abril y la soberanía nacional, quedó aturdida por la derrota y por eso no entendió la relación entre el 15 de junio y la amnistía a los civiles que eran el verdadero corazón del régimen de 1976.
Enfrentada a qué hacer con las FFAA no supo hasta ahora responder este tipo de preguntas, o las respondió contra el interés nacional:
¿Es la bravura en la lucha contra el imperialismo un elemento atenuante en el juicio a un sicario? ¿Lo es el buen desempeño en el enfrentamiento en el juicio por estaqueo de soldados? ¿Merece Klein comprensión por haber sufrido un atentado, Born por su secuestro, cuando se enjuicia su rol de traidores a la Patria?
Aclaro: Rodolfo Walsh responde a todas estas dudas en el Capítulo V de su Carta a los Tres Comandantes. Recomiendo su lectura. Tengo para mí que de haber estado vivo el 3 de abril de 1982, ese irlando-argentino se hubiera ofrecido como voluntario al enterarse de la toma de las Islas. Eso era cantar la Falta Envido. Muy de él.
Sólo entendiendo que el papel de cada cual en el combate al imperialismo es el primer considerando a tomar en cuenta al juzgar la guerra de las Malvinas se puede hacer justicia y cerrar la grieta entre pueblo y FFAA.
Eso sólo se puede asumir entendiendo que en 1982 un país semicolonial fue derrotado por un país imperialista, y que por lo tanto, tal como explicaba León Trotsky (sí, no se asusten) y proclamaron los primeros Congresos de la III Internacional (tampoco se asusten quienes han votado a un admirador de Thatcher y Churchill, por favor), el núcleo profundo del régimen nacido de la derrota fue, pese a todas las apariencias, peor (no mejor) que el del régimen derrotado.
Ojalá suceda pronto. Mientras eso no pase, seguiremos a ciegas. Necesitamos devolverles a las FFAA la dignidad de la que se despojaron en 1955 y, más aún, en 1976.
Sin eso, no habrá inversión en defensa que alcance.

