Uno habla y escribe como piensa. Si repite lugares comunes, describe la realidad (y actúa en consecuencia) errando al analizar la dinámica de lo cambiante.
Algunos de los más visibles y difusores de sandeces, egregios alzadores de índices apodícticos, suelen emitir estereotipos con la seguridad del profeta.
“Empujar el carro todos juntos” no aclara quién lo conduce, adónde va y cómo decidió el rumbo.
“Ir todos hacia el mismo lado”, igualmente, nunca deja claro hacia dónde… o a quién deja cerca de su casa.
“Ir hacia adelante” hace confuso saber si es un paso fuera de la cornisa, borde de la terraza, baranda del barco u otro destino azaroso.
“Que al país le vaya bien” no define qué significa y para quién. ¿En qué consiste ese “bien”? ¿Un palacio comprado con créditos del banco nacional o un plato más de polenta para la noche?.
“La pesada herencia” puede ser un Banco Central lleno de oro o de deudas.
“La salida es colectiva”, pero no establece el rol del portero, quién saldrá primero o deberá esperar.
“Gobernar para 47 millones de argentinos” deja en el aire la pregunta de qué es gobernar adecuadamente y la distribución de cargas/recompensas para cada sector social.
“Con la tuya”, tutea de igual a igual a un financista que hace plata con plata (ajena) y a un cartonero que paga Iva por un paquete de yerba. Sin contabilizar a los héroes fugadores. O siquiera recordar que pagar impuestos permite que haya escuelas/maestros, hospitales/doctores y jueces amigos.
“Se patinan los impuestos” aquellos que subsidian a las grandes fortunas de origen desconocido y no los que compran una ambulancia o patrullero, por decir obviedades no obvias para el emisor de estupideces consagradas en canales sensatos.
“La casta política” no se reemplaza con indiferentes, abstencionistas, zombis de celular, círculos rojos de amigotes de lo público, embajadas solícitas y otros afanosos oportunistas del engaño masivo o la inhibición popular.
“Poner de pie la Argentina” confunde al que hará el esfuerzo de alzarla, o se deslomará contando utilidades y privilegios. ¿Será la cabeza o los pies? Ni hablar de los que quedarán debajo de la espalda.
“El relato” es consecuencia de que hay que describir la realidad y determinar claramente hacia dónde se va, qué se hace y a tales cuáles beneficia cada medida. Quien no lo haga o engaña o miente.
“La patria está en peligro”: siempre. Gobierne quien gobierne.
“Combatir a las mafias” es un deber de los que ejercen la ley en cualquier momento, pero hay que definir a qué se refiere con mafia. Existe crimen organizado desde que hay propiedad privada sobre lo que debiera ser de utilidad común. El deseo de lo ajeno y la apropiación de privilegios de modo coordinado e ilegal alcanza a cualquier grupo humano desde que la civilización es tal. Lo podés hallar en el Nordelta o en un pasillo de villa miseria. Emprendedurismo de mala prensa.
“Hay que poner el hombro” Es algo útil para usar charreteras, apoyarse en la pared mientras fumás un pucho en la vereda u otras actividades prácticas de poco provecho social. Ahora, si se quiere decir esforzarse de modo conjunto: significa lo mismo para el propietario de diez mil hectáreas en la Pampa húmeda y para una jubilada con la mínima?
“La gente no es tonta”. Puede ser, aunque son muy populares fumar, drogarse, hacerse selfies en situaciones peligrosas, manejar ebrio, llegar a las manos ante cualquier diferencia pública, votar 2 (dos… DOS) veces a quien te empobrece y creerle a vendedores de tónicos contra la calvicie.
“Hay que sacarse la camiseta y ponerse la de Argentina”. Algo poco recomendable de hacer en lugares abiertos como Ushuaia, da por sentado que se jugará para un equipo que premiará del mismo modo y le exigirá que la transpire igual. A un usurero de 1500% en billeteras virtuales que a un repartidor de redes en bicicleta. O sea. Es decir. O sea.
“Nos dejaron el país devastado”. ¿Entonces es digno revolver las ruinas para saquear lo que queda?
“Apelar a la grandeza de la dirigencia” es algo lindo de escuchar ante un micrófono, salvo que uno sea la dirigencia y tenga que dirigir o exigir a quien evade, oculta o exporta “la suya” a la vista pública, mientras pide sacrificios a otrxs. Además, luego de cierta edad… o creciste, o quedaste petiso.
“Vamos a terminar con los privilegios”. Florido para un vino de honor en la cena de los conservadores. Vistoso y heroico. Pero andá a decirle a una familia terrateniente heredera de ladrones y asesinos de indios, que ceda unos terrenitos para una familia de pobres del conurbano…
“Hay que apostar al diálogo y el consenso”. Algo que debieran tatuarse en el brazo los que atienden a los jubilados cada miércoles.
En fin, estamos hechos de globitos de historieta en una realidad escrita por guionistas interesados. A propósito: un saludo a Cerimedo y a don Peter Thiel!
