Está visto y comprobado en numerosas y siempre aciagas ocasiones. Si a los mercados bursátiles les va “bien”, a los pueblos les irá pésimo.
El resto es un caramelo venenoso que los responsables de conservar este orden de las cosas a escala global aplican, replican y difunden como verdades de Perogrullo para que nada ni nadie ose mover un ápice de esa arquitectura que asegura un desequilibrio social a escala humanitaria, cada vez más inaudito y cuyo horizonte apenas se recubre de una muy oscura incertidumbre respecto al devenir de la humanidad en su conjunto.
En nuestro país, como no podía ser de otra forma, la etapa actual –tan parecida aunque con matices, a tantas otras etapas pretéritas que por cierto, acabaron todas del mismo modo- muestra una obsesión por asegurar súper-ganancias tanto a sectores de gran poder financiero como en particular, a aquellos que se benefician de la gran timba financiera, de la cual el mercado argentino es apenas un pequeño eslabón de escasa relevancia en el tablero internacional.
Mientras se fantasea con esos éxitos pasajeros totalmente esquivos para la realidad cotidiana de la inmensa mayoría de la sociedad, afloran datos de un país que marcha directo y sin escalas a ser una “potencia mundial”…: El Banco Central sacrificó U$D 12.400 millones para contener el dólar y proyectan un rojo peor que en 2023.
Los datos aportados por la consultora que dirige Marina Dal Poggetto, que indica que las reservas serán negativas en un monto mayor al que dejó el gobierno anterior.
Este monto es casi seis veces los U$D 2766 millones que usó para el mismo objetivo el otrora ministro Martín Guzmán, y supera ampliamente los U$D 7619 millones que “quemó” Sergio Massa.
Si lo anterior no se caracterizó precisamente por ser un lecho de rosas, el rumbo social y económico que impulsa –muy concienzudamente- este gobierno, es una manifiesta tragedia que aún depara un escenario mucho más dramático que el que ya venimos soportando.
Asimismo, Javier Milei y su claque avanzarán buscando llevar la jornada laboral hasta las 12 horas, en un obsceno retroceso de 100 años en dicha legislación, un ataque brutal contra el grueso de la población nacional. Para ello se las verá con los dirigentes que encabezan la poco enérgica CGT, presuntamente con ánimos “dialoguistas”, y apuntalándose en la propuesta presentada por el diputado radical, Martín Tetaz.
Naturalmente, el gobierno de las amplias facultades delegadas piensa avanzar ilimitadamente en toda la línea de cercenamiento de derechos e inclinación extrema de la balanza de la desigualdad, en gran medida sostenido y fortalecido por el accionar de los bloques legislativos que son “oposición de mentiritas – aspiracionales a oficialismo” y corren como mandaderos a los despachos donde se cocinan toda clase de favores y genuflexiones hacia el poder real, hoy representado por quienes ejercen el poder político desde Balcarce 50. Pero, como cualquier ciudadano mínimamente informado debería ya saber desde hace décadas, dicho poder tiene rostros y entramados empresariales en una compleja madeja que suele alcanzar los 5 continentes del globo, y que no tienen el menor interés en adquirir una exposición pública desde el ejercicio de la política o lo que quede de la misma.
Salarios aplastados tras el proceso devaluatorio e inflacionario aún vigente. Probable extensión en un 50% de las jornadas laborales. Paupérrimo sistema de atención de la salud. Intento de recortes en los presupuestos universitarios. Ausencia estatal en toda clase de acompañamiento o asistencia a las poblaciones más empobrecidas. ¿Acaso alguien piensa que algo podría salir mal?
Y sin embargo, las resistencias
Más allá de las disputas internas que el gobierno ni se molesta en maquillar, y la debilidad –cuando no, abierta complicidad- de los principales bloques de la oposición política y sindical, lo concreto es que siguen asomando focos de resistencia a las directrices que aplica la gestión libertaria en un perfecto tándem con intereses foráneos por consolidar a nuestro país como “cabeza de playa”, en un contexto de exacerbación de guerra-no-tan-fría a escala global, que abarca tanto a los aspectos económico financieros como la tendencia in crescendo a estallar focos de conflictos armados en diversas latitudes de nuestro ya muy precario equilibrio mundial.
Cada sector perjudicado por este plan de transferencia compulsiva –y dizque terminal- de riquezas a unos pocos, de a poco sale de la estupefacción inicial, y comienzan las protestas. Se reiteran las marchas por variadas problemáticas. La indignación erosiona muy lenta pero sostenidamente el humor social, incluso muchos de ellos aún imbuidos de un orgullo tan desmedido como irracional, incapaces de aceptar su yerro al haber ungido Presidente a aquel que –se podía prever sin grandes dificultades analíticas, vamos- iba a ser quien viniera a estropearles la vida cada vez un poco más.
Pero ahí están, y lentamente se multiplican desde un amplio abanico de áreas y sectores, abiertamente damnificados por el andar resuelto del gobierno nacional y cada uno de sus aliados, sin excepción.
Frente a la tímida respuesta de los sectores mayoritarios al interior de la oposición “real” y, de momento, la ausencia de un rumbo alternativo claro y de mayorías, que se atrevan al menos un poco a poner en debate los beneficios cuasi totales del establishment, el pueblo espera y, gradualmente, comienza a desesperar. La pobreza en brutal aumento, junto a la desesperación y la bronca aún apenas contenida, son peligrosos indicadores de la magnitud y la arena en la que se desarrollarán las futuras resistencias populares. A menos que algo, o alguien, sean capaces de encauzar a esas masas críticas detrás de un gran proyecto de reconstrucción nacional.
Mientras tanto, la codicia de unos y el “tiempismo” de otros que por momentos llega hasta la exasperación, dan por resultado el marco de penurias cotidianas e impostergables para más de 25 millones de seres humanos.



