La industria y la construcción están en un retroceso histórico que golpea al comercio mayorista y minorista, y al turismo interno, claro está.

En tanto, funcionarios oficialistas en cualquiera de los ámbitos que conocemos, actúan como opositores, y ediles opositores sólo lo son de mentiritas. El toma y daca vuela desde el Congreso de la nación, hasta las legislaturas provinciales y municipales como una normalidad que no debe asustar, pero aún sí tenemos la capacidad de desaprobar y señalar. Para al menos intentar contribuir a que el pozo de la cloaca no se extienda cada vez más.

En la calle, salvo manifestaciones dispersas, pasa entre nada y poco… a pesar de la tanda de nuevos aumentos generalizados que se precipitan a lo largo de este diciembre, parece primar cierta sensación de aparente estabilidad (palabrita mágica y siniestra a la vez en nuestra historia nacional), a costa de que sectores medios y populares se achican cada vez más. Los golpes al bolsillo en bienes y servicios se dan mediante “retoques” mensuales que ralentizan el impacto y permiten al gobierno continuar avanzando sin mayores obstáculos.

Sectores aún muy robustos de la sociedad continuarán insistiendo en aferrarse a la ilusión de la macroeconomía, aún habiéndose comprobado decenas de veces en nuestro país y en cualquier otra latitud del mundo, cuál es el destino final y el drama generalizado que estos modelos terminan ocasionando.

Mientras dicho drama no golpee en forma personalizada a determinados sectores medios, no nos mintamos con fantasías pseudo humanitarias y democráticas, la verdad es que les importa un pito que la mayor parte de la población padezca hambre, eventuales enfermedades evitables, desnutrición infantil, brotes psicóticos producidos por la desesperación de la carestía de vida cotidiana y todo aquel infierno de consecuencias que emergen de la pobreza extrema.

Negocios y más negociados, tablitas cambiarias, dólares iguales a pesos, monstruosos endeudamientos externos, bicicletas financieras… inundación de productos importados, déme dos… “integrarse al mundo” e infinidad de etcéteras, a cual más nauseabundo que el otro, componen la liturgia de este tiempo y los próximos meses por venir.

Por supuesto que hay razones que posibilitan que todo ello ocurra

El libertarismo engendrado en estas tierras proviene de la crisis ¿Definitiva? De nuestro sistema partidocrático tradicional. Ese universo de la fantasía individualista cada día más furiosa y fascistoide no se topa enfrente con ninguna épica verdaderamente contrapuesta, sino con una oposición que suele pegarse a sí misma, hasta el extremo de lacerar a sus mejores exponentes, en un enfermizo camino de luchas chiquitas de poder personal y puja en el reparto de prebendas y lugares expectantes en las venideras listas electorales. El problema es cuando las transas no representan objetivos mayores.

Nada de eso conmueve un ápice al interés de las mayorías, sino todo lo contrario.

Pero ojo: Descripción y análisis sí, indignación cero. Porque encima eso alimenta al discurso antipolítica de que se valen en primer término los que hacen política amparados en ese discurso.

La agenda y las acciones son fijadas por esta ultraderecha, lo aceptemos o no. Este ilusionismo fija los debates de cada semana. Y no habrá forma de modificar esas características mientras no haya acuerdos entre los principales referentes de la oposición… quiero decir, de la oposición verdadera y no de los que juegan a serlo, cuando en verdad actúan y se perciben aspiracionales a oficialistas pero siempre por las dudas caminando cerca de la borda, para cuando sea necesario saltar rápido del barco.

La otra, pero harto peligrosa para la vida concreta de millones de habitantes, será sentarse a esperar que lo inexorable suceda otra vez, y ver cómo se sigue después. Esperar a que la historia vuelva a enseñar en toda su crudeza la lección para un amplio sector de la sociedad que, no omitamos esto ya que la constante repetición de casi idénticos acontecimientos nos guía a esta definición: hacen gala de un profundo pseudo analfabetismo cívico y político.

Así las cosas, esperar a que una nueva “anomalía” devenga para cambiar el rumbo de las cosas, puede demandar años de acumulación de condiciones estructurales que permitan tal desencadenante. Resistencias firmes, eclosión financiera que una y otra vez acaba con las expectativas clasemedieras.

A diferencia de las viejas y fuertes resistencias al neoliberalismo de otroras experiencias, pareciera que hoy día las supuestas luchas se reducen a cálculos de egos y miradas cortas.

¿Será tan sólo eso? ¿O podremos esperar de ellos algo más, fundamentados en argumentos concretos y verificables en un corto plazo?

A nivel dirigencial, todo indicaría que, de momento, es sólo lo primero. Pero el ánimo confrontativo de cada vez mayores sectores sociales muy variopintos, guían hacia presuponer que nuevos vientos de duras resistencias comienzan a plantar posición, aunque aún se perciba de modo incipiente.

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