No había finalizado el año 2023 y ya me encontraba agobiado de cómo el panorama social y cultural se venía armando. Fue una noche cuando pude ver, por una de las plataformas que aún podía pagar, la película The lost daughter.
A poco de comenzar, debo decirlo, sentí un poco de envidia en la realidad que se desarrollaba ante mis ojos, allí en las costas griegas donde transcurren las escenas. Una escritora, profesora de literatura, es protagonista de una historia de por sí literaria luego de viajar a una de las islas. Las situaciones encontradas, enigmáticas, que aquella docente comenzó a vivir (Olivia Colman) mostró a poco de su instalación estar buceando en las profundidades humanas. Estoy convencido de que, en apariencia, el conflicto existencial al estilo Ingmar Bergman que desarrolla la película, viaja a contramano para los tiempos que corren. Claro digo en apariencia, porque los conflictos existenciales son aquellos que hablan de la existencia.
Leda, la escritora, desnuda el dilema de la maternidad, este acto existencial sale a flote en una suerte de transferencia de historias con otra de las visitantes, una mujer joven al lugar que ella visita. Ambas comparten “ser madres”, y en el caso de Leda emerge como problema que compite con la realización personal. En algún sentido, algo que va a contramano de su libertad. La observación, la confianza, des-confianza y el conocimiento de la otra avanza hacia la intimidad de situaciones muy privadas.
Fue, en cierta medida, que esas escenas donde ocurre la minuciosa observación mutua, la película me llevó sin buscarlo a otras dos obras clásicas. Apareció la descripción que hace Michael Foucault en Las palabras y las cosas del cuadro Las meninas y el dilema central que Luchino Visconti presenta en Muerte en Venecia. El vínculo entre Leda-mujer joven, Foucault-Las meninas y el profesor Aschenbach-el joven Tadzio sea el poder de la observación sobre un objeto no tan distinto, admirado y a la vez que agrede a quien ansía.
Así, Leda cuidó en todo momento no ser descubierta en su debilidad, cuando en su sospechoso acercamiento a la joven madre temió ser descubierta en sus propias debilidades, ser observada y sancionada por eso. En alguna medida corrió la misma suerte el profesor Aschenbach cuando muere al caer la tarde en la playa veneciana, observando la huida de lo inalcanzablemente bello.
Los sentimientos que se juegan en la poderosa contemplación, y con ello el desarrollo de una minuciosa composición mental, hace a los sujetos parte de una relación no consumada, donde los objetos son parte de una esencia intransferible e inalcanzable.

