Desde que escuché su recomendación y pude ver algunas imágenes la película accionó la llave. Trato de que alguna plataforma no le gane la partida al cine, pero lamentablemente no me sucedió con Pobres criaturas (Poor Things, 2023)[1], la película en cuestión.
Sospecho que para las épocas que corren podríamos pensar que la reivindicación del lugar de la mujer y, más específicamente, destacarla como sujeto gozoso del placer sexual, no debiera ser una novedad.
Al ver la película ambientada en una suerte de espectaculares obras de arte decimonónicas, me convencí de que aún hoy esto puede no ser necesariamente así.
Debo reconocer que las “obras jugadas” y de aristas controvertidas atrapan mi tiempo, sobre todo cuando me dispongo a poco de su comienzo por ubicarme en su contexto, que trata de no ahorrarse las complicaciones. Las metáforas cuando están bien elegidas, embellecen al relato y le dan una pertinencia que merece ser tenida en cuenta. En este caso lo fueron.

Por decirlo de otro modo, esta obra punk que refiere a todo aquello que parece estar por demás superado, demuestra por sus sutilezas que no es así.
Esta idea me quedó más que clara cuando comenzaba la pandemia y leí, en aquel momento, el último libro de Esther Díaz (2019) Filosofía punk. Dicho sea de paso, recomiendo la lectura de esta biografía de la autora, quien se desnuda en su intimidad para mostrar el desafío del goce sexual femenino, tan distinto por cierto del masculino. Creo que las cuestiones de género en muchas de sus aristas y tan en boga, deberían de diferenciar un poco más las particularidades del goce de los géneros, lo cual además de reivindicación política, tiene mucho de cultural (entiéndase lo político es cultural, aunque la cultura no termine ahí).
Justamente si algo ofrece Pobres criaturas es la posibilidad de entender que todo reduccionismo empobrece, y que la construcción de las modalidades de vínculo, de ubicación social y las elecciones son parte de la conformación cultural del cerebro. La metáfora del cerebro nuevo en el cuerpo de una mujer adulta aplaude ese comienzo y revindica toda posibilidad de que el libre albedrío se produzca, más allá de que el gestor de la obra sea un hombre, quien también entiende el valor de la libertad. Según de que época se trate, por eso la sutileza puede suponer que no resulte significativo el mensaje de la película, pues contradice bastante esa suerte de inmadurez que durante épocas dio por sentado que muchos-as no estaban capacitados para ver, pensar o gozar. La doble moral claramente marcaba los presupuestos de una sociedad decimonónica y, tal vez, haya más de una explicación para las continuidades o para las rupturas violentas, tal como lo explica Isabella Cosse (2017 p. 2):
“En Argentina, al igual que en otros países latinoamericanos, el regimen liberal decimonónicofortaleció un orden familiar basado en el matrimonio indisoluble, la desigualdad de género y el poder patriarcal. En ese orden, la infidelidad de la esposa representaba una gravosa afrenta al patriarcado porque ponía en duda el poder fálico del varón, la filiación patrilineal y con ello la trasmisión del patrimonio”.
Así también nos lo hizo ver inicialmente el Dr. Golwin Baxter (Willem Dafoe), creador de Bella Baxter (Emma Stone) aunque en el transcurso, tal como adelanté, el valor de la libertad iguala y deja atrás cualquier atavismo victoriano arcaico. Bella lo entendió y lo amó como padre. Un padre que amó su creación dotándola de sensibilidad femenina, de la capacidad de sentir y experimentar, algo que a él le había sido cercenado por su padre.
En tanto creación Pobres criaturas que nos refiere a Frankenstein el clásico de Mary Shelley. Yorgos Lanthimos, el director del film, canaliza la esencia de la obra fantástica primigenia. La figura del excéntrico Dr. Godwin Baxter, alter ego de Víctor Frankenstein, concreta su ambición de crear y dar vida a su quimera.
No resultan menos importantes en esta película fantástica los ambientes-escenarios coloridos y futuristas que dan por sentado los atisbos de una cultura que podría ser anticipatoria a su época. Así, obras tan famosas como El jardín de las delicias de El Bosco o la superabundancia de escenas que nos remite a La lección de anatomía de Rembrandt no son un detalle menor para que concurran de texturas y colores cálidos, el rojo – de quien el sueco Ingmar Bergman ha estrechado el vínculo con lo femenino-, el blanco y negro para ciertas imágenes en la memoria, y el azul para la racionalidad. Todo concurre hacia el misterio que entraña el conocimiento del cuerpo humano, y a poner en tensión la engañosa certeza de que se maneja de taquito tamaña estructura compleja llena de enigmas.
La cultura, podría decir para finalizar, como la composición de la mente y del cuerpo, son rompecabezas complejos, modelos para armar. No resisten miradas reduccionistas que explican su presencia, suponiendo inevitablemente una finalidad y/o función. La cultura moldea la biología y trata de dotar las épocas de dispositivos, aunque no faltan quienes anticiparon y aquellos que sabotean lo establecido, los cuales para alegría de todos, cuestionan las rezagadas mentes que no faltan en nuestros tiempos, las que todo lo reducen a ecuaciones y armaduras imperfectas.
[1]Es una película hiberno–anglo–estadounidense de 2023 dirigida y coproducida por YorgosLanthimos.

