Por: Mario Rapoport: Licenciado en Economía Política (UBA) y doctor en Historia de la Universidad de París I-Sorbona. Profesor asociado de Historia Económica Argentina en la Universidad de Buenos Aires e investigador y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Belgrano.

Tercera Posición

«En el orden político la tercera posición implica poner la soberanía de las naciones al servicio de la humanidad en un sistema cooperativo de gobierno mundial (…) Que es solución nos lo demuestra la realidad concreta de nuestro pueblo, que se siente feliz porque puede trabajar con dignidad; porque la propiedad, el capital y la riqueza son ahora bienes individuales en función social; porque ha desaparecido la explotación capitalista del hombre y todo clase de explotación humana y que es verdadera solución nos lo demuestra fehacientemente el hecho de que progresivamente, con la realización de nuestros planes ha ido desapareciendo la reacción comunista, que ha dejado de tener entre nosotros los argumentos valederos que posee, en los países capitalistas para ganar adeptos. Esta es nuestra tercera posición Justicialista que ofrecemos al mundo como solución de paz «.

Tres días después, en Tucumán, se declaraba la Independencia Económica.

Un margen de autonomía

¿Fue la «Tercera Posición» en la política internacional del país, un simple mito que, como tantos otros en la Argentina, persiste incólume a través de los años? ¿Representó, por el contrario, un camino inédito en el cual se sentaron las bases de una política exterior identificada con los intereses nacionales? ¿O sólo significó la continuación de una vieja tradición neutralista de la que nuestro país hizo gala, desde fines del siglo XIX, como consecuencia de su peculiar inserción en la economía mundial, donde el Atlántico asemejaba una especie de mar interior en la vinculación con Europa?

Elevar la «Tercera Posición» a la categoría de mito constituyó, tanto para los apologistas como para los críticos acérrimos, un recurso fácil. Unos vieron en ella la precursora del movimiento de no alineados, la piedra angular de una política tercermundista que no se embanderaba con ningún imperialismo. A otros, en cambio, esa misma absolutización les sirvió para someterla a una crítica demoledora, pues muchos ejemplos concretos demostraban lo contrario. Pero ambas interpretaciones son, en realidad, históricas, porque van más allá de la época, del contexto internacional y de los propósitos que la guiaron.

Considerarla, por su parte, una mera continuación del neutralismo -expresado especialmente en las guerras mundiales- que habría caracterizado a la diplomacia argentina antes de la llegada de Perón, es olvidar la estructura de poder y la constelación de intereses que conformaron, por lo general, esa diplomacia, modelada por una ecuación comercial y política cuya base de sustentación fue la «relación especial» con Gran Bretaña y Europa. Sin significar una ruptura total con los esquemas de poder anteriores, las raíces políticas y sociales del peronismo eran distintas, y empujaban en diferente dirección.

Queda, por último, saber si la «Tercera Posición» abrió un camino nuevo dentro del marco histórico en el que tuvo que desarrollarse. En este sentido, Perón visualizó con claridad el fenómeno principal de la posguerra: la existencia de un mundo bipolar hegemonizado por dos grandes potencias: EE.UU. y la URSS. Su error de pronóstico en cuanto al estallido de una tercera guerra mundial no le hizo equivocarse en otro aspecto fundamental: el intento de practicar una política que permitiera ganar márgenes de autonomía en un mundo signado por opciones irreductibles, aunque esa práctica acusara debilidades o no tuviera el éxito esperado debido al tenaz acosamiento a que se vio expuesta.

Sin abandonar la filiación con Occidente, sistema de valores a cuya pertenencia no se renunciaba, la «Tercera Posición» significó, con todo, un cambio en la ubicación internacional del país. Cambio que trascendió la retórica o el mero oportunismo, y pasó a integrar así la base de una política exterior que delineó un perfil nacional.

Por c2002403

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