Cuando me pongo a pensar en cosas que me tranquilizan, lo primero que aparece es el Ferro de Griguol de los 90. Produce muchísima calma un equipo que lo único que pretendía era empatar, equilibrar las cosas infinitamente. Hasta para el Prode era un lugar seguro. ¿Cuánto empató Ferro? era una pregunta hermosa dentro del universo hermoso de las preguntas.

Cuando todo se desbordaba ahí estaba el Ferrocarril Oeste del pelado de Griguol que contenía, que era una certeza.

Hay quienes ganan y quienes pierden o al menos eso creen. Pero también hay quienes empatan, eligen equilibrar las cosas como si fueran ciclistas de las emociones.

Empatar es un lugar seguro cuando es de noche y hay que volver a casa, y en casa no te espera nadie.

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