Desde esta columna siempre intentamos no solo brindar información, sino generar espacios para analizar, reflexionar y actuar con la finalidad de generar cambios en nuestra inclusión y relación con el resto de los componentes de aquello que denominamos “ambiente”.

La idea de esta nota es tomar la problemática asociada a la vida, acción y reproducción de las abejas, insectos que nos anteceden en la vida dentro del planeta y que  no sólo posibilitan la obtención de miel sino que a partir de las interacciones realizadas con otros seres vivos, por ejemplo con las flores de determinadas plantas silvestres y cultivadas en los procesos de polinización, nos posibilita habitar este, nuestro único planeta. En este caso, esta relación interespecífica llamada mutualismo  permite a las abejas en su visita a las flores obtener sustancias, el néctar, para fabricar su propio alimento, mientras que en ese mismo proceso se “cargan” de polen que llevarán  a las próximas flores, generado un intercambio muy propicio para desarrollar diversidad esencial en los procesos de selección natural y adaptación a diferentes ambientes. 

Estos insectos son indispensables  a nivel ecológico, porque aseguran la producción de semillas de muchas especies nativas, naturalizadas y cultivadas. La polinización  de los cultivos entomófilos se ve afectada por la disminución de los polinizadores naturales, debido a la acción directa e indirecta (contaminación del agua y del néctar) de las aplicaciones de plaguicidas sobre los mismos.

El avance del cultivo de soja junto a la ausencia de rotaciones, por ejemplo con girasol, determinan una simplificación de los agroecosistemas, aspecto que a su vez determina  una mayor dependencia de la utilización de agroquímicos, los cuales son aplicados tanto por vía aérea como por vía terrestre. Se reduce la biodiversidad en general y la relativa a los vegetales en particular, es decir las plantas cultivadas y silvestres que puedan alimentar a las abejas.

Por otra parte, el uso continuo de insecticidas resulta tóxico para las abejas, tales los casos del  imidacloprid y el fipronil, que determinan una mayor mortandad de estos insectos. El uso permanente de estos plaguicidas genera resistencia en los insectos perjudiciales – chinches, gusanos, pulgones – determinando, en un círculo vicioso, una mayor utilización mediante el incremento del número de aplicaciones y las dosis. Dado que las aplicaciones se realizan permanentemente a lo largo del ciclo de cada cultivo y que suele no comunicarse esta práctica a los apicultores,  el efecto puede ser letal.

En nuestro país son variados y complementarios los factores que permiten el desarrollo de la actividad apícola, ya sea para autoconsumo como para generar ingresos en la familias rurales; el clima favorable de tipo templado, así como la abundancia de flores de especies silvestres y cultivadas con abundante producción de néctar y de polen, entre las que se destacan: Taraxacum officinale “diente de león”; Trifollium repens “Trébol blanco”; Matricaria chamomilla ”manzanilla”; Brassica alba “colza”; Silybum marianum “cardo blanco”; lotus sp “lotus”; cirsium vulgare “cardo negro”; Echium plantagenium “flor morada”; Mellilotus alba “trébol de olor blanco”; Mellilotus officinalis ”trébol de olor amarillo”; Raphanus sativus “nabón”, Brassica nigra “mostacilla”;Medicago sativa “alfalfa”; Medicago arabica “trébol de carretilla… resultan especies vegetales que a su vez cubren, nutren  y protegen el suelo y alimentan a una gran cantidad de seres, vivos incluidos los seres humanos.

Las abejas elaboran varios productos para su propia vida y desarrollo de la colmena en su conjunto, un organismo vivo en sí mismo, con sus propias pautas de organización. Productos que los seres humanos solemos aprovechar no siempre en las mejores condiciones.

La miel es la sustancia natural dulce, producida por la abeja a partir del néctar de las plantas o de secreciones de partes vivas de plantas o de excreciones de insectos chupadores presentes en las partes vivas de las plantas (como las cochinillas y pulgones), que las abejas recolectan, transforman combinándolas con sustancias específicas propias, las cuales a su vez deshidratan,  y almacenan en la colmena para que madure.

El polen aparte de su vital intervención en el proceso de fecundación de las flores y en la alimentación de las abejas, tiene múltiples aplicaciones: cosmética, alimentación humana y farmacología. Para la obtención del polen hay que seleccionar colmenas fuertes  y rotarlas para que la producción de la colonia no se vea afectada.

La jalea real es un producto natural de la secreción de unas glándulas de las abejas nodrizas, que son las encargadas de llevar el alimento a las reinas y a las larvas los primeros días de vida. De este producto depende la expectativa de vida  de la reina y de la familia que cohabita la colena en su conjunto. Es el alimento más concentrado en nutrientes de la naturaleza, por su equilibrado conjunto de vitaminas, minerales y elementos vitales imponderables, por lo que entre otras cuestiones, juega un rol decisivo en los procesos de restitución celular.

La cera constituye un producto apícola tradicional, que las abejas usan para construir sus nidos. Es producida por las abejas melíferas jóvenes que la segregan como líquido a través de sus glándulas ceríferas. Al contacto con el aire, la cera se endurece. Las abejas la usan para construir los alvéolos hexagonales de sus panales, ya estructurados rígida y eficientemente. Por su parte, las abejas melíferas recogen la resina y la goma de las partes deterioradas de las plantas para elaborar el propóleo. Esta sustancia pegajosa, generalmente de color marrón, se utiliza para embalsamar los cuerpos de ratones y otros depredadores demasiado grandes, que las abejas no pueden alejar de sus nidos y que al descomponerse son una fuente de infecciones. Además, lo utilizan para mantener sus nidos secos, protegidos de las corrientes de aire, seguras y limpias y como insumo en la construcción para regular el tamaño de las entradas de los nidos y para hacer la superficie más lisa. Se le han determinado propiedades bactericidas y bacteriostáticas, fungicidas, antivirales, antiinflamatorias, anestésicas, cicatrizantes y epitelizantes, citotóxicas, y también como antioxidante y conservante.

Las poblaciones de abejas melíferas han ido disminuyendo en forma notoria, fenómeno conocido como Trastorno del Colapso de Colonias (CCD). En este aspecto, los plaguicidas pueden ser un factor constituyente, junto con los parásitos, las enfermedades y las condiciones climáticas desfavorables. Los plaguicidas a bajas concentraciones, que no matan directamente a las abejas, igualmente pueden tener efectos subletales como la alteración de la conducta en una colonia que ya está bajo el estrés de una enfermedad.

Los plaguicidas denominados neonicotinoides son los responsables de desencadenar problemas en el sistema nervioso de las abejas, afectado su sistema nervioso y desde allí por ejemplo sus posibilidades de locomoción, incluido el vuelo. Los insecticidas como imidacloprid y fipronil constituyen los más reconocidos por su toxicidad para las abejas. Países como  Francia y España  los retiraron del mercado determinado que la Unión Europea en su conjunto los prohibiera.

Aún con una mirada fragmentada y economicista, constituida por servicios eco sistémico, el colapso de colonias es importante debido a que muchos cultivos agrícolas en todo el mundo son polinizados por las abejas. Estos servicios valoran el aporte económico brindado por los bienes comunes naturales, incluida la vida natural, que pueden brindar gratuitamente a los seres humanos.

La aplicación  de agrotóxicos y sus mezclas en las cercanías o sobre las colmenas, provocando efectos nocivos sobre las poblaciones de abejas, constituye una clara señal de alarma sobre la continuidad de la vida, incluida la nuestra, sobre nuestro único hábitat integral, constituido por el planeta tierra.

Un comentario en «La vida de las abejas: una cosmovisión biocéntrica sobre los problemas ambientales»
  1. Excelente investigación sobre los daños que causan los agroquímicos ya sea contaminado el aire, suelo y agua y también el daño a tantos seres vivos que son necesarios en los ecosistemas, y que estén bajando las colonias de abejas por el uso de los productos mencionados es un desatino absoluto! Cuál es el fin de tanta explotación agraria? Si igualmente se mueren miles de seres humanos en el mundo por hambre!! Y que con el afán de mejorar la productividad de cultivos no se mide el daño ambiental irreversible que se está dando! Se debería tomar medidas con inmediatez para proteger a las abejas que tienen un rol tan preponderante en la vida del planeta!!! Ojalá se logre!!!
    Gracias Ingeniero Javier Souza Casadinho por su constante aporte y preocupación por el Medio Ambiente!

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