Continuando con los sistemas agroalimentarios, la idea de esta semana es presentar, en la interface de provisión de insumos y producción agraria, la utilización creciente de herbicidas sintéticos, los denominados “matayuyos”.
Las plantas que cultivamos, y que son la base de nuestra alimentación, son originarias y se hallan emparentadas con las plantas silvestres. Es más, muchos de nosotros comemos plantas silvestres que superan en calidad alimentaria a aquellas que cultivamos. Prueba de ello son el diente de león, la verdolaga, el cardo de castilla, la borraja, etc.
Pero, fruto de una mirada fragmentada, reduccionista y extractivista, una parte de los productores agrarios, acompañados por las empresas productoras de plaguicidas y las mismas instituciones del Estado, han encarado una batalla para aniquilarlas.
Si analizamos la información que nos llega, ya desde las empresas transnacionales, las organizaciones de productores, del actual gobierno y anteriores, pareciera que como país estaríamos condenados a continuar investigando, liberando al medio, adoptando y consumiendo “nuevos” cultivos transgénicos resistentes a “viejos” herbicidas a fin de “combatir” a las “malezas”.
Imaginamos que las plantas silvestres avanzan caprichosamente, compitiendo con los cultivos por agua, nutrientes y energía solar. No nos detenemos a analizar que son las mismas estrategias y prácticas agrícolas puestas en juego las que determinan que las plantas silvestres expandan su superficie de acción, se tornen resistentes a las dosis “normales” de los herbicidas y, aún, compitan mejor con los cultivos.
El manejo inadecuado de las hierbas silvestres no solo requiere grandes cantidades de dinero, eleva la demanda de herbicidas con su consecuente contaminación de los bienes naturales, seres humanos incluidos, sino que a su vez incide fuertemente en la disposición de la mano de obra familiar.
Aún en los predios de productores familiares, los productores dedican más del 50% de su tiempo al control de “malezas”, tarea que es realizada sobre todo por las mujeres y los niños de la familia.
Desde hace milenios se ha dado una co-evolución entre las plantas silvestres y las especies cultivadas por los seres humanos. Las plantas silvestres están bien adaptadas al cultivo con el cual compiten en razón de sus características morfológicas y fisiológicas.
La naturaleza es persistente, constante. Los seres humanos podemos controlar unos tipos de plantas, pero recreamos condiciones para otras. Las plantas silvestres siempre van a dominar por el crecimiento rápido y por su adaptación. Si los seres humanos no somos cuidadosos crearíamos serios problemas.
En relación al manejo de las plantas silvestres, ¿podemos esperar un resultado distinto empleando las mismas prácticas? No. Y es por ello que debemos reflexionar para actuar en consecuencia. Aquí unas preguntas básicas para hacernos.
¿A qué se llama “malezas”?
Hay varios conceptos que emparentamos, confundimos y hasta a veces intercambiamos: yuyos, plantas silvestres, plantas arvenses, pastos, hierbas, malezas… pero ¿qué son en realidad?
El concepto maleza es un concepto antropocéntrico, una mirada sesgada de los seres humanos hacia la naturaleza, desde una posición dominante.
En términos simples se denomina “maleza” a toda planta que nace en el momento y lugar inadecuado, compitiendo por agua, luz y nutrientes con los cultivos implantados.
También definimos como maleza “a toda especie vegetal originaria de ambientes naturales y que como respuesta a la actividad humana comienza a interferir en los cultivos realizados por el hombre”.
Para otros investigadores son “aquellas plantas que interfieren con la actividad humana en áreas cultivadas y no cultivadas”.
En ocasiones ciertas especies son denominadas malezas cuando no son deseables en una determinada situación, ya sea productiva, paisajista o estética.
Otras definiciones se centran en su carácter nocivo: “Las plantas nocivas son indeseables”. Una planta determinada es nociva solo si el hombre así lo determina.
Se considera que las plantas son nocivas cuando obstaculizan la utilización de la tierra y los recursos hidráulicos o, también, si se interponen en forma adversa al bienestar humano.
Hay plantas nocivas porque son venenosas para el ganado o debido a que afectan la cantidad y calidad de productos animales.
Entonces queda claro que las plantas silvestres pueden tornarse en “malezas” según el lugar donde aparecen y el momento en que lo hacen.
Según esta visión, una planta de Cardo Mariano puede ser una “maleza” en un cultivo implantado, pero puede ser de uso medicinal si se cosechan sus frutos. Lo mismo ocurre con la soja: puede ser un cultivo de exportación pero una “maleza” en un cultivo de maíz.
Está claro que el nombre asignado se relaciona con la persona que lo evalúa, el momento y el territorio donde se hace dicha evaluación, sin olvidar las condiciones económicas y la propia cosmovisión sobre la inclusión de los seres humanos en la naturaleza.
¿Las plantas silvestres son malezas?
En general NO, aunque derivado de la ausencia de planificación y de la ejecución de prácticas agrícolas inadecuadas y aisladas, la expansión y competencia de algunas de estas especies pueden hacer inviable económicamente, y aún en términos de provisión de alimentos, la realización y cosecha de un cultivo.
La naturaleza se expresa siempre a partir de la diversidad biológica. De esta manera las plantas, los animales, las bacterias, van ocupando un lugar en los ecosistemas y en ellos cumplen una función.
Es así que la cantidad de agua en el suelo, la luminosidad, la temperatura determinarán las especies que podrán vivir allí y, según su especie, producir, consumir o descomponer el alimento.
La biodiversidad es vital para la nutrición adecuada de los suelos y el equilibrio entre los componentes del sistema a partir de la recreación de los ciclos, flujos y relaciones establecidas.
La biodiversidad brinda sustentabilidad, resiliencia y estabilidad ecológica a los agroecosistemas, así como viabilidad económica.
Las plantas silvestres pueden constituirse en un excelente alimento humano, como la borraja; alimento animal como el raygrass (nombrada como cizaña en la Biblia); en plantas medicinales como el trébol de olor; en magnífico aporte de materia orgánica al suelo como la cebadilla; en plantas que suministran polen y néctar como el diente de león; en la alimentación de pájaros como el yuyo colorado; en materiales para la construcción de casas como el acacio negro; y en plantas trampas de insectos que viven en las huertas como la cerraja.
¿Por qué algunas plantas silvestres se transforman en un grave problema desde el punto de vista agronómico?
En primer lugar debemos pensar en que la agricultura “moderna” o de “agronegocios” se basa en monocultivos y que, al ir en contra de la naturaleza, estos monocultivos no reproducen las condiciones de existencia, es decir no nutren adecuadamente a los suelos ni contribuyen a la complejidad y relaciones que se establecen en los sistemas naturales, por lo cual dependen de la aplicación permanente y creciente de plaguicidas, incluidos los herbicidas.
En segundo lugar, como se verá más adelante, el uso reiterado de las mismas formulaciones de herbicidas tornó a las plantas silvestres en resistentes a esos químicos.
¿Cómo se relacionan las prácticas agrícolas con la aparición de plantas silvestres?
La mayoría de las especies de “malezas” se originaron de especies silvestres colonizadoras y evolucionaron adaptándose a la actividad agropecuaria. Conservaron características propias de su capacidad de colonización y fueron distribuidas por los seres humanos más allá de sus sitios de origen.
La selección generada por las prácticas agrícolas frecuentemente resulta en la evolución de nuevas razas o biotopos íntimamente asociados al cultivo en que se encuentran.
Así se genera un proceso denominado mimetización entre especies cultivadas y las plantas silvestres, resultando en una similitud morfológica y fisiológica que genera mayores dificultades en el manejo.
De esta manera el procedimiento de cultivo que se aplica, junto con el manejo del hábitat, determina, al menos en las zonas agrícolas, la persistencia de especies de plantas potencialmente dañinas y, por lo tanto, la particular asociación de un cultivo y una planta nociva.
Por su parte, la selección dentro de cada especie de las plantas denominadas “malezas” por la agricultura conduce a una comunidad de malezas, que es inherentemente un reflejo instantáneo de la flora residente latente en el suelo.
Con el cultivo continuado la duración de la selección interespecífica aumenta y sobre la superficie del terreno se desarrollará una flora indeseable que característicamente refleja tanto el tiempo como el tipo de cultivo.
En el desarrollo de la agricultura moderna, antes del uso intensivo de los medios químicos en el control de malezas, el reconocimiento de la importancia del cultivo como agente de selección interespecífico dio lugar a la introducción de la rotación de cultivos como método de control de malezas.
En el pasado más reciente, cuando los herbicidas se aplicaron extensamente para el control de malezas dicotiledóneas, las especies gramíneas comenzaron a predominar en abundancia.
De esta forma, el control químico constituye una fuerza selectiva.
¿Cuáles son las prácticas agrícolas que han favorecido la distribución, evolución e incremento de las poblaciones?
a- Las tareas de labranza previas a la implantación de cultivos.
La labranza del suelo eleva la germinación de las semillas. La siembra sin laboreo puede producir mayor diversidad de especies de las gramíneas en detrimento de las dicotiledóneas.
b- El monocultivo.
El cultivo reiterado de las mismas especies promueve el crecimiento de determinadas plantas silvestres. El monocultivo propicia el incremento y la permanencia de semillas en el “banco de semillas” del suelo.
c- El uso de herbicidas.
Por ejemplo, el uso reiterado del 2,4 D favoreció el desarrollo de la avena fatua.
d- La utilización permanente de las mismas o similares formulaciones de herbicidas, como el glifosato, generando condiciones de selección de especies naturalmente tolerantes al herbicida, individuos resistentes en una población y de especies que presentan mecanismos de adaptación ecológica tales como la dinámica de emergencia, para escapar de la acción del herbicida.
e- La dispersión de semillas durante la cosecha de los cultivos, en especial cuando la planta silvestre y el cultivo poseen similitudes morfológicas y fenológicas.
d- El riego, en el caso del diente de león y de Chenopodium álbum.
e- El cambio de variedades y la fertilización con nitrógeno.
El cultivo de variedades de arroz de porte bajo son menos competitivas que las variedades tradicionales de mayor porte, especialmente con niveles altos de fertilización. Así, la modernización que incluye estos dos factores conlleva una demanda acompañante de un mayor manejo de las malezas.
Continuamos en el próximo número.


Gran tema ingeniero.
En el intercambio de prácticas y conocimientos con huerteros y agricultores he aprendido del alto valor nutricional de las silvestres , las de cada lugar, adaptadas y reproduciéndose para nuestro sustento y para mantener el equilibrio ecológico de ese ecosistema.
Si pasamos por un territorio de monocultivos de lejos lo podemos reconocer por la » frontera» ancha y seca de silvestres arrasadas por los plaguicidas.Nada queda, a mi entender.
Cómo remediar ?
Seguiremos aprendiendo en su próximo capítulo…
Gracias !!!!
Muchas gracias por este artículo. Me parece muy importante la reflexión que hace sobre las plantas silvestres y cómo muchas veces se consideran “malezas” sin reconocer el papel que tienen dentro de los ecosistemas y de los sistemas agroalimentarios. También es interesante pensar que el problema no siempre son las plantas, sino el modelo de agricultura que se basa mucho en monocultivos y en el uso de herbicidas. Este tema es clave para quienes vivimos o venimos de zonas rurales, porque habla de la biodiversidad, del cuidado del suelo y de la forma en que producimos nuestros alimentos. Ojalá se siga promoviendo una agricultura más sostenible y que valore más el conocimiento del campo.
Muy importante conocer sobre las plantas que muchas personas creen que son solo montes cuando en realidad desconocen sus múltiples beneficios y ventajas que tienen cada una de ellas, si pensamos en algo que sea bueno para todos nosotros pensemos en la forma de cuidar y identificar cuales son las plantas que nos pueden ayudar a mantener equilibrado nuestros ecosistemas.
EXELENTE