Boca no logra salir de su momento irregular. En una Bombonera que pasó de la ilusión al malestar en cuestión de minutos, el equipo de Claudio Úbeda igualó 1-1 ante Gimnasia de Mendoza y ya acumula cuatro partidos sin ganar. De los últimos 12 puntos en juego, apenas sumó tres.
El encuentro arrancó con expectativas renovadas. Tras el triunfo por Copa Argentina y el buen debut de Adam Bareiro, el cuerpo técnico apostó por una formación con seis cambios y un planteo más ofensivo. Sin embargo, la idea no terminó de funcionar. Faltó conexión entre el mediocampo y los delanteros, que quedaron demasiado aislados y dependieron más del esfuerzo individual que del juego asociado.
Una vez más, la principal vía de ataque fue el desborde de Blanco por la izquierda y sus centros al área, ahora con la presencia de un “9” fuerte en el juego aéreo. Pero mientras en ataque insinuaba peligro, en defensa volvió a mostrar debilidades. En dos acciones consecutivas a pelota parada, Gimnasia sorprendió y se adelantó gracias a un anticipo de Luciano Paredes.
El gol visitante desató nervios e imprecisiones en Boca. El equipo cayó en la ansiedad y le costó imponer condiciones frente a un rival ordenado y oportunista. Cuando peor la pasaba, llegó el empate: centro desde la izquierda, Bareiro la bajó y Miguel Merentiel definió de primera para poner el 1-1 y devolverle algo de tranquilidad al estadio.
El impulso, sin embargo, se frenó antes del descanso. Un tanto de Bareiro fue anulado en una jugada que pudo haber cambiado el desarrollo del partido. Ese golpe afectó anímicamente al equipo, que en el complemento intentó con más empuje que claridad.
Los ingresos de Leandro Paredes y el juvenil Aranda le dieron algo más de dinámica y frescura. El joven mostró personalidad y generó varias situaciones, aunque no estuvo fino en la definición. Gimnasia, replegado, resistió cada avance y terminó asegurando el empate. El calendario es extenso y todavía hay margen para corregir. Sin embargo, hay señales que preocupan: Boca volvió a dejar puntos en casa y la reacción final del público fue de desaprobación generalizada. El equipo parece moverse en una zona incómoda, donde cada error pesa más de la cuenta y la paciencia comienza a agotarse.
River inició la etapa post Gallardo con un empate en Mendoza
River abrió un nuevo capítulo tras la salida de Marcelo Gallardo con un empate 1-1 frente a Independiente Rivadavia en Mendoza. El equipo comenzó en desventaja por un gran gol de Gonzalo Ríos, pero logró igualarlo gracias a un cabezazo de Gonzalo Montiel. Ahora, el plantel aguarda la llegada de Eduardo Coudet, quien tendrá la misión de reordenar el rumbo.
El encuentro dejó sensaciones mixtas. Por momentos, River insinuó una reacción y mostró destellos de jerarquía, pero en otros tramos evidenció fragilidad y desorganización. Hubo pasajes en los que el conjunto mendocino lo superó con claridad y generó la sensación de que podía ampliar la diferencia.
El empate llegó casi como un desahogo. Montiel, lateral pero con olfato goleador en este arranque de temporada, apareció por sorpresa en el área para conectar de cabeza y establecer el 1-1. El tanto maquilló una actuación irregular, marcada por altibajos emocionales y errores puntuales.
En varios sectores del campo se repitió la misma tónica: buenas intenciones que se diluían rápido. Hubo jugadores que alternaron aciertos con fallas llamativas, pérdidas evitables y decisiones apresuradas. Esa inestabilidad colectiva dejó en evidencia que el equipo todavía no encuentra una identidad clara ni una línea de juego sostenida.
Dentro de ese panorama, el arquero Santiago Beltrán fue uno de los puntos altos. Sus intervenciones, especialmente dos atajadas decisivas en el segundo tiempo, resultaron fundamentales para sostener el empate. En el gol de Ríos, un remate potente desde afuera del área, poco pudo hacer.
Más allá del punto rescatado, River volvió a mostrar dificultades para imponer condiciones y transmitir seguridad. Al menos, logró cortar una racha negativa: hacía varios partidos que, cuando empezaba perdiendo, terminaba cayendo. Esta vez pudo reaccionar, aunque sin brillo.
La era post Gallardo comenzó con más interrogantes que certezas. El desafío ahora será transformar esas dudas en una estructura sólida bajo la conducción de Coudet, quien tendrá muchísimo laburito por delante.


