Buscar paralelismos en la historia y registrar ecos de nuestros males presentes, es un ejercicio útil para dimensionar con mejor precisión. En una de mis vidas fui historiador, y eso tira…

Una pregunta siempre presente fue por qué cientos de miles de campesinos sureños, alzaron sus armas y murieron por defender la esclavitud en la “cuna” de la democracia.

Esto es, el carozo de la guerra de Secesión del sur estadounidense, donde durante 4 años se llegó a la cifra de 600 mil muertos entre ambos bandos, blancos en su inmensa mayoría, entre 1861 y 1865.

La sociedad del sur tenía en 1860 aproximadamente 9 millones de personas, de las cuales poco menos que la mitad era negra y esclava. El censo de ese año registró que sólo el 26% de las familias eran propietarias de esa mano de obra cautiva. 10 mil de ellas con más de 50 y sólo 3000 con más de 100.

Una sociedad rural extractivista que destruía la tierra con el cultivo del algodón y necesitaba nuevas para expandirse. Debía distribuir el crecimiento vegetativo de los negros (en 1790 eran 235 mil y llegaron a 4 millones en 1860). Además de erigir nuevos estados que equilibraran en el Congreso los números de representantes esclavistas y no esclavistas.

Incentivo de guerra contra México fue precisamente apoderarse de Texas y convertirlo en esclavista. En el México de 1840 no había esclavitud, aunque eso no lo cuenta para John Wayne en su épica película “El Alamo”, una batallita menor y derrota absoluta yanqui, convertida en gesta fundante del espíritu de frontera norteño.

El sur inició la guerra, bombardeando un fuerte del gobierno federal, el gesto fundante de una nueva Confederación de, diríamos aquí, provincias separatistas.

El norte industrialista estaba recibiendo mano de obra inmigrante (en especial alemana e irlandesa), se expandía hacia el oeste en tierras robadas a los pieles rojas/naciones de la pradera originarias. Los pobres recién llegados eran más baratos que los esclavos: no debían ser mantenidos cuando quedaban desocupados.

Con una población mucho mayor y capacidad de producir armas, ferrocarrilles y pertrechos, el presidente del Norte tenía la responsabilidad de volver a reunir a los estados rebeldes, a todo o nada. Los del sur debían resistir y conseguir el reconocimiento/apoyo de los gobiernos europeos, el imperio inglés preferentemente, mercado que absorbía el algodón para su despegue industrial.

Vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué granjeros que apenas sobrevivían con cultivos de subsistencia, en su mayoría analfabetos, fueron a defender lo que llamaban la “peculiar institución”?

Iban a la batalla con lo que conseguían, portando armas cada vez mas obsoletas frente a los fusiles Springfield 1861 de ánima rayada, balas Minié más precisas o los rifles de repetición del norte. Fueron capaces de sufrir las penalidades de la guerra del siglo XIX, disentería, tifus, y equipos médicos que utilizaban la amputación como solución rápida en el campo de batalla.

La mayor parte de las bajas fue por enfermedades en poblaciones mal alimentadas, escasa higiene, sin cuidado sobre la contaminación del agua y en contacto con miles de cadáveres.

Acá el resultado final fue sensiblemente distinto.

En nuestro rincón patrio de la injusticia ganó el sur y los que se proclamaron dueños de las pampas hicieron un país a la medida de su avaricia: echaron y masacraron a los primeros habitantes (hecho costumbre en los “blancos sureños” de aquí y allá). Luego llevaron una guerra de exterminio contra los caudillos y paisanos que intentaron mantener sus oficios artesanales y el modo de vida de las regiones no ligadas al comercio de importación inglés.

Con su hábito democrático de eliminar a quien proteste o no se ajuste al cintazo del que manda, no dudaron en enviar a fusilar inmigrantes rebeldes en las estancias de la estepa sur. Del mismo modo que bombardearon civiles en 1955 o desaparecieron revolucionarios en 1976.

Una consecuencia de la pedagogía del poder, es la respuesta que da quien vive de un sueldo y declara ser clase media: Aquellos que suelen necesitar sentirse superiores a un trabajador, mejor que un planero o un desocupado.

Con consumo insuficiente y fin de mes el día 10. Si uno mide los ingresos, la mayor parte de la población ES POBRE. Es decir, no consigue recursos para cubrir la canasta básica.

Pero no reconocerse parte del colectivo explotado es verse en un espejo deforme y se actúa en consecuencia.

Por ejemplo: querer ser como esa minoría con yate, casa en Nordelta o Puerto Madero, automóviles de “alta gama”, vacaciones en Miami o playa brasileña… hijos en escuela privada y prepaga… aspirar al sueño de muchos, ser como aquellos “señores” rubios, manejar dólares. Incluso como hacen los multimillonarios del norte: considerar a los demás como ganado…

Realidad lejana, ilusión presente a golpes de propaganda y rating de ricos y famosos.

Incluso políticos a la Kueider o Insaurraldes. Aspirantes a burgueses sin capital productivo que los sostengan. Gustosos se sacrifican defendiendo los argumentos de patrones sólidos, poderes o empresas extranjeras. Alzan las manos necesarias y luego, a cobrar. Cómplices del poder real, a quienes un juez de vez en cuando les da una condena en suspenso y a disfrutar la jubilación de lujo.

La racionalidad dominante es la impunidad. Y para los que “joden”, es muy simple: Meta prisión efectiva, tobillera y escarnio.

Con una moral dudosa que considera intolerable cortar una calle protestando mientras al mismo tiempo aceptan sin quejas el castigo a personas discapacitadas, jubilados, familias durmiendo en la vereda, el asesinato de jóvenes varones, el desmantelamiento de la salud pública, despidos masivos en el Estado pero también en la economía privada, en fin… aceptan la burla permanente de los que ostentan el poder. Ello revela una ruptura moral evidente, que fuerza todo cuesta arriba para la reconstrucción de cualquier país portador de un horizonte vivible.

Esa es nuestra tarea, apelando a la pedagogía del ejemplo, la austeridad, la explicación suficiente y la orgánica permanente para defenderla tanto de los privilegiados como de sus soldados aspiracionales.

Un comentario en «Supremacismo»
  1. Muy buena está nota. Conviene leerla 2 veces. Análisis fundamental, que no estamos acostumbrados a recibir de los medios de comunicación superficiales y obsecuentes nac&pop.

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