Serpiente que, como señalé días atrás, en cuanto crezca un poco más, va a salir a buscar la sangre con la cual alimentarse. Y probablemente todo esfuerzo tardío sea exactamente eso: Una heroicidad a mitad de camino, llegada a destiempo.

Y después no quiero ni escuchar que me digan «bueno, pero concedámosle esto que no está tan mal, y bla bla bla». La sistematicidad en el rechazo y la intransigencia a absolutamente todo lo que proponga el gobierno argentino, es un elemento a partir de ahora, distintivo de quienes realmente piensen en términos de salvación nacional. Todo lo demás es puro ejercicio apátrida. Y como me dijo un joven muy lúcido en la calle esta tarde, «si ya estamos en el medio de la ley de la selva, ser razonables no sirve para nada. Llegó el momento de organizar la tribu».

Acá va el dato duro, por si aún no lo saben:

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) encendió las alertas por el crecimiento sostenido de contagios de sarampión en América. Según la OPS, en Argentina, la primera dosis de la vacuna contra el sarampión alcanzó al 82% de la población objetivo en 2024, mientras que la segunda llegó apenas al 46%. Los niveles se ubican por debajo del umbral recomendado para garantizar la inmunidad comunitaria. 

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