Abrir las importaciones sin control ni protección arancelaria, significa que entra la producción de países con apoyo estatal. Si encima una potencia como China avanza en tecnología robótica y una flota (la que nuestra clase dominante abandonó) invade el mundo con sus mercancías industriales, pues será peor.

 Abandonar los subsidios y zonas de fomento, como Tierra del Fuego, lleva a que las fábricas queden al desnudo para competir con economías más fuertes, planificadas desde el Estado para conquistar mercados.

 Desmantelar y desfinanciar el sistema de investigación científica para apoyar el desarrollo de la producción en todas sus variantes, es expulsar mentes valiosas, detener investigaciones y perder el empuje que necesita la economía para competir a nivel mundial.

 Reducir hasta los huesos la capacidad de compra de los consumidores, mediante el achicamiento de los salarios y jubilaciones, el freno de las paritarias, el desguace de planteles del Estado, el congelamiento de subsidios a los desocupados y todo el modelo de protección social… lleva a que disminuya el mercado interno, principal motor de la generación de puestos de trabajo, comercio interno y circulación de ingresos.

Desregular y descontrolar la competencia de grandes y pequeñas empresas es abrir al ingreso de tiburones a la pecera… es permitir que cierren las más chicas y empeore la situación de la clase media y los trabajadores dependientes de pymes y cooperativas.

Las tasas de interés generan el nivel de ganancias esperado para pedir y pagar créditos, necesarios para la circulación y mantenimiento general del aparato productivo.

Endeudar al país obliga a ajustar gastos y se lleva los billetes útiles para el comercio internacional, para crecer y mejorar la riqueza nacional.

Vender de apuro el oro del tesoro nos debilita como economía global frente a otros países.

Permitir que los grandes ganadores se lleven los capitales obtenidos con trabajo local, sin restricciones, lleva a que no haya ahorro ni recursos para producir más riqueza nacional.

Reducir los impuestos a los más ricos conduce a que el Estado se achica y debilita como poder motorizador de la economía.

Todo era sabido: lo vivimos previamente, y venimos avisándolo desde octubre de 2023.

Ahora viene el tiempo de pagar la cuenta y de las consecuencias del “había que hacer otra cosa”, de “darle tiempo” y de “viva la libertad, carajo!”

Y de pensar cómo saldremos de este pozo.

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