Mucho más lejos que la vacua prédica de defender a unas instituciones que hace rato son poquito más que un cascarón vacío y seco, que no brindan soluciones justas a las esperanzas y necesidades populares, lo que se desmorona estruendosamente en este tiempo, son los cimientos ético morales de una gran parte de la sociedad.
Y en eso, nos va llegando una trompada de nocaut. Otra más.
Quiénes son más dañinos para la confianza social en la democracia representativa, apenas vigente en ciertas formas que ya van feneciendo a toda velocidad? ¿Un oficialismo de explícito corte neoconservador filo fascista? ¿O la presencia de amplias franjas de fuerzas dizque opositoras, que sobreactúan oposición algunas veces en el Congreso y ante los micrófonos de los principales multimedios, para luego hacer un solo cuerpo en cada votación trascendental, junto a la ultraderecha gobernante? De este modo, sólo honran la idea –fascista si las hay- del “partido único” que viene pregonando Balcarce 50 y seguramente entre bambalinas, la AEA, la Mesa de Enlace, la Embajada, el FMI… y sólo para enunciar a los principales interesados en que ello germine de una vez en estas latitudes.
Y en eso andamos, mientras muchos de a pie observan, ríen y festejan ante cada insensatez y accionar macabro… y madura otro cross al hígado con sabor a nocaut civilizatorio en estas pampas de América del Sur.
La transa a cambio de dádivas es la moneda corriente de nuestros días, en la que un gobierno de corte totalitario que ya reclama erigirse en un partido único, recibe la aceptación por resignación, por oportunismo ramplón o por convicción poco confesable, de la mayoría de los gobernadores del país, que en otros tiempos y por muchísimo menos que el panorama actual, habrían puesto el grito en el cielo, acusando de discrecionalidad en el manejo de los fondos nacionales por parte de cualquier gobierno de raíz popular. Y los grandes medios habrían vociferado que el Congreso se habría convertido en una “escribanía”.
Pero cuando se trata de hacer pedazos al tejido social, moral y cultural del pueblo trabajador. Cuando se trata de fascistizar por la fuerza, claro está, a la matriz psico-cognitiva nacional. Cuando se trata de vender acaso de modo irreparable al país entero a los designios impoeriales que manipulan Occidente con más látigo que chequera… para todos esos casos, la entronización del más feroz autoritarismo en el gobierno está “perfecto” y dirigentes hipócritas, comunicadores millonarios carentes de todo escrúpulo argumentativo, empresarios de diversos tamaños de billetera, o bien ciudadanos alienados por el reiterado discurso de odio hacia todo lo que tenga la más ligera apariencia a “popular” (antiperonista muy en particular a lo largo de las últimas décadas), harán la vista gorda frente a todos los atropellos y saqueos que perpetran desde la base operativa de Balcarce 50, todos los días sin excepción.
Golpean y detienen al camarógrafo Facundo Tedeschini del canal América24, y el presentador de noticias alto y tan facho como cejudo que estaba al aire en ese momento, lo primero que decide hacer es intentar explicar que ese accionar no representa “a la totalidad de la policía” e intenta individualizar al agente para minimizar la responsabilidad institucional que lleva el caso. Mientras a su propio compañero de trabajo, al que seguramente le ve la cara y lo saluda todos los días, lo estaban cagando a trompadas, le arrojaban gas pimienta, lo revolcaban por el piso y se lo llevaban atado luego de romperlo un rato y dejarle la cara ensangrentada.
Y en ese clima de indiferencia de una porción muy grande de nuestros habitantes, la insensibilidad de la mayoría dirigencial, la ausencia de empatía de aquí y acullá… vemos llegar otros puñetazos de nocaut, y el pueblo muy… demasiado lentamente y fruto de sus necesidades cada vez más extremas, comienzan a aprender que, como diría Walsh, está solo y que debía pelear por sí mismo, y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza. Y que por más desventajosa que nos sea, habrá que dar la pelea por el todo y por las partes. Mucho más pronto para que no sea del todo tarde.
Tal vez entonces la pregunta no sea únicamente quién gobierna, sino qué clase de sociedad estamos dispuestos a tolerar mientras gobiernan. Si el precio de la “estabilidad” es el silencio cómplice, la resignación organizada y la demolición del contrato tanto para la convivencia social como incluso moral que supimos forjar en el 83, ¿no estaremos firmando nosotros mismos el acta de defunción de aquella promesa democrática? Porque cuando el miedo y el oportunismo valen más que la dignidad, la discusión ya no es ideológica: es civilizatoria. Y ese debate, incómodo y urgente, aún está pendiente en cada mesa, en cada barrio, en cada conciencia… y en cada dirigencia.


Lo que nos separa, la GRIETA propiamente dicha, es la incompatibilidad absoluta en los VALORES ÉTICOS y MORALES. Muchos deberían revisar la conducta de sentarse en la misma mesa con gente que goza cuando hay abusos.
El sacerdote este habla de valores éticos y morales… Con todo respeto, que estupidez!.acá hay un país que se está dando vuelta como una media y comienza a arrancar a pesar de todos ustedes. Cuando tengamos 1, w, 3 años continuos de crecimiento económico no van a saber donde meterse. Y si, en toda transformación algunos se quedan en el camino, sorry corazones sensibles, pero así es la vida ..
VLLC!!!!!!!