El fin de una etapa que se agota entre el desfinanciamiento y nuestra dignidad de no negociar la propia voz.
Se acaba la senda y se van terminando estas huellas… al menos las que transita el «capitán» constructor de esta nave tal cual todos la conocen.
Me acerco a este pequeño escritorio de penúltimo linyera para garabatear algunas ideas y vanas excusas para lo que debo comunicar. Mejor, iré al hueso: a partir de esta semana arranca una nueva etapa para el Semanario Huellas. Acaso una transición ya impostergable, que puede transformarse en la última estación dentro de unos pocos meses, o el relanzamiento del medio de la mano de una nueva conducción; con renovado impulso y, sobre todo, con imprescindible plafón financiero para que el engranaje funcione a pleno.
El capitán creador de este prolongado recorrido -que incluye también a la vieja revista Huellas Suburbanas, es decir, con una continuidad acumulada desde agosto de 2014 hasta el presente- decide hundirse junto a su nave, dicho metafóricamente. Huellas entra en proceso de emergencia, rumbo a una indispensable venta en el marco de un quebranto financiero que ya se volvió insalvable.
Por lo tanto, hasta aquí llegué desarrollando mis funciones y dirigiendo a este semanario. En lo personal, y además frente a evidentes deterioros en la salud de quien redacta, es el final de esta etapa, a la cual no pienso romantizar bajo ningún punto de vista. El escenario deviene en una necesaria vuelta de página, primero que nada en lo estrictamente personal, que atañe al Director y actual propietario de Huellas. Mientras tanto, seguiremos produciendo contenidos regularmente, semana a semana, hasta tanto se concrete el cambio de propietario o bien se cierre en forma definitiva el medio. Estos son los dos caminos posibles que están trazados sobre la mesa, y dilucidaremos cuál prevalece en los próximos tres o cuatro meses. Los plazos son tan cortos como el carretel que se le acabó al que intentó remar contra viento y marea, hasta el agotamiento total… que es lo que acontece ahora mismo.
Así que espero puedan aprovechar a seguir reflexionando junto a nuestros artículos de perfil crítico-analíticos, tan genuinamente autónomos… que tamaña autonomía nos termina forzando a bajar la persiana.
Para el conjunto de los que bancaron siempre -este equipo de amigos y amigas que me acompañan en su gran mayoría desde hace más de una década, y también a los más recientes-, mi reconocimiento y mi amistad eterna. Para los que sonrieron sólo en “las buenas” y colmaron a este emprendimiento periodístico de cantos de sirena… sabrán perfectamente lo que este humilde servidor piensa de ellos. Y ellas. Sin rencores, pero sin hipocresías.
Un gran abrazo imaginario para cada uno de nuestros lectores cercanos, o aquellos que lo hacen desde latitudes absolutamente impensadas, como lo pueden ser Suiza, Rusia o el África central.
He arado en el mar en términos financieros, y así no hay medio de comunicación que pueda sostenerse. Queda la satisfacción -eso siempre- de haber podido llegar, totalmente a pulmón, a por lo menos grupos de lectores residentes en tres continentes de este maravilloso planeta que nos da la existencia.
Ustedes, apreciado público lector, han sido por más de una década nuestro sostén ético y la razón esencial que dio sentido a que sigamos remándola durante tantos años, frente al más implacable desfinanciamiento del cual hemos sido, de algún modo, víctimas. Y al cual no pudimos superar.
Frente a la interminable catarata de consejos a destiempo, propuestas y sugerencias, y promesas que caen en saco roto, evocaré unos versos del “Pampa” Larralde para ponerle un cierre poético a esta carta de sinceramientos, camuflada de ropaje editorial:
“No me arrimo al cogotudo
De sus favores me aparto /
De promesas ya estoy harto,
Si es por él, vivo desnudo”
Seguiremos expresándonos y aprendiendo de cada uno de ustedes, desde otros espacios y nuevos puntos de encuentro. Las Huellas, por ahora, continúan haciendo lo suyo; pero es justo y necesario dejar meridianamente aclarada la perspectiva general que nos atañe, y esta decisión personal entre los sórdidos intersticios de la gran telaraña que es el contexto nacional en el que se enmarca esta resolución de nuestro medio.


Querido Daniel,
Hay finales que no son derrotas, son consecuencias. Y este parece uno de esos.
Huellas fue —y es— «de los pocos espacios» donde todavía se podía leer algo que no viniera masticado desde arriba. Eso, en este contexto, no es poco… es casi una rareza.
El problema nunca fue el contenido. Fue, justamente, no haber querido negociar lo que lo hacía valioso.
Muchos, «no todos», eligieron el camino fácil: pauta, guión y silencio selectivo. Vos elegiste otro. Más incómodo, más solitario… pero también más honesto.
Ojalá esto sea un punto y aparte. Y si no lo es, queda claro algo que no todos pueden decir: no te llevaste puesto lo que construiste.
Y eso, aunque no pague las cuentas, vale.
Siguiendo con tu metáfora, aunque hoy toque remar con lo justo, hay algo que no tengo dudas: quien navegó así, no pierde el rumbo… tarde o temprano encuentra aguas mejores.
Abrazo grande y estoy para lo que pueda aportar.
Es muy doloroso ver cómo vamos perdiendo cada cosa buena que tenemos y su caída en desgracia, por unos FARABUTES que aplican un plan económico cavernícola. Encima, siendo impotentes para ayudar.
Tenemos un periódico con excelente información y no lo podemos sostener, todo en pos de diez multi híper súper millonarios que en su brutal afán de acumulación y megalomanía arrasan con todo.
Que esos megalómanos sepan que no van a poder ir a vivir a Marte, que no hay oxígeno ni agua y hacen -65°C. En Venus y Mercurio hacen 450°C además de llover ácido sulfúrico y en los demás planetas hay vientos de 500 km/h como mínimo.
La verdad me molesta que personas tan honestas sean las que se vayan a pique. Tiene lógica en un mundo donde los corruptos vencen o son amados por multitudes.
Incluso desde la discrepancia hacia casi todas las editoriales de Chaves, conozco la buena madera y la decencia del ser humano, y como dijo uno arriba, estos valores que usted condujo tantos años son una rareza en ese ámbito tan acostumbrado a garronear pautas a cambio de seguiríamos y grnufkexiones.
Algún día habrá un gobierno realmente nacionalista, y los que caen con sus banderas en alto hoy, tendrán su justa recompensa.