Hubo un tiempo en que la resistencia sirvió para poder construir y avanzar. Pero en este tiempo del desguace que están haciendo de todo lo nuestro, no sirve como estrategia. Hay empezar a construir…
Caso contrario, nos quedaremos sin tiempo… nada más. Y por “lo nuestro» empecemos a comprender que es todo lo que nos pertenece. Lo más importante y antes que nada, nuestra identidad. Ya que permitimos que fuera degradada. El resto de lo nuestro son los bosques, la tierra, junto con sus minerales y alimentos, el agua y hasta la energía.
Pero para llegar al hoy, hay que dejar en claro, más allá de errores y diferencias, los períodos en que esto fue avanzando intencionalmente y no por casualidad. Para romper con mitos y con mentiras que se abrazan para justificar lo que hoy nos pasa.
No es que se reclame al actual gobierno por lo que pasa. Este es el cuarto intento de imponernos este contexto destructor. Cualquiera sabe que destruir, siempre resulta más rápido que construir. Y despersonalizándolo, los cuatro períodos en que se profundizó este sistema económico-financiero, que va destruyendo el sistema económico de producción, comenzó en los años setenta. Y fue con la dictadura desde 1976 a 1983, se profundizó entre los años 1989 y 2001, continuó entre 2015 y 2023, llegando a esta, su máxima expresión en estos dos últimos años. No es algo novedoso, es una continuación de ciclos que van perfeccionando.
Obviamente, en los períodos de gobiernos intermedios hubo errores y equivocaciones, aunque algunos de los mismos, fueron en parte porque había que atacar las causas del desmadre. Quizá no se pudo, quizá no se supo. Y como se sabe siempre edificar es más complicado que desmantelar. Y a las pruebas de la actualidad que vivimos, me remito.
Personalizando un poco, tanto Menem ayer como Milei hoy, recurrieron con formas similares a contener el tipo de cambio para reprimir la inflación. Aquel, junto a Cavallo, con la famosa convertibilidad, y el actual presidente con Caputo con un tipo de cambio artificial. Algo más que parecido al Rowling Peg (tablita de Martínez de Hoz) al que van cambiando según lo que indique el FMI… aunque siempre falla.
Este sistema basado en el endeudamiento sin límites, en los dólares, en la bicicleta, que padecimos durante la dictadura, durante los noventa, durante Macri (volvió a meter a la Argentina en las fauces del FMI junto a @fedesturze y @LuisCaputo) y ahora con Milei, culmina, o cae cuando mercado voluntario privado les cierra la canilla. Pasó desde el cavallista Plan Brady a los numerosos salvatajes actuales del Fondo y el Tesoro norteamericano. Más que ayudar a ganar las elecciones del año anterior, ¿por qué creen que aparecieron Scott Bessent y Trump a salvar las papas? Tanto hoy como ayer, necesitan dólares para mantener las apariencias. Entonces, estos gobiernos recurren a la misma receta fallida: toma de deuda, y venta de patrimonio público. Este plan se cae, pero no se sabe cuándo. Temas que rara vez son comentados públicamente en profundidad. ¿ Por qué será?
Actualmente, Argentina se encuentra frente a una encrucijada vital. Está más que claro que la política de casta se debe terminar. Pero no se puede ignorar la dimensión del “poder entre las sombras”. Ya sea económico, multimediático o político que la sostiene. Y, más aún, lo que sobrevendrá cuando la deje de sostener.
La hipocresía occidental toda, ha ido entregando sus sistemas políticos a corporaciones plutocráticas y promueve, a la vez, un individualismo que fragmenta a las comunidades. Se agarran de eso porque saben de la problemática de escasez que se viene. No es casual que las potencias se estén aprovisionando a futuro. Por lo tanto, vienen a llevarse todo lo que pueden. Los hidrocarburos, los alimentos, los minerales sin pagar nada, porque prácticamente se lo regalamos.
Para intentar comenzar a cambiar algo, la comunidad tiene que ser convocada a participar activamente en la construcción política. Pero no detrás de grupos de iluminados, de ideologías extravagantes o pre-elaboradas, o de caudillismos extemporáneos.
Es prioritaria la necesidad de un acuerdo fundacional que ponga en marcha este proceso. Coordinar una doctrina común y una dirigencia dispuesta a coordinar el esfuerzo colectivo del conjunto. La política es, y debe ser siempre y en esencia, construcción colectiva. Y desde allí poder plantear un nuevo orden político.
En su momento, Juan Perón sintetizó una doctrina: «para someterse él primero a ella y luego convocar al pueblo a construir colectivamente». Hoy, convocar a la política sin una doctrina común es reproducir un sistema que excluye al pueblo.


