Por ejemplo: verlos esforzarse por obtener soluciones rápidas y mágicas a problemas muy complicados. El prejuicio inducido de que sus escuchas no superan el nivel de atención de un pájaro, hace que requieran un zócalo cuando se enfrentan a personas que deben reducir montañas de datos, razonamientos y estudio a una pastilla de tragado inmediato.

Una sociedad como la argentina, construida en capas sobre capas de generaciones, contradicciones, conflictos, orígenes y desplazamientos durante doscientos años de inestabilidades e injusticias, con pocas décadas de sosiego y avance social es de todo… menos sencilla de decodificar. Hay que sumar como en un palimpsesto (o una pared del conurbano) los magullones, deformaciones, callos, odios provocados e imaginados.

Las expresiones políticas de esa fragmentación, en especial la producida por un plan sistemático de desmontaje de una clase trabajadora desde su cohesión masiva hasta 1976, es esta diversidad coexistente, pero que tiene coherencias… si uno se da el trabajo de desentrañar las claves.

Querer ver superficies tersas y homogéneas, mapas de dos colores y números sencillos… es una ilusión: la realidad es porosa y agrietada. Un mosaico en movimiento que requiere considerar demasiadas variables simultáneas. Demasiado para un sólo cerebro.

Por eso, los colectivos organizados suelen ser más eficaces para analizar lo complejo en acción, recombinación, disputa y acumulación de problemas. Es lo que hace que, ilustrando, un sindicato sea más eficaz que un monotributista para gestionar resultados laborales. O un cartel de monopolios frente a un burgués solitario, en el otro lado del capitalismo salvaje.

Reducir a un liderazgo y priorizar el criterio de una persona, por mas inteligente, experimentada, metódica y/o carismática que sea o aparente ser, no garantiza más que un azar de coincidencias, pero no continuidad y menos estabilidad.

La coalición de intereses, personajes voraces, dueños y mandamases ricos suele ser más eficaz, ya que los dueños de las máquinas de extraer riqueza del conjunto conocen las debilidades y grietas por donde colar sus pequeñas intenciones.

Regresando al inicio. No hay medidas mágicas, pases de capa ante un toro. No hay tiro de gracia o cambio de pantalla automático que modifique la vida de millones a la vez. Excepto la guerra atómica o un meteorito, incluso destruir un país lleva tiempo. Llevan desde el ´76 haciéndolo en estas latitudes… y acá estamos.

No obstante lo anterior, cierto es que el tiempo corre. Hay que pensar rápido y preciso. Para salir del pozo no podemos confiar en la escalera que nos venden: habrá que hacerla a mano y con las herramientas que tenemos a disposición.  Hay cerebros y corazones capaces a montones. Experiencia y conocimiento. Lo que sigue faltando es organizar todos esos esfuerzos y voluntades de modo orgánico, con propios controles de calidad y rectificación.

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