Argelia, en realidad la República Argelina Democrática y Popular, es la forma política de organizarse de un antiguo pueblo, el amazig o bereber, que heredó y desarrolló, contra las presiones de algunas potencias europeas un proyecto sociopolítico y cultural independiente.

Integra una comunidad, el Magreb, con sus vecinos.

Algo similar a nuestro Mercosur, pero con expresiones definidas más allá de lo comercial y económico.

Su historia antigua, con evidencias de habitantes hace más de diez mil años y restos de homínidos muy próximos al Homo sapiens hace dos millones de años, los muestra emparentados con uno de los pueblos que enfrentaron al Imperio Romano. Tal vez recordemos a los fenicios y los cartagineses. O al reino de Numidia,…  De allí, con la conversión al Islamismo, vienen los argelinos.

Las diversas ocupaciones extranjeras no dejaron tan honda y amarga huella como la de la Francia moderna. Es aquí donde nuestros hermanos argelinos se unen con nosotros en la dolorosa comprensión de que esos estados europeos (Reinos o Repúblicas, indistintamente, pero siempre opresores) mostraron sus garras ante los pueblos ansiosos de libertad e independencia.

Luego de la 2da Guerra Mundial, la colonia francesa de Algerie comenzó a mostrar los indicios evidentes de un fuerte movimiento de liberación.

La respuesta francesa (de la mano del General Charles de Gaulle -liberador de su país ante la ocupación nazi, pero autor en Argelia de uno de los peores genocidios de la historia moderna-) fue terrible. Y en ella se desarrolló una metodología y estrategia de refinada crueldad en los torturas a las y los argelinos, combatientes o no.

Hay evidencias de que muchos de los torturadores franceses en tierras argelinas, fueron “capacitadores” en las tenebrosas sesiones de la Escuela de las Américas, el nombre “simpático” de la organización paramilitar (pero con ropaje propio de los acuerdos entre representantes de los Ministerios de Defensa de los diversos países de América) que el Pentágono constituyó en Panamá para adoctrinar y entrenar a sus “alumnos”.

Un libro para conocer muchas verdades.

Mostremos mucho más nuestra simpatía con esta Nación y este pueblo, más que con otros que siempre han sido mensajeros de la muerte. Los de las águilas, por ejemplo, que finalmente programan el plan Cóndor para ahogar las democracias latinoamericanas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *