Algo que se aprende si logras sobrevivir lo suficiente, es que siempre hay disputa. Es el capitalismo, y ver cómo se reparte el fruto del trabajo es una pelea constante…
La forma superior es a nivel mundo: las potencias (los megamillonarios y cómplices) buscan quedarse con la riqueza que produce el trabajo humano a escala colonial. En cada pais hay quienes buscan ser socios menores del saqueo. Se llaman a sí mismos, liberales, anarcoliberales o modernizadores.
En cada generación se reproducen y actúan con la pasión que impulsa su deseo de vivir a costa y por encima de otros. Diferenciándose de su pueblo, odian a la gente por el miedo a ser una más de las víctimas. Como los soldados Confederados, que defendían la esclavitud de africanos secuestrados… y no tenían un sólo esclavo.
Los que se apropiaron del mundo, fabricaron la manera de explotar brutalmente (se dice tecnología) produciendo las muertes necesarias para continuar el negocio. Hoy desde el celu o la tele convencen usualmente a aquellos desclasados para aplicar el látigo y las cadenas a otros… aquí a ello se le «llama» gas pimienta y apoyar el rumbo.
La ilusión es que alguna vez tendrán sus propios esclavos. Ya sea en el barrio privado, con un buen fajo de dólares y gozando de pisar las cabezas necesarias, militarán la causa con la pasión de los mercenarios.
Peronistas, radicales, ex-izquierdistas o los que “no importa quién gobierne, sólo cuentan con su trabajo” ostentan el íntimo deseo de ser como ellos: lujo, prostitutas, cocaína, Miami y codearse con los verdaderos señores de nuestro tiempo. Y lo justifican con un raro sentido de que ellos también se lo merecen.
Pues bien: los medios podrán decir que no pasa nada, pero la pelea esta ahí. En cada discusión por un salario, pero sobre todo en cómo se interpreta y se dice lo que pasa.
Y una interna no es solo eso, sino quién manda para decidir lo principal, ya sea para enfrentar con un poco de dignidad a los dueños de las cosas importantes o para ser sus asociados preferidos, el negro que sirve en la casa del amo.
Nos llenarán las redes y gastarán horas de streaming en quién se pelea con quién, pero en el fondo hay una sola trinchera: quién osará quitarle un poco a los que lo tienen todo y quieren más. O los codazos para ser el representante bien pagado de sus intereses.
Los terroristas que requieren del temor a que se pudra todo (y si no la pudren ellos como en Gaza o Irán, actualizando la barbarie), acusarán de terrorista hasta al Papa. En especial, si se atreve a decir esos insultos al sentido común dominante (de los que dominan), como justicia social, igualdad, dignidad humana. Sobre todo entre esas palabras, aquella que se ha convertido en la suprema ignominia: derechos.
La edad enseña: si no llegaste a ser un viejo de mierda o simplemente alguien incapaz de ver más allá del banco de plaza y tus palomas, que la cosa es sencilla.
O estás con los amos y protegés sus cadenas… o con las y los «negros» y peleas por liberarlos… y vos con ellos y ellas, para buscar que haya un poco más para todas y todos.
Vos decidís.
