N. de la redacción: Compartimos esta carta de una lectora del Semanario, que nos hizo llegar tras el femicidio acaecido días atrás en el barrio San Alberto, de la localidad de Ituzaingó, y del cual nuestro Director se ocupó de brindar cobertura. A continuación, el testimonio de una vecina de la zona
Nadia Martínez – Estudiante y vecina de Ituzaingó
Al Director del Semanario Huellas:
El femicidio de Camila vuelve a exponer una realidad que no podemos seguir naturalizando: La violencia de Género sigue arrebatando vidas y dejando familias destruidas.
Camila no es solamente un nombre en una noticia: Era una persona, una hija, una amiga, una joven con sueños y una vida por delante. Así como detrás de cada femicidio hay una familia marcada para siempre.
Muchas veces la violencia comienza con situaciones que parecen pequeñas: los celos, el control, los insultos. Revisar un teléfono, decidir con quién puede hablar una mujer o impedirle hacer su propia vida.
No debemos esperar a que continúen ocurriendo esta clase de tragedias para tomar conciencia.
Como sociedad debemos aprender a escuchar, acompañar y actuar frente a las señales de violencia, y no mirar para otro lado, para así evitar que el problema continúe propagándose.
El caso de Camila, así como el de muchas otras tantas, debería servirnos para preguntarnos qué estamos haciendo para prevenir nuevos femicidios. Porque ninguna mujer debería tener miedo de vivir, de separarse, de decir que no, o simplemente de ser libre.
Lo sucedido a Camila, como a tantas otras mujeres, nos obliga a mirar una realidad que todavía duele y exige respuestas. No alcanza con lamentarnos cuando ocurre un femicidio. Debemos prevenir, denunciar y acompañar.
La violencia de Género no es un problema privado, es una responsabilidad que involucra a toda la sociedad.
¿Hasta cuándo?
