El secretario general de la CTA regional Morón, Hurlingham e Ituzaingó, Gustavo Zapata, analiza la coyuntura laboral, la disputa sindical y la necesidad de construir un proyecto de país.
Una vez más, nos encontramos con un viejo y querido integrante de la Casa Huellera, el profesor Gustavo Zapata, secretario general de la CTA Regional Morón, Hurlingham e Ituzaingó y actual candidato a la reelección en dicha función en las elecciones que tendrán lugar el próximo martes 3 de noviembre. Siempre es un placer conversar con él, porque su mirada sobre la realidad política, sindical y social aporta elementos para pensar una Argentina que parece haber perdido de vista algunas discusiones fundamentales. En esta oportunidad, dialogamos sobre las próximas elecciones de la central sindical, el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, la fragmentación del movimiento obrero y la necesidad de recuperar un proyecto nacional.
Una elección que define el rumbo de la central
La conversación comenzó con las elecciones de la CTA, previstas para el próximo 3 de noviembre. Una instancia que representa la posibilidad de que sus afiliados decidan quiénes conducirán una central de semejante dimensión y diversidad. Al respecto, Zapata destacó la importancia de esa participación y explicó que la discusión excede la renovación de autoridades: «Nosotros lo entendemos en términos de conducción. ¿Quién conduce este espacio? Y en términos de responsabilidad, porque implica representar a un conjunto muy grande, a nivel nacional, en la provincia de Buenos Aires especialmente, y en nuestra regional, con más de 10.000 afiliados. La opinión de los compañeros es algo que tenemos que respetar a rajatabla, como para que realmente nuestra palabra valga ante las autoridades».
En ese sentido, señaló que la disputa electoral también pone en juego dos concepciones acerca del papel de la central. «Hay una corriente que está intentando, o por lo menos que plantea, que la CTA sea una herramienta al servicio de un partido político. Nosotros entendemos que no, que tiene que estar al servicio de los trabajadores, los y les trabajadores, en función de una concepción de unidad muy amplia, que no es solamente sindical, sino que también abarca organizaciones sociales, cooperativas, trabajadores de la economía popular y trabajadores y trabajadoras en los barrios», aseveró.
Para el dirigente, esa amplitud resulta indispensable frente a una realidad laboral que modificó profundamente la composición de la clase trabajadora. La central debe escuchar y representar también a quienes quedaron fuera de las estructuras tradicionales.
La fragmentación social y los trabajadores que quedaron afuera
El deterioro socioeconómico acumulado durante los últimos años, gestión nacional de Javier Milei mediante, fue otro de los ejes de la siempre amena charla. Los comercios cerrados, la precarización laboral y las filas de personas que recurren a organizaciones sociales para conseguir una comida caliente constituyen algunas de las postales de una crisis cada vez más visible.
El referente de la CTA regional vinculó el escenario actual con un proceso histórico de fragmentación social y debilitamiento de las organizaciones de trabajadores.
«Yo creo que este avance desmesurado, desmedido, cruel e inmisericorde de las políticas del gobierno nacional responde a una concepción de clases de nuestros sectores dominantes. Un factor clave para entender este momento también es el grado de fragmentación social, que se manifiesta no sólo en la política, sino también en un movimiento obrero que está dividido».
En su diagnóstico, las estructuras sindicales tradicionales ya no alcanzan a representar a la totalidad de quienes viven de su trabajo. «Solamente está comprendiendo a un 50% de la población que está de una u otra manera con salario en blanco, que tiene las condiciones de lo que para nosotros era casi una costumbre hasta la década del 90: tener un trabajo estable, tener un trabajo en blanco, un recibo de sueldo, una obra social».
Para explicar cómo se llegó a esta situación, reconstruyó un recorrido que se remonta a la última dictadura y atraviesa las privatizaciones de los años noventa.
«Esto en realidad comenzó con el 76, con la desaparición de una generación entera de luchadores revolucionarios y de trabajadores que cuestionaban no solamente las condiciones de trabajo y de salario, sino también el poder en sí, y que discutían un proyecto de país».
Luego, señaló que el proceso se profundizó durante los noventa tan típicamente menemistas, con las privatizaciones y la desocupación masiva. Fue entonces cuando las organizaciones sociales comenzaron a cobrar protagonismo y, para la CTA, debían ser reconocidas como parte constitutiva del mundo del trabajo.
«Nosotros comprendimos que esos y esas compañeras eran también trabajadores, tenían una práctica social, una práctica sindical y política y debían ser contenidos dentro de una central sindical» recordó.
En su reconstrucción histórica, también destacó la recuperación económica y productiva que atribuye a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. «Con el gobierno de Néstor y Cristina se avanzó un poco en la recuperación de lo que era el reparto de la riqueza y la concepción de un plan nacional industrialista. Llegamos a tener 5 millones de puestos de trabajo nuevos con ellos y un crecimiento de la industria realmente importante».
Sin embargo, consideró que las deficiencias organizativas y políticas impidieron darle una mayor continuidad y profundización a aquel proceso.
De las candidaturas a un programa de país
La conversación derivó hacia la idea del cambio como argumento recurrente de la política argentina, al menos en la última década. Zapata cuestionó que el debate público quede reducido a candidaturas y disputas coyunturales, mientras los grandes problemas nacionales permanecen relegados.
«El tema del cambio es una idea liberal que para nosotros no contribuye al debate político. Lo que contribuye al debate político es discutir las cuestiones estratégicas: producción, empleo, distribución de la riqueza, defensa de la soberanía, construcción de bloques regionales para discutir nuestro papel en el mundo». Acto seguido, cuestionó que se presente como novedosa una alternativa política integrada por funcionarios que ya tuvieron responsabilidades en anteriores administraciones liberales. Mencionó en tal sentido a Caputo, Sturzenegger y Patricia Bullrich, y expresó su preocupación por el endeudamiento y sus consecuencias para las próximas generaciones.
Frente a ese panorama, aclaró que el resultado electoral debe ser respetado, pero que eso no significa resignar la movilización ni la organización popular. «Esto es lo que votó nuestro pueblo, respetamos eso, lo que no implica que vamos a quedarnos ni quietos ni callados y vamos a estar todo el tiempo que sea necesario en la calle manifestando nuestras demandas pacíficamente, organizadamente, pero también buscando una síntesis política que nos permita construir ese programa necesario para realmente hacer despegar esta inmensa riqueza que tiene nuestro país».
En esa línea, insistió en que la discusión política no puede quedar encerrada en la disputa de nombres propios. «Yo creo que la derecha nos pone dentro de la pequeña cajita de discutir candidaturas y todos los días una información, un Twitter, una pequeña declaración, una crítica, como si las críticas fueran algo que contribuyera al debate político y enfrentan a candidatos contra candidatos pensando que eso es la arena política. Pues no, no es la arena política, solamente la parte superficial de la arena política».
Para Gustavo, cualquier proyecto nacional deberá contemplar las necesidades inmediatas y las transformaciones estructurales que requiere el país: «Nuestro gobierno va a tener que realmente tener mucha claridad cuando volvamos realmente a tener un gobierno nacional popular, porque hay demandas urgentes, hay demandas de mediano plazo y demandas estratégicas» señaló, bien al hueso.
Entre las primeras, identificó la vivienda, los salarios y la distribución de la riqueza, incluyendo una mayor participación de los grandes capitales en el sostenimiento del Estado. También cuestionó a las empresas que acumulan riqueza en el país, pero trasladan sus estructuras societarias al exterior para obtener ventajas fiscales.
Asimismo, a perspectiva industrialista requiere, en su opinión, redefinir las relaciones comerciales internacionales: «Necesitamos un proyecto industrial de recuperación, aliarnos a los grandes, a los nuevos países emergentes, los bloques emergentes y romper con esta dependencia colonial, con un país que produce lo mismo que nosotros o que no nos compra nada, como es Estados Unidos, y que en realidad nos pone el pie sobre la cabeza para no producir».
Y agregó: «Nosotros podemos alimentar a cientos de millones, pero no solamente con soja o con harina o con maíz o con aceite, sino con realmente productos procesados, productos que le puedan dar respuestas al mundo de una manera sana y orgánica, y por otro lado también satisfacer las necesidades de nuestro mercado interno como lo hicimos hasta la década del 70 con producción nacional».
Soberanía, bienes naturales y reforma constitucional
La conversación ingresó también en una dimensión menos frecuente en las discusiones sindicales cotidianas: la defensa de la soberanía nacional y la protección de los bienes naturales.
En opinión del entrevistado, las transformaciones necesarias no terminan con la recuperación del empleo o la reconstrucción industrial. También deben contemplar una política de defensa nacional y el ejercicio pleno de la soberanía.
«Hay procesos de largo plazo. Tenemos que recuperar las Malvinas, tenemos que proteger con un ejército suficiente, con un ejército realmente que sea valorado por nuestra población, los bienes naturales de nuestro país, y que las hipótesis de conflicto sean la defensa nacional y fundamentalmente de lo que ellos llaman recursos y nosotros llamamos nuestros bienes naturales» subrayó.
En ese marco, planteó la necesidad de discutir la preparación de la población frente a eventuales amenazas externas, aunque aclaró que su propuesta no implica necesariamente recuperar el servicio militar obligatorio.
También se refirió a las intervenciones de las grandes potencias sobre otros países, particularmente en América Latina y el Caribe. Mencionó la situación de Venezuela y Cuba como ejemplos de tensiones que, a su entender, deben formar parte del debate y la alerta en materia de soberanía.
Al sintetizar esa mirada, volvió sobre una idea que atraviesa su concepción política y sindical: «Para nosotros es tan importante una concepción de unidad, unidad de clase, unidad de pueblo y unidad en defensa de la patria».
Otro de los temas abordados fue el papel del Poder Judicial y las dificultades que representa su actual configuración para cualquier proyecto político que pretenda impulsar transformaciones profundas.
La respuesta de Zapata fue contundente: «Yo creo que dentro de los primeros debates que tiene que llevar adelante nuestro gobierno es la intervención inmediata de todo el Poder Judicial porque ha demostrado estar conveniado o estar por lo menos al servicio de los grandes grupos o de líneas políticas». En su argumentación, vinculó ese diagnóstico con el Lawfare y la persecución judicial contra Cristina Fernández de Kirchner, a quien reivindicó expresamente. También cuestionó el funcionamiento de la Corte Suprema y los procedimientos para designar nuevos magistrados, reclamando una revisión profunda del sistema judicial.
Pero su planteo no se limitó a la composición de los tribunales. Consideró que el debate debe desembocar en una reforma constitucional que permita revisar aspectos fundamentales de la organización política y económica del país.
«No puede ser que los bienes naturales de la Argentina estén en manos de las provincias, es decir, de señores feudales en algunos casos capaces de vender media provincia a extranjeros y precisamente las zonas más ricas, las más productivas y lo que nos daría a los trabajadores y las trabajadoras la posibilidad realmente de contribuir en una industria distinta».
Desde esa perspectiva, insistió en que una transformación de semejante magnitud requiere un proceso político y social sostenido, con objetivos definidos para el corto, mediano y largo plazo, y alianzas que excedan las identidades partidarias: «Hay una construcción de alianza que va más allá de una identidad partidaria, que tiene que ver con ideas, proyectos, esperanzas y por eso nosotros creemos en la construcción de la unidad».
«Necesitamos ese voto para que tenga más fuerza la palabra de la CTA»
En el tramo final del encuentro, le pedimos a Gustavo Zapata que les hablara directamente a los afiliados y afiliadas que elegirán a sus representantes el próximo 3 de noviembre.
Su respuesta recuperó parte de la trayectoria de construcción sindical y social de su espacio, mencionando las luchas compartidas en el Hospital Posadas, el ATE INTA y la defensa de la educación pública.
«Compañeros, compañeras, compañeres, nosotros construimos unidades de siempre. Estuvimos en el Posadas, estuvimos en el ATE INTA, estuvimos en las peleas en defensa de la escuela pública. Hoy mismo estamos realizando una protesta por el asesinato de una compañera maestra solita ahí en el monte, sin la protección del Estado y también con poca protección de su comunidad».
A partir de esas experiencias, volvió a plantear que la construcción de unidad debe ser el principal objetivo de la organización sindical.
«Esto implica que nosotros somos responsables de construir unidad política, unidad social, unidad sindical para realmente construir un proyecto de nación que sintetice una propuesta política».
En cuanto a la elección regional, destacó la conformación de un equipo integrado por distintas organizaciones y sectores gremiales, con participación de jóvenes, mujeres y afiliados directos. También convocó a respaldar la candidatura nacional de Roberto Baradel y la propuesta provincial de Raúl Calamante.
«Necesitamos ese voto para que tenga más fuerza la palabra de la CTA en la provincia de Buenos Aires. El compañero Baradel, vaya si hay un compañero que ha sufrido persecución y que se ha mantenido entero con sus ideales en defensa de la escuela pública y que ahora se está comprometiendo a defender una parte muy importante de la clase trabajadora» rubricó.
Finalmente, vinculó el resultado electoral del venidero 3/11 con los desafíos políticos que se avecinan en 2027: «Necesitamos su voto para que realmente tengamos la fuerza suficiente para en el año 2027 ser factores importantes en la construcción de la unidad política y de la recuperación de nuestra patria».
Nos despedimos con el afecto de siempre, deseándole a Gustavo y a sus compañeros la mejor de las suertes en la contienda electoral. La conversación, como tantas otras veces, quedó abierta para seguir pensando y discutiendo los desafíos de una Argentina que necesita recuperar el debate más profundo posible acerca de su futuro.
Escuchá la entrevista completa al Prof. Gustavo Zapata desde nuestro canal del Youtube:
Edición de video: Tomás E. González
Fotografías: Gentileza Nancy González



