Algunas películas son recordadas por una escena. Otras por una canción. Y después está Volver al Futuro, que consiguió dejarnos un auto, un científico despeinado, un chaleco rojo, un reloj enorme y hasta una velocidad grabada para siempre en la memoria.
Vengan a recordar conmigo.
En 1985 llegó a los cines la historia de Marty Mc Fly, un adolescente bastante común que termina viajando accidentalmente desde 1985 hasta 1955 en una máquina del tiempo construida por el doctor Emmett Brown.
La máquina, por supuesto, no era una cápsula espacial ni un laboratorio futurista. Era un DeLorean.
Y ahí empezó todo.
Para quienes crecimos viendo películas durante los 80 y los 90, Volver al Futuro fue una de esas historias que aparecían una y otra vez. En televisión, en cable, alquilada en el videoclub o en algún VHS que terminábamos viendo hasta conocer escenas enteras de memoria.
Michael J. Fox convirtió a Marty en uno de los grandes personajes juveniles del cine de aquellos años, mientras que Christopher Lloyd hizo del Doc Brown, un científico imposible de confundir con cualquier otro.
Pero la película tenía algo más que viajes en el tiempo.
Marty llegaba a una época donde sus padres todavía eran adolescentes y descubría algo que de chicos quizás no pensábamos demasiado: nuestros padres también habían sido jóvenes, habían tenido miedos, inseguridades, sueños y problemas propios.
Claro que nosotros estábamos demasiado ocupados esperando que el DeLorean alcanzara las 88 millas por hora.
También estaba la música. The Power of Love de Huey Lewis and the News, quedó asociada para siempre a la película, mientras la banda sonora de Alan Silvestri transformaba cada carrera contra el reloj en una pequeña aventura épica.
Y después estaban esos detalles que terminaron formando parte de la cultura popular.
El condensador de flujo. La torre del reloj. El rayo. El Doc gritando que necesitaba 1,21 gigavatios. Marty tocando Johnny B. Goode frente a un público de 1955 que todavía no estaba preparado para escucharlo.
La película fue un éxito enorme y terminó convirtiéndose en una trilogía, pero aquella primera aventura conserva algo especial.
Tal vez sea porque funciona incluso después de conocer cada giro. Sabemos qué va a pasar y, sin embargo, cuando Marty corre desesperado mientras Doc intenta conectar los cables antes de que caiga el rayo, volvemos a mirar.
Más de cuatro décadas después, Volver al Futuro sigue apareciendo en remeras, juguetes, videojuegos, convenciones y referencias de todo tipo. En 2007 incluso fue incorporada al National Film Registry de Estados Unidos por su importancia cultural.
Pero para muchos no hace falta ningún reconocimiento oficial.
Alcanza con ver las puertas de acero inoxidable de aquel DeLorean para volver inmediatamente a otra época.
Una época en la que viajar en el tiempo parecía perfectamente posible.
Siempre que pudiéramos llegar a 88 millas por hora.
