Andrea Savini, secretaria de Juventud del PJ de Morón, reflexionó sobre el presente político, los desafíos de las nuevas generaciones y la necesidad de recuperar la organización colectiva.
En una nueva visita al despacho del concejal Agustín Ramponelli, amigo de la casa huellera, compartimos un encuentro con Andrea Savini, joven militante del MUP y secretaria de Juventud del Partido Justicialista de Morón. Con la calidez de quien entiende la política como una construcción colectiva y cotidiana, conversamos sobre el escenario que atraviesan las juventudes, las dificultades sociales y económicas que impone el presente y los desafíos que deberá asumir el peronismo para volver a ofrecer un horizonte de transformación.
Desde su reciente responsabilidad partidaria, Andrea viene impulsando espacios de encuentro y articulación entre distintos sectores juveniles. Una tarea que, según explica, adquiere particular importancia en una época atravesada por el aislamiento, la fragmentación y un individualismo que parece haber ganado terreno.
Volver a encontrarse para reconstruir lo colectivo
«Venimos trabajando desde principios de año, cuando tuve el honor de asumir la Secretaría de Juventud del Partido Justicialista. Particularmente, fue una elección interna, la primera en mi caso, después de muchos años en los que no se realizaban elecciones de este tipo. Venimos articulando un montón de tópicos y temáticas, pero me parece muy importante, principalmente, el tema del encuentro. Últimamente cada uno está metido en su celular o en su computadora y se van perdiendo esos espacios donde nos encontramos con el otro» describe.
Para Savini, esa desconexión no constituye solamente un cambio de hábitos, sino que tiene consecuencias concretas en la vida cotidiana, especialmente entre los jóvenes. La precariedad económica, la incertidumbre laboral y las dificultades para estudiar y proyectar un futuro se combinan con un deterioro de la salud mental que exige respuestas comunitarias:
«Lo vemos hasta en el transporte público y en la vida cotidiana. Particularmente entre los jóvenes, la salud mental es una cuestión central. Tenemos dificultades para pagar el boleto y llegar a la universidad, hay compañeros que tienen cuatro trabajos al mismo tiempo, no sabemos si vamos a poder pagar el alquiler o si llegamos al veinte de cada mes. Por eso me parece importante recuperar el encuentro, juntarnos. El 17 de octubre, por ejemplo, nos encontramos la noche anterior para hacer una vigilia y recibir juntos el Día de la Lealtad. Esos espacios son las cosas lindas, las cosas ricas de la militancia, porque nos damos cuenta de que no estamos solos y de que esto no es un problema individual, como nos quieren hacer creer. Hay que fortalecer el concepto de lo colectivo, de lo grupal» enfatiza.
La reflexión de Andrea vuelve sobre una cuestión que atraviesa buena parte de la tradición política del peronismo: la comunidad como respuesta frente al individualismo. En ese sentido, la reconstrucción de los vínculos y la recuperación del cara a cara aparecen como herramientas fundamentales para disputar el sentido de época.
«Estamos en una ciudad donde al otro le está pasando lo mismo que a vos. A nivel local, provincial y nacional. Cuando salís y hablás con otra persona, te das cuenta de que está atravesando situaciones similares. Por eso no es una cuestión personal ni de echar culpas: desde lo colectivo se puede salir mejor» se esperanza en toda su impronta militante.
La política como herramienta de transformación
En esa búsqueda de reconstruir vínculos también aparece la necesidad de recuperar una experiencia política que las generaciones más jóvenes no necesariamente conocieron de primera mano. Andrea recuerda las políticas públicas que acompañaron a las juventudes durante otros períodos no tan lejanos (por caso, la década kirchnerista) y considera que esa experiencia debe formar parte de una tarea pedagógica hacia quienes hoy transitan sus primeros años de participación.
«Yo soy una joven que pudo ver la política como una herramienta de transformación. Mi generación supo conocer políticas públicas que acompañaban a los pibes y las pibas, como la Ley de Centros de Estudiantes, entre muchas otras. Nosotros pudimos ver eso y sabemos que es posible». Sin embargo, advierte que buena parte de los adolescentes que hoy tienen 14, 15 o 16 años crecieron en otro contexto y que, incluso, pudieron haber depositado expectativas de cambio en el actual Gobierno nacional.
«Por ahí los más chicos no tuvieron la experiencia que tuvimos nosotros. Tal vez buscaron un cambio, como pasó con muchos argentinos. Pero hoy, cuando se preguntan si llegan a fin de mes, si están mejor, si tienen más libertad, si cobran en dólares, se encuentran con que nada de eso sucede. Creo que ahí tenemos una tarea pedagógica por delante» reflexiona.
En esa dirección, la experiencia regional también forma parte de las referencias que menciona. La participación en encuentros internacionales de juventudes le permitió conocer otras experiencias de organización y construcción política, particularmente en Brasil.
«Tenemos el ejemplo de Lula. Desde las juventudes hemos participado en Brasil y también en Rusia, dentro de un movimiento internacional de juventudes muy valioso y muy rico, que reunió a distintos sectores alrededor de la soberanía y la dignidad de sus países. No tenemos que dejar de insistir. Tenemos que trabajar para construir una Argentina para los argentinos» subraya.
La conversación deriva entonces hacia la posibilidad de reconstruir una alternativa política capaz de superar las diferencias internas y establecer prioridades comunes frente al Gobierno de Javier Milei. Para Andrea, el liderazgo de Axel Kicillof representa una referencia importante en ese camino.
«Desde las juventudes nos parece que Axel es el mejor camino. Es una persona que se sienta con nosotros, nos escucha y no solamente para pensar políticas destinadas a las juventudes. Le interesa que seamos parte de su gobierno, pero también que participemos en las políticas generales. Hay personas que hablan mucho de la juventud, pero muy pocas que realmente se sientan, se dejen interpelar y escuchen en la práctica, en el ejemplo cotidiano. Eso es lo importante». También recuerda un encuentro reciente con el intendente Lucas Ghi, en el que pudieron plantearse inquietudes y conversar sobre las políticas públicas necesarias para los próximos años: «Tuvimos un encuentro hace poquito con Lucas, donde nos preguntaba y también nos escuchaba. Nos interesa saber cuáles son las políticas públicas que tenemos por delante, porque estamos mal en educación, en trabajo, en alquileres y en salud. Son cuestiones que necesitamos abordar» advierte.
Trabajo, educación y vivienda: las urgencias de una generación
Al momento de identificar las prioridades de la agenda juvenil, Savini no plantea grandes abstracciones. Por el contrario, considera que las dificultades cotidianas obligan a poner nuevamente en el centro cuestiones elementales que deberían estar garantizadas.
«Me parece que estamos en un nivel muy bajo y muy básico, y por eso hoy es fundamental el trabajo. Hay compañeros que tienen tres o cuatro trabajos. También está la Ley de Financiamiento Universitario, que fue sancionada, pero no se cumple. Y cuando uno piensa en la militancia universitaria, en lugar de estar pensando en los programas de la universidad, terminamos pensando en cómo conseguir para hacer un chocolate o un mate cocido, o cómo garantizar una carga de la SUBE. Por suerte tenemos el boleto estudiantil en la provincia de Buenos Aires, pero estamos discutiendo cuestiones muy básicas» lamenta.
La preocupación por la educación se enlaza con otra dificultad que golpea especialmente a quienes intentan iniciar un proyecto de vida independiente: el acceso a la vivienda y las condiciones para alquilar: «La Ley de Alquileres también es fundamental. No estamos hablando del sueño de comprar una casa, sino de poder pagar un alquiler. Si no tenemos una ley de alquileres, si no se cumple la Ley de Financiamiento Universitario y si no hay trabajo, me parece que por ahí pasan las prioridades. Y después, por supuesto, está la salud mental». Sobre este último punto, Andrea considera que las respuestas no pueden limitarse exclusivamente a la atención individual, sino que deben contemplar las condiciones sociales y comunitarias en las que se desarrolla la vida de los jóvenes.
«La salud mental no se resuelve solamente con psicólogos y psicólogas. Hay que trabajarla desde un contexto de comunidad, desde los vínculos y desde la posibilidad de estar acompañados. Me parece que ese es otro de los temas fundamentales que tenemos por delante» destaca.
La preocupación, en este caso al igual que en anteriores mencionados, no pasa por un análisis abstracta. Durante la charla también aparece el impacto de los suicidios y de los episodios que se registran en el ferrocarril Sarmiento, una problemática que, según señala, adquiere una dimensión particularmente dolorosa por la presencia de jóvenes entre las víctimas.
Los clubes de barrio como espacios de contención
En ese entramado comunitario, los clubes de barrio ocupan un lugar destacado dentro de las iniciativas que vienen impulsando las juventudes peronistas. No solamente como espacios deportivos, sino también como ámbitos de pertenencia, socialización y contención.
«Desde las juventudes del PJ estamos trabajando con distintas organizaciones y particularmente con las juventudes de los clubes. El club es un lugar de contención, un lugar donde se reúnen los pibes y las pibas. A veces hasta pagar una cuota social se vuelve complicado, entonces también estamos trabajando desde esos espacios para que los jóvenes puedan encontrarse, participar y salir adelante entre todos» señala. La elección de esos ámbitos no parece casual. En contextos de dificultades económicas, los clubes y las sociedades de fomento suelen ser de los primeros espacios comunitarios que sufren las consecuencias de los recortes y la pérdida de recursos. Su debilitamiento también implica una pérdida de oportunidades para sostener los vínculos sociales.
Para Savini, la tarea no debe limitarse a convocar a quienes ya participan de la militancia partidaria, sino que debe alcanzar al conjunto de las nuevas generaciones.
«No se trata solamente de las juventudes peronistas, sino de contar con las juventudes en general. Tenemos que poder convocarlas, generar espacios y hacerlas parte» se esperanza.
Una Argentina para las nuevas generaciones
Sobre el final del encuentro, la invitamos a dejar un mensaje para aquellos jóvenes que sienten desinterés por la política, que se encuentran desencantados o que directamente consideran que la participación política ya no constituye una herramienta válida para modificar la realidad.
Andrea vuelve entonces sobre una de las ideas que recorrió toda la conversación: la necesidad de recuperar la confianza en la organización colectiva y en la política como instrumento de transformación.
«Creo que la política es el mejor lugar para los pibes y las pibas, para que puedan encontrar una herramienta de transformación. Podemos volver a tener una política que transforme, y creo que el año que viene podemos construir una Argentina para los argentinos. Entiendo que en las últimas elecciones muchos jóvenes eligieron a Milei porque buscaban algún tipo de cambio, pero hoy se dieron cuenta de que ese cambio venía a destruirnos a todos nosotros y a todas las futuras generaciones. Entonces, podemos cambiarlo».
La despedida deja planteado un desafío que excede las responsabilidades de una secretaría partidaria: reconstruir la confianza, recuperar la participación y demostrar, en la experiencia concreta, que la política todavía puede ofrecer respuestas a las necesidades de una generación que reclama trabajo, educación, vivienda y un futuro posible.
Con ese horizonte, Andrea Savini despide la charla reivindicando una convicción que, en tiempos de fragmentación, vuelve a adquirir sentido: ninguna transformación duradera puede construirse en soledad.
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