En un primer sentido, justicia es, en cierto modo, lo legal y, en un segundo sentido, es el respeto a la igualdad o, para ser más precisos, aquello que impide la generación de desigualdades no justificadas.

Ahora bien. Pese a todo, somos muchos los que cotidianamente nos preguntamos si la justicia existe, si realmente las leyes se aplican como realmente se debe. Ya lo dijo José Hernández en boca del Viejo Vizcacha, en “La vuelta de Martín Fierro”. “Hacete amigo del juez, no le des de qué quejarse, que siempre es bueno tener palenque ande ir a rascarse”.

Viendo los usos y abusos que se han hecho de la justicia, da toda la sensación de que se convirtió en algo abstracto.  En un ente burocrático con demasiado poder.  Y esto es posible que suceda en todos lados, aunque se lo puede percibir en lo más cercano a uno mismo.  Ese lugar es este Occidente del cual hoy debemos erigirnos en abanderados de sus valores. De por sí, Occidente es un concepto difuso y cambiante.

El Occidente, políticamente, hace referencia a las civilizaciones de base cristiana ubicadas en Europa y a los países de Norteamérica y Oceanía, y los que adoptaron su cultura en el proceso de colonización europea. Más acá en el tiempo, puede incluir a quienes establecieron como forma de gobierno, la democracia liberal. Más debatibles son sus límites geográficos, ya que varían de acuerdo con la época histórica y el contexto político internacional.

Allá por 1995, el presidente norteamericano Bill Clinton creó la Academia Internacional para el Cumplimiento de la Ley (I.L.E.A., en inglés).  El principal objetivo signado fue «combatir el tráfico de drogas, la criminalidad y el terrorismo internacionales por medio del fortalecimiento de la cooperación mundial». En su mayoría, los instructores provienen de agencias de Estados Unidos, como Immigration and Customs Enforcement (ICE), la Oficina Federal de Investigación (FBI) y la Agencia Antidrogas DEA.

Muy poco se ha hablado sobre esta institución por nuestros pagos, como restándole importancia. En esta academia se centraliza parte de una nueva estrategia geopolítica de la seguridad global de los Estados Unidos.  Apunta a que en un contexto supranacional del capital se transformen las estructuras de contención (militares y policiales). I.L.E.A. brinda entrenamiento a un promedio de 1500 oficiales de policía, jueces, fiscales y otros agentes estatales por año.

La primera fue abierta en Budapest, en 1995. La siguieron otras en Bangkok, en 1999; Gaborone (Botswana) en 2001, y ese mismo año comenzó a operar la de Roswell, Nuevo México (Estados Unidos). La última en construirse fue la de El Salvador, en 2005.

No sorprende que agentes judiciales que participaron de la estrategia de formación de I.L.E.A., hayan sido los precoces difusores del desarrollo del LAWFARE. Este, como se sabe, es el uso indebido de instrumentos jurídicos para fines de persecución política, para destruir la imagen pública o para inhabilitar a un adversario político. Combina acciones que parecen legales con una gran cobertura mediática que ejerce presión sobre el adversario.  Esta persecución intenta debilitar y hacer vulnerable a acusaciones sin pruebas, algo que en esta Argentina, muchos sospechan que sucede desde hace años.

El “lawfare” está siendo utilizado a escala mundial en gobiernos con proyectos económicos neoliberales.  Se utiliza para distraer y dividir a los sectores sociales que se ven afectados críticamente por estas políticas.

La adulteración de la comunicación es la base del lawfare, pero, ¿como funciona la operatividad del Lawfare?:

 – Manipulación del sistema legal   (con apariencia de legalidad, para fines políticos).

– Instauración de procesos judiciales (sin ninguna base legal, con cualquier pretexto).

– Abuso del derecho (con el objetivo de perjudicar la reputación de un adversario).

– Desconcierto (promoción del desconcierto y de la desilusión en sectores del pueblo).

– Critica al derecho internacional (y de los que se valen del derecho internacional y de los procesos

     judiciales para emprender acciones en contra del Estado).

 – Promoción de acciones judiciales (para desacreditar al oponente).

 – Influir en la opinión pública (usando la ley para difundir publicidad negativa).

 – Judicialización de la política (valiéndose de la ley para buscar medios y fines políticos).

– Bloqueo (de los intentos de los adversarios de hacer uso de procedimientos y normas legales disponibles

para defender sus derechos).

 – Defensa Ilegal (descripción de las acciones de los enemigos como inmorales e ilegales, con el fin de

 frustrar sus objetivos.

Este accionar no muy conocido, y menos aún, explicitado ante la opinión pública, y silenciado por los medios es pilar basamental sobre lo abstracto de la justicia. O sobre la inexistencia o denegatoria de la misma.

Por momentos parece como si este berenjenal confuso llamado Occidente le faltaran aún mejores ejemplos de las contradicciones de sus propios “valores”.  Pero para remediarlo, apareció hace pocos días lo que vendría a ser la “frutilla del postre”. El titular de la “nave insignia de la democracia” decidió indultar a su propio hijo.

El reciente indulto a su hijo Hunter es el último caso de una larga carrera política en la que Joe Biden usó sus cargos de senador, vicepresidente y presidente de EE.UU. para beneficio personal o para devolver favores.

Negocios ilegales

El exsocio de Hunter, Tony Bobulinski, dijo (1) que Joe Biden participó en los negocios de su hijo, quebrantando leyes como la de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por Extorsión (RICO) y la de Registro de Agentes Extranjeros (FARA).

Otro de sus exsocios, Jason Galanis, afirmó (2) que Hunter usó a su padre —quien por entonces ejercía como vicepresidente— para proteger la empresa ucraniana Burisma, con la que tenía negocios, de cualquier investigación anticorrupción. Eso quedó probado en uno de los correos filtrados de la compañía. De hecho, Joe Biden se reunió en 2015 con el propietario de Burisma, Mykola Zlochevsky, quien dio a Hunter y a sus socios 120 millones de dólares.

En 2018 (3), Joe Biden sacó pecho de haber obligado al entonces presidente de Ucrania, Piotr Poroshenko, a despedir al fiscal general del país, Víktor Shokin, porque estaba investigando a Burisma por corrupción. Burisma Holdings’, la mayor empresa privada de petróleo y gas de Ucrania de la que Hunter Biden fue miembro de su junta directiva. En definitiva, sus vínculos con pedofilia, prostitución y drogas en ese territorio, no fueron considerados.

Mostrando sus dos caras, con anterioridad Biden había declarado que aceptaría el fallo condenatorio en relación con su hijo y no iba a indultarlo.

Pero como decir no es lo mismo que hacer, en el documento se dice que el indulto de Hunter Biden por Joe Biden se aplica a cualquier crimen potencial que podría haber cometido desde el año 2014.

Biden declaró que el indulto se debe a su convención en la injusticia del proceso judicial, motivado por la presión política. Subrayó que Hunter lleva cinco años y medio sobrio a pesar de los ataques constantes, y según su opinión, la persecución selectiva. “Los intentos de doblegar a Hunter son los intentos de doblegarme a mí”, declaró Biden, añadiendo que no ve las razones para que estos ataques cesen.

A pesar del indulto, aseguró que cumplió su promesa de no intervenir en el trabajo del Ministerio de Justicia y espera la comprensión del pueblo estadounidense.

Hunter Biden fue condenado por tenencia ilegal de armas tras mentir acerca de que no tomaba drogas y por no pagar 1,4 millones de dólares en impuestos.  Joe Biden, quien había prometido que no indultaría a su hijo, al final terminó indultándolo.

A su vez, la congresista Marjorie Taylor Greene reaccionó al indulto de Joe Biden a su hijo Hunter, llamando al presidente-demócrata un mentiroso e hipócrita. Este indulto es el reconocimiento de Joe Biden que Hunter es un criminal.

“Hunter Biden violó las leyes sobre armas, se dedicaba al tráfico de mujeres con el objetivo de su explotación sexual por todo el país.

Biden intentó mandar a los hijos del presidente electo, Donald Trump, a la cárcel, pero deja en libertad a su hijo, aunque el último está condenado. Su FBI y el ministerio de Justicia registraron el dormitorio del hijo de Trump, Barron, y el baño de la mujer de Trump, Melania en Mar-a-Lago.

«Joe Biden es mentiroso e hipócrita hasta el final”, escribió Taylor Green en la red social X.

Si esto sucede en el país de los que se “preocupan” y crean instituciones para “velar” por las leyes de otros estados, ¿que podría suceder en otras regiones de este Occidente? Seguramente en países como el nuestro se solucionaría con una simple respuesta.  ¿Justicia?…  Esa te la debo.

(1) https://t.me/elOJOen/11206

(2) https://t.me/elOJOen/13177

(3) https://www.cfr.org/event/foreign-affairs-issue-launch-former-vice-president-joe-biden

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