Les propongo una mirada retrospectiva sobremanera a los que acumulamos años y experiencias. Recordemos nuestra relación y hábitos recreados con los materiales plásticos.
Empecemos por nuestra “cartera” con la cual íbamos a la escuela. En principio, la valija era de cuero, aunque en los ’70 comenzaron a fabricarse en plástico, las cartucheras eran de tela, los lápices eran de madera, las fibras eran de plástico, las lapiceras y los cartuchos de tinta eran de plástico duro, el vasito para tomar agua, retráctil, también de plástico duro, los cuadernos y libros eran papel y forrados también con papel. Los bancos y pupitres de madera y metal. Las galletitas «Manón» venían en bolsitas de plástico mientras que las «Rhodesia» y «Titas» así como los alfajores, en papel metalizado.
Ahora te propongo que recuerdes tu casa, empezando por la cocina y, por ejemplo, el consumo de alimentos. Los manteles eran de tela (o hule), las mesas y sillas de madera o metal, mientras que los vasos, las bandejas, los platos, las ensaladeras eran de metal, vidrio o enlozadas. Por último la leche, vino, vermut, aceite, yogur, vinagre, mayonesa y mostaza venían en envases de vidrio, así como el azúcar y la yerba venían en envases de papel. Muchos alimentos se vendían a granel envueltos en papel: Galletitas, yerba, azúcar, especias, pan, aceitunas, etc.
Sin romantizar al pasado, si bien no éramos independientes del material plástico, tampoco dependíamos tanto como hoy.
Existe una palabra, que implica cambios sustanciales en nuestros modos de consumo y que pueden devenir en cambios en los modos de producción y extracción de bienes naturales, que es rechazar. Si, rechazar los materiales plásticos que nos ofrecen en cada momento del día; envases, vasos, bolsas y bandejas. Ahora bien suena lindo, pero ¿podemos hacerlo? ¿Solos? O ¿de manera organizada en nuestra sociedad? Tenemos el derecho a decir que no, pero ¿podemos escoger?, ¿hay alternativas?, ¿existen opciones o las debemos ir recreando como sociedad organizada? Hacia allí debemos transitar de manera firme desde nuestras convicciones y acciones cotidianas. A rechazar y proponer alternativas en conjunto.
La crisis climática, que es una realidad y que impacta en nuestra vida, la cual requiere del despliegue de estrategias y del desarrollo de prácticas que prescindan del consumo y descarte de materiales plásticos, dada su incidencia en la generación de gases de efecto invernadero responsables del cambio y variabilidad en el clima. Pero, además estos materiales involucran otras problemáticas.
Retomando la idea de la desplastificación de nuestra sociedad avancemos en algunas reflexiones.
- Los materiales plásticos pueden generar enfermedades a todos los seres vivos, por ejemplo la ingestión directa (los microplásticos). La dispersión de los microplásticos así como su persistencia en el ambiente, puede derivar en su presencia en el organismo de los seres vivos participantes de todas las redes alimentarias. En este caso podemos ingerir plásticos a partir de nuestros alimentos[1]. A partir de la combustión de los desperdicios se producen gases como las dioxinas y furanos. Estas sustancias pueden producir enfermedades respiratorias e incluso epigenéticas, alteraciones en la expresión de los genes que pueden desencadenar modificaciones en el sistema nervioso. Además, a muchos materiales plásticos se le agregan sustancias llamadas “retardantes de llama” que si bien evitan una combustión rápida, pueden producir alteraciones en nuestra salud generando cáncer. Los desperdicios además pueden producir enfermedades en la piel y gastrointestinales.[2]
- El descarte de manera inadecuada, que involucra a la cantidad y calidad de los residuos, implica más gastos en el traslado y deposición en los vertederos para los municipios.
- Además de propiciar el cambio climático, con más frecuencia e intensidad en las lluvias, cuando estas se producen y el agua busca sus cauces naturales, los plásticos tapan los desagües, produciendo las ya mencionadas inundaciones. Estas inundaciones a su vez pueden contribuir a la dispersión de materiales tóxicos, envases conteniendo químicos, etc.
- Podemos ahorrar materiales, reducir la extracción de bienes comunes naturales, a partir de rechazar, reducir el consumo, reciclar
Para finalizar ¿Quién es responsable el destino de los desperdicios producidos en cada uno de nuestros actos productivos y de consumo?
¿Las empresas que los producen? ¿El municipio? Seguro que sí, pero también cada uno de nosotros, no basta con alejarla de nuestra casa, ni arrojarla desde un auto o cuando subimos a un colectivo. Tenemos, como sociedad, que hacernos cargo de la porción, grande o pequeña, que nos corresponde en el manejo de los residuos.
Esta situación implica cambios profundos en la relación con el ambiente y entre todos los seres vivos, incluidos los humanos. Cambios en las decisiones políticas referidas a la apropiación y utilización de los bienes comunes naturales, en los procesos productivos y en el manejo integral de los residuos. Respecto a los procesos productivos, repensar los modos de producción en la agricultura, la industria y la minería. Reflexionando sobre qué materiales y bienes son necesarios para nuestra vida.
Ineludiblemente necesitamos un cambio cultural para transitar de una cultura del consumismoy descarte hacia una cultura de un consumo responsable, donde está implícito rechazar aquello que no necesitamos, así como reciclar y reutilizar de manera individual y colectiva aquello que sea social, cultural y tecnológicamente posible. Una cultura donde cambiemos hábitos, disposiciones, modos de hacer, transitando hacia el buen vivir. En definitiva recrear un mundo donde quepamos todos y valga la pena vivir
[1]Barboza, L. y otros, 2028, “Marine Microplastic Debris: An Emerginging issue for Food Secur, food Safet and human Health. Marine Pollution Bulletin 133. Citado ,en de Basura cero a cero emisiones , GAIA, octubre de 2022.
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[2]Zoleta –Mante , D., 2000 “Floodhazardvulnerabilitis and coping Strategies ir residentes if urban por Settlementes in metro Manila, The Philippines “ Citado en de Basura cero a cero emisiones , GAIA, octubre de 2022.

