La fragmentación del escenario político argentino es colosal, incluso quizás más profunda que la del bienio 2002-2003. Ya no sólo se exponen fraccionamientos y divisiones partidarias, sino que la cosa últimamente se parcela en tribus (en algunos casos, con más caciques en pugna que tropa verdadera), que si bien las hubo siempre, no dominaban toda la escena.

Las cosas en tal sentido se agravan aún más cuando hay que mirar hacia el interior del campo nacional y popular, donde hay tribus para todos los gustos. Desde la falluteada de la “liga” de los gobernadores, que supuestamente defenderían sus intereses regionales contra el centralismo porteño. Los hay con y sin peluca en nuestro tiempo. Y casi todos, cuando las papas queman o los carpetazos se anuncian, vienen al pie del mandatario de turno. Guste o no, así vienen siendo las cosas hace demasiado tiempo. Demasiado.

Otro show de tribus podemos detectar en el ámbito sindical, o también en las intendencias de todos los territorios provinciales, aunque con especial énfasis en el conurbano bonaerense (acaso en parte, porque es lo único que tiene rebote mediático a diario, seamos claros). Quienes vivan o tengan familiares residiendo en ciudades capitales o poblaciones importantes del país más allá del AMBA, podrán conocer que la política local divide a las tribus incluso en… carpas.  Muchas veces, tres son una exasperante multitud.

Muy probablemente a las puertas de una ruptura más formal que meramente declamativa, en Buenos Aires tenemos a las huestes que responden al gobernador Kicillof, y quienes lo hacen en respaldo a la ex Presidenta; nadie se come el caramelo de creer que la disputa la encabeza, de ese lado del mostrador, el propio Máximo Kirchner ni ninguno de sus opacos alfiles secundones.

Concretamente, hay una mayoría de intendentes peronistas (44) que apoyaron la decisión del gobernador de desdoblar las elecciones provinciales y las nacionales. A todo esto, una minoría de alcaldes (23) las pretenden simultáneas, y junto a sus tribus de militancia mayormente por las redes sociales, descargan hasta los peores epítetos contra un gobernador devenido desde aquel “Kicilove” a un mero “enano traidor” y descalificativos largamente más denigrantes, al nivel de la harto censurable verba que esgrime… el mismísimo presidente Milei. Reeditaron aquello del “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

Cuando las cosas no funcionan tal como ellos quieren, asoma la peor cara… y demuestran no poseer personalidades tan disímiles a las de sus –supuestos- enemigos jurados en actual posesión de Balcarce 50 y adyacencias.

También juegan sus fichas de este enorme tablero de espaldas en un todo al mundo real de las personas de carne y hueso con todas sus urgencias, los representantes de Sergio Massa y otros independientes, que van tanteando el panorama y aguardan a dar sus pasos de compromiso una vez que vean para qué lado golpea la taba.

Pareciera muy improbable que en este escenario, alguien pueda armonizar, digo realmente, a las tribus diversas de este rompecabezas que son el peronismo y el progresismo, para volver a usar definiciones convencionales, que desde el punto de vista ideológico no tienen sustento alguno, a esta altura de los acontecimientos. Y por otra parte, para el grueso de la sociedad, repitámoslo una vez más, es algo que carece de toda importancia.

No obstante, tamaño divisionismo mantiene absorto al conjunto de los necesitados -con una mínima cuota de involucramiento e información acerca del acontecer de nuestra política vernácula-, expectantes por hallar una opción sólida contra los libertaristas.

Al fin de cuentas, quizás lo más dramático sea arrancar con fórceps una falsa foto de unidad que nadie pueda creer siquiera un ápice. Quizás lo más saludable, indistintamente del devenir de la contienda electoral que acontecerá dentro de pocos meses, sea animarse a dar los pasos necesarios para ingresar en una etapa refundacional del campo nacional.

Del otro lado, hacia la derecha, lo cual es significativamente novedoso, se reproduce esta misma escena al menos de cara a lo electoral. Se profundiza la pelea entre los hermanos Milei y Mauricio Macri… el mentado calabrés que ahora sí, ya les marca la cancha con la inconmensurable bizarreada de ser él… sí público lector, Mauricio Macri reclamando un mayor apego a la institucionalidad. Estamos para arrojar los fideos al agua, bajar la persiana, y que nadie se ocupe de la válvula de esta enorme olla a presión, en la que unos y otros nos han metido, y que no ofrece atisbos para poder zafar de su inexorable explosión.

El gobierno insiste en confiar en la prescindencia de toda base de apoyo político para la aventura extremista que el 56 por ciento de nuestros compatriotas avalaron formalmente. No hay jornada en la que Milei no destruya toda posibilidad de puentes con sus aliados. Cree que le alcanzará in aeternum  con una imagen positiva que alcanza a un poco menos de la mitad social.

Mientras tanto, el riesgo país volvió a dispararse, las acciones argentinas y la Bolsa se derrumban por doquier, el dólar paralelo sube a pesar de la fiesta obscena de salvatajes a diario que realiza el BCRA y con ello, sigue perforando hacia abajo sus reservas. Hay problemas constatados en el “board” del FMI para la concesión del desembolso inicial para Argentina, y Maurico Claver Carone, referente en jefe del Departamento de Estado para América Latina, advierte que su apoyo a nuestro país dependerá de que corramos a China de su asistencia financiera y penetración en materia de obras de gran porte. Y lo dijo así de clarito eh.

Lejos de conformarse con lo ya actuado, Jamoncito cruzó la semana pasada otro límite en el aniversario de Malvinas, al aseverar que deben contemplarse los deseos de los kelpers… toda una declaración de principios de un entreguista repugnante.

Quizás sea el propio Milei, a pesar del campo lo suficientemente despejado que le ha venido cediendo la oposición desde hace largos 16 meses, quien con sus sistemáticas barrabasadas, produzca el quiebre representativo del bloque dominante, y así las cosas, desnude a la derecha también fragmentada en “tribus”. Dejémoslo aclarado de una vez: Que ese bloque dominante tenga cada vez mayores contradicciones, no significa en absoluto la alteración de su lucha medular –y acaso, única- que sigue enmarcada en la disputa por bestiales tajadas de negocios. Y sólo eso. Que no es poco.

La mesa parece estar servida. Hay un barco averiado y el capitán desvaría… y todo el mundo lo sabe. Muy en especial sus más inmediatos subalternos. El problema, vaya novedad, es que los demás no logran ponerse de acuerdo ni en táctica, ni en estrategia, ni en nombres… ni en el sacrosanto objetivo de la repartija de cargos y lugares en las listas electorales. Que suele ser «el» fin en sí mismo de todo el meollo.

Queda el margen para intuir que, acaso la propia tragedia nacional ya en pleno desarrollo, sea aquello que obligue a que como por milagro, aparezcan los puntos de encuentro y acuerdos de amplios sectores democráticos, rumbo a una salvación nacional, cual manotazo de ahogado un instante antes de que sea demasiado tarde.

Porque por más que lo maquillen y luchen contra la odiosa fatalidad del paso del tiempo, para unos y otros, amigos y enemigos, oficialistas y opositores, del ardor al ocaso hay un breve paso… simplemente porque nada es para siempre.

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