Así se expresa, no sin asombro, la comunidad internacional ante la claudicación nacional sufrida por nuestro país en pocos años.

Había un cuento que circulaba en 1978, con motivo de la posible guerra con Chile. Decía que un hombre padecía una enfermedad incurable y, por esa razón, era congelado hasta que se encontrara una cura, como se decía entonces de Walt Disney.

En el año 2000 lo descongelaban y lo curaban. El hombre comenzaba a preguntar quién gobernaba y le respondían: «Videla hijo». Luego consultaba por el ministro de Economía y la respuesta era: «Martínez de Hoz hijo». Entonces recordaba el conflicto con Chile y volvía a preguntar por la situación. La respuesta, con énfasis, era otra: «Eso sí ha avanzado. De ninguna manera les entregaremos Mar del Plata».

Argentina en retroceso

Hoy los argentinos discutimos ejes estructurales de la Patria que hace menos de una década jamás imaginamos que volverían a estar en debate. El retroceso en derechos sociales y laborales, en soberanía nacional, en corrupción judicial y legislativa y en la entrega del patrimonio argentino era impensable.

Estamos intentando defender el aguinaldo y las vacaciones; detener la extranjerización de tierras y glaciares; impedir el cierre del CONICET, ARSAT y la CNEA; y enfrentar el desfinanciamiento de la ciencia y la tecnología.

Argentina colonizada

La colonización subordinada a Estados Unidos, Israel, Inglaterra, el FMI, el CIADI y la OTAN que, según el autor, ha producido el actual Gobierno libertario encabezado por los hermanos Milei, no tiene antecedentes en la historia argentina desde la emancipación.

Ese proceso ha impactado también a nivel mundial, donde la Argentina se caracterizaba por sostener una política de neutralidad, paz y Tercera Posición Internacional como estrategia geopolítica soberana, iniciada por Hipólito Yrigoyen y profundizada posteriormente por Juan Domingo Perón.

Argentina aislada

Esta situación se agrava en un escenario internacional convulsionado, marcado por un cambio de época en las relaciones entre los Estados.

Las condiciones y convenciones establecidas tras la Segunda Guerra Mundial han sido desplazadas por una nueva realidad geopolítica, orientada hacia un bloque oriental cada vez más gravitante, que ha erosionado la hegemonía occidental. Según esta mirada, Occidente sólo recurre hoy a conflictos bélicos para preservar su influencia, proteger sus zonas de dominio y sostener su peso en el comercio internacional y en el sistema monetario.

Argentina arrodillada

Argentina ha quedado ubicada, según el autor, en una posición denigrante, actuando como brazo ejecutor de los intereses de Estados Unidos e Israel. Sostiene que el presidente adopta el papel de agitador permanente frente a dirigentes de distintos países que rechazan las políticas bélicas de esas potencias.

Afirma además que esas acciones perjudican relaciones históricas, comerciales y económicas con Estados que resultan estratégicos para el país, subordinando el interés nacional a una conducción imperial.

Argentina denigrada

No es sólo la imagen de Milei la que, según el autor, deteriora la percepción internacional de la Argentina. También lo hace su alineamiento y el «trabajo sucio» que realiza para los sectores de poder, intentando participar de un juego en el que —afirma— nunca dejarán de asignarle el papel de soldado raso, siempre prescindible.

Como ejemplo menciona los casos de Saddam Hussein, en Irak, y Manuel Noriega, en Panamá, ambos vinculados en distintos momentos a la política exterior estadounidense.

Argentina postrada

Mientras tanto, la Argentina y su pueblo transitan una terapia intensiva económica y social.

El autor describe una comunidad en diáspora, generaciones sin rumbo, sectores medios empobrecidos, trabajadores desclasados y numerosas familias en situaciones extremas. También menciona el aumento de suicidios y enfermedades incapacitantes, el crecimiento de la angustia, el miedo y el aislamiento social, junto con una pérdida de derechos humanos.

A su entender, todo ello ocurre dentro de un esquema judicial y económico que sólo beneficia a los sectores más concentrados del poder, al denominado Círculo Rojo y a los intereses de las embajadas de Estados Unidos e Israel, en coordinación con la IV Flota y la OTAN.

Argentina sin historia

¿Qué Patria nos ha quedado de aquel país con una historia de luchas y gestas heroicas, de la que nos sentíamos orgullosos?

Según el autor, existe una pretensión colonial de borrar la identidad nacional, la solidaridad social, la defensa de los recursos naturales, el federalismo y el ideal de la Patria Grande. Considera que esa estrategia responde a un imperio en decadencia que busca consolidar su influencia sobre América Latina, con la aceptación del actual Gobierno nacional.

Argentina en lucha

Esta situación sólo podrá revertirse mediante una movilización de la conciencia nacional que permita recuperar el sentimiento patriótico como eje de la reconstrucción del país.

Para el autor, ese objetivo debe estar por encima de las disputas sectoriales, los dogmatismos, las mezquindades y la frivolidad que debilitan la discusión política y terminan favoreciendo a quienes buscan desplazar a la política como herramienta de construcción de un modelo social y productivo.

Argentina en peligro

Ese camino debería recorrerse con rapidez, sostiene, porque el proyecto colonial avanzaría hacia la fragmentación territorial y la pérdida del control soberano sobre áreas estratégicas.

Menciona como ejemplos Tierra del Fuego, el Mar Austral, la Antártida Argentina, los pasos interoceánicos, el río Paraná, la Hidrovía y los puertos privados. Advierte que, de consolidarse ese proceso, la Argentina dejaría de ser un país integrado para convertirse en una nación sin destino, con un pueblo excluido, explotado y sometido.

Argentina de pie

La movilización popular, la presencia en las calles y la lucha constituyen, según el autor, el único camino hacia un juicio político o hacia una resolución en las urnas.

Considera que sólo una conciencia colectiva y un sentimiento patriótico compartido —más allá de las diferencias políticas dentro del campo nacional— permitirán reconstruir el futuro de la Patria. Ese patriotismo, concluye, no puede limitarse a los acontecimientos deportivos, sino que debe convertirse en un objetivo común de toda la sociedad.

BIBLIOGRAFÍA

  • Fermín Chávez. Historia de los argentinos. Ed. Theoría.
  • Gabriel Merino. China y el nuevo poder mundial. Perspectiva desde América Latina. Ed. CLACSO.
  • Walter Formento. El proyecto multipolar. Por una nueva civilización. Ed. Acercándonos.

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