«Vida de pobre / de esperanza se sostiene / doblando el lomo / pa´que otros doblen los bienes»*
Tal como plantearon unos pocos colegas de primerísima línea, urge preguntar(nos) ¿A cuáles amigotes el ministro Caputo les vendió a menos de 1100 pesos los 398 millones de dólares que liquidó el viernes pasado el BCRA, cuando ya sabían que el lunes estaríamos hablando de números bastante diferentes? Y liquidó otra vez activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, la guita de los jubilados.
Y eso de la flotación de bandas… ¡Qué atropello a la razón! diría el gran poeta. Seamos claros. Esas “bandas” asemejan a una banda de chorros. De guante blanco y muy distinguidos y muchos de ellos, merecedores de las primeras planas de las revistas internacionales para “gente VIP”. Chorros al fin, que esa es la matriz constitutiva del “sistema”. Aunque muchos insistan enfermizamente en querer demostrar que existe una vía “sana” dentro de tales reglas de juego.
En el largo plazo todo está sentenciado respecto al desenlace de modelos como éste. Falta dilucidar, patéticamente de la mano de una parte de la sociedad que así ha decidido este orden de nuestras cosas, experimentar los próximos pasos en el corto y mediano plazo. Y sus nefastas consecuencias para el conjunto muy mayoritario de la población.
Y siguen con la farsa interminable. Ahora la devaluación es llamada “deslizamiento”. Más canallas es imposible conseguir en el de por sí, sórdido “mercado de políticos” de nuestro tiempo.
Como primera síntesis, siempre parcial: Nos han tomado de boludos. Al menos a una buena parte de nosotros.
¿Quizás lo merezcamos, tras no aprender en tanto conjunto social, luego de padecer cuatro experimentos económicos muy similares en menos de medio siglo? Sólo una pregunta.
Por supuesto, desde este lunes estamos más pobres que un día antes. Con la muy lógica alegría del mundo de las finanzas, “los mercados”, que no sólo hacen sus mega-negocios a costa del sudor del pueblo, sino que nos desprecian profundamente, en claros rasgos de superioridad… por no decir en algunos casos, de supremacismo respecto a la “plebe”.
En este orden de situación, todo es vacuo y todo es provisorio, menos quienes detentan el poder real: ellos son permanentes y atraviesan siglos de existencia nacional, sin solución de continuidad.
Para garantizar que suceda lo que sucede por estas horas en nuestro país, el Fondo Monetario simplemente le impuso sus condiciones al gobierno entreguista: “Devaluá ya, y de esta forma”. Ajuste y más ajuste en cabeza de quienes menos tienen. Fin.
Al “especialista en crecer con o sin dinero” según decía jamoncito antes de mudarse, sin escalas, de los paneles televisivos a Presidente, la situación le toca su ortodoxia de planilla Excel en medio de una guerra comercial más virulenta que nunca. En la cual Argentina no corta ni pincha en cuanto a su importancia en ese tablero global, y aquel que había jurado que jamás se sentaría a negociar con esos comunistas “perversos” de China, tuvo que agachar la cabeza y refrescar un tramo activo de los créditos chinos por 5000 millones de dólares, so pena de provocar un sismo financiero.
Tanto joder con su fijación anal digna de una neurosis obsesiva básica, de mandrilandia y todos esos epítetos con los que agrede a diario, cual barrabrava, a cuanta persona –dirigente o no- se le oponga en algo, el que terminó sentando reales equivalentes al de los mencionados primates, fue el propio Presidente ante el gigante asiático.
El economista eternamente de derechas, Juan Carlos De Pablo, declaró que si el mundo se fuera al tacho (es textual) es insostenible creer que Argentina no se verá afectada. En semejante escena donde el patrón dólar comienza a trastabillar significativamente, la necia brutalidad libertaria alucina con las ventajas de atarse de pies y manos al alineamiento con Trump. Increíble, si no fuera por ser quienes son.
¿Oposición en vías de construcción, o funcional a la consolidación colonial?
Hasta ahora, fronteras adentro, todo eso antes narrado se sostiene gracias a la ausencia de algún frente opositor que se anime a revelarse como tal. Potenciado claro está, por la interna del peronismo bonaerense, lucha incomprensible si las hay. Y se lo propongan o no, inconmensurablemente funcional al chapoteo con el que se sostiene a flote el gobierno nacional.
Axel Kicillof dio la semana pasada una saludable y necesaria muestra de rebeldía ante la lógica de la lapicera que, como práctica y liderazgo, cuenta con una notable mayoría social que la desaprueba (y de ese viaje difícilmente ya logre volver).
Cristina, en cambio, apuesta a sus pergaminos históricos para exigir la conducción absoluta y discrecional de ese sector tan variopinto que es el justicialismo. Luego de escalar a niveles tan impensados como patéticos, ambos bajaron un cambio, al menos circunstancialmente. Fuentes muy confiables me confirmaron que las relaciones interpersonales entre ellos están destruidas desde hace tiempo (ni siquiera se hablan) por lo cual lo máximo a lo que puede aspirar ese sector en lo mediato, es a construir unidad, pero de ninguna manera “unión”. A su vez, cambiemitas y libertarios marcharán juntos en provincia de Buenos Aires. Y después no me vengan a sanatear con aquello de la institucionalidad, si comparten listas con intérpretes que tienen mucho más de forajidos financieros y accionar fascistoide en todo lo demás, que de algo que los aproxime a merecer el rótulo de demócratas.
Si el peronismo marcha dividido en la provincia de Buenos Aires, será complicado no concluir en que merecerían la derrota. Y todo ello es el bastón sobre el que apoyan sus expectativas las huestes que responden a la billetera de Balcarce 50
La incógnita continúa situada en la capacidad o no que tengan las cúpulas del peronismo para armonizar sus discrepancias. No parece ser momento para que se extravíen en discusiones de peronómetro; sí de elaborar una agenda antagónica al gobierno, y fuertemente propositiva.
Y que no les quepa ninguna duda: Cada vez se hace y hará más urgente ampliar las fronteras en la construcción de una nueva mayoría, representada en un frente llámenlo como quieran, pero que sea de salvación nacional y reconstrucción democrática. Más urgente que antes, desde el momento que, una vez más, los mismos de siempre… nos volvieron a tomar de boludos.
*Garza Viajera, canción de José Larralde

