Según las proyecciones económicas, a nuestro país le espera un futuro económico promisorio de la mano de tres sectores productivos con fuerte carácter extractivista en cuyas fases, desde la extracción de los bienes naturales, el consumo y manejo de los residuos, se generan gases de efecto invernadero.
Estas son las actividades agrarias, la industria petroquímica y la minería. En todos los casos se trata de actividades que demandan crecientes cantidades de agua, además de insumos específicos utilizados en los procesos productivos que, junto con los residuos, contaminan a los bienes comunes naturales produciendo casos de impacto en la salud socioambiental.
El extractivismo como cosmovisión antropocéntrica, dependiente y matriz productiva contaminante, es preexistente a nuestra existencia como país independiente. En efecto, desde los procesos de conquista y colonización, y posterior división internacional de producción y trabajo, demandantes de minerales, carne y sus derivados, maderas y subsiguientemente cereales y oleaginosas a nuestro país, y más precisamente a algunos territorios, se le asignó el rol de productor/extractor de bienes (hoy denominados commodities) sin importar sus consecuencias socioambientales.
Pese a su aparente “novedad”, extractivismo y ordenamiento territorial no son en absoluto fenómenos recientes, sino que hunden sus raíces en los propios orígenes del sistema mundo. Extractivismo es ese patrón de relacionamiento instituido como pilar estructural del mundo moderno, como base fundamental de la geografía y la “civilización” del capital, pues el capitalismo nace de y se expande con y a través del extractivismo. El extractivismo instituye la separación entre las metrópolis y sus satélites; establece el centro y sus periferias; delinea la geografía de la extracción, como geografía subordinada, dependiente, proveedora, estructurada por y para el abastecimiento de la geografía del centro, la del consumo y la acumulación (Machado Araoz, H. 2015)[1].
Con el desarrollo de políticas favorables como las fiscales, las cambiarias y las arancelarias, en el mejor sentido unidireccional dentro de una economía lineal, se persiguen los objetivos de atraer capitales mediante inversiones extranjeras, producir más, exportar más, generar más divisas, intentando concebir un desarrollo territorial y en el país a partir de la teoría del derrame de los ingresos, derrame que cada vez llega con menos gotas a las personas y territorios.
Gudynas nos presenta tres estilos de extractivismo, el más corriente y distribuido en el mundo lo denomina convencional o “desaprensivo”, este se haya caracterizado por una exacción de bienes intensiva, con una amplia cobertura geográfica, de alto impacto social y ambiental, y dudosos beneficios para el desarrollo nacional (Gudynas E. 2011)[2]. En este estilo de uso y abuso se percibe a los bienes comunes naturales como recursos económicos, a los territorios como zonas de conquista y sacrificio y sobremanera a las personas y comunidades como sujetos de explotación. Este estilo de extractivismo ha generado:
- La pérdida de áreas naturales (Por ejemplo en la selva misionera)
- El agotamiento de bienes comunes naturales (los suelos de las zonas agrarias)
- Contaminación socioambiental (Por ejemplo la comunidad de “Villa Inflamable”emplazado sobre el Polo Petroquímico Dock Sud)
- El desplazamiento de comunidades locales (aquellas trasladadas por la instalación de represas en el rio Paraná)
- La destrucción de las economías regionales (Por ejemplo en la producción de aceitunas y vinos)
- La manipulación e imposición de ideas en y sobre las comunidades ruralesy urbanas (En la Búsqueda de licencia social a fin de establecer enclaves mineros en la provincia de Catamarca)
- Conflictos sociales (en las zonas agrarias de utilización de plaguicidas)
- La vínculos con posibles casos de corrupción (el caso de stericycle en la instalación de vertederos)
- La subordinación al capital internacional (el caso del Régimen de Incentivo para grandes inversiones (RIGI) a fin de “atraer” capitales internacionales)
En el caso de la minería surge el litio como la solución al “desarrollo económico de las comunidades”, además contribuir a la mitigación y adaptación al cambio climático a partir de la fabricación de baterías destinadas a almacenar energía eléctrica, con las cuales se intenta reemplazar al petróleo como combustible.
Se persigue el objetivo de reducir la emisión de gases de efecto invernadero y de adaptarnos de manera desigual y acrítica al cambio. Dentro de las propuestas aparece una opción muy cuestionable, constituida por la fabricación de autos que, en vez de utilizar combustibles en base a petróleo, utilizan energía eléctrica. En este caso, si bien no se elimina dióxido de carbono durante el proceso de combustión, sí requieren de la utilización de litio para la fabricación de baterías donde se almacena la electricidad.
Se lo presenta como un recurso estratégico dado que el litio es un insumo imprescindible para la producción de celdas de acumulación de energía en celulares, computadoras, autos (híbridos y eléctricos).
Según estimaciones, el Complejo minero asociado al Litio podría exportar más de US$7.000 millones a partir de 2025, cuando el país tenga la capacidad de producir 265 mil toneladas equivalentes de carbonato de litio (Diario El Litoral)[3]. Generación de riqueza, promesas de exportaciones y desarrollo local, ampliación de las fuentes de trabajo, mitigación y adaptación al cambio climático. ¿Cuánto de esto es real y cuál es el costo socioambiental de la extracción de litio?
El primero se halla asociado al consumo de agua en los procesos de extracción del mineral y separación de la salmuera para la obtención del carbonato de litio. Agua que no estará disponible para el consumo familiar y especialmente para el riego en las unidades agrícolas de gestión familiar. Se suma a la ya competencia con los barrios cerrados, los emprendimientos empresariales y los denominados diferimientos impositivos (por ejemplo de aceitunas y pistacho en La Rioja). Además, queda como residuo agua contaminada que es necesario acumular o tratar de manera específica a fin de no ampliar las áreas contaminadas en territorios de por sí vulnerables.
Se produce la ruptura de los lazos de solidaridad y ayuda comunitarios, como los que se están produciendo en Fiambalá (Catamarca), dado que en general las promesas de un desarrollo local, la generación de empleo, el dinero aportado discrecionalmente por las empresas crea pujas dentro de las comunidades, produciendo división al interior de las familias y asociaciones y grupos ya establecidos.
La producción desenfrenada, basada en el extractivismo, producirá una gran acumulación y descarte de baterías, que sin prever procesos de reciclaje, generará y ampliará los procesos de contaminación ambiental.
Como país, una vez más exportamos materiales, en este caso minerales, a fin de recrear soluciones aparentes respecto al cambio climático para que los países del primer mundo, los mayores extractivistas, continúen con sus niveles de consumo pero con la conciencia tranquila dado que sus autos producirían menos gases de efecto invernadero. Claro está, la contaminación queda en nuestros países.
A nivel de la dirigencia política sólo se discute el canon pagado por las empresas como aporte de la actividad realizada y de los derechos de exportación (promesas de recaudación) o si se debe exportar sin procesar o darle cierto valor agregado mediante la recreación de condiciones económicas que posibiliten la instalación de empresas (promesas de desarrollo local y de generación de empleo)
Respecto a la minería de litio se conoce su incidencia en la salud. La acumulación de los residuos generados en montículos que alcanzan hasta dos metros de altura que contienen compuestos de calcio, magnesio, boro, hierro, aluminio y trazas de otros metales constituyen fuentes de contaminación del aire que pueden causar trastornos respiratorios y asfixia para las personas, siendo perjudicial también para la salud de otros organismos vivos.[4] La contaminación del suelo con Litio puede llegar a las cadenas alimentarias por su movilidad en las aguas superficiales, subterráneas y absorción en las plantas, esta situación puede causar anomalías toxicológicas en el cuerpo de los seres humanos.[5] Por último, durante el procesamiento de los minerales puede producirse carbonato de litio, que se utiliza en psiquiatría para tratar enfermedades mentales, este puede ingresar al interior de los seres humanos y al sobrepasar los 15 miligramos en el cuerpo puede generar problemas toxicológicos[6].
Para finalizar, desde las actividades de extracción, acumulación de residuos, transporte, procesamiento y utilización de los productos generados, la minería es responsable de la emisión de gases de efecto invernadero y de ninguna manera puede justificar su accionar desde la generación de cambios cosméticos e impredecibles, como la producción de baterías para acumular electricidad en reemplazo de la utilización del petróleo y sus derivados.
Los países más ricos siguen pensando en cómo externalizar los procesos y actividades contaminantes, generando enclaves en los países del tercer mundo, profundizando el clásico “doble estándar o rasero” mediante el cual prohíben la utilización, en sus territorios, de sustancias químicas contaminantes, como los plaguicidas, pero las producen y exportan a los países más pobres económicamente.
[2] Gudynas, E. 2011, Caminos para las posiciones post extractivas. en transiciones, post extractivistas y alternativasextractivismo en el Perú. Alejandra Alaysa y Eduardo Gudynas editores RedGE y CEPES Lima , Perú
[3] https://www.ellitoral.com/economia/litio-exportaciones-proyecciones-millones-dolares-2025-argentina-yacimientos-produccion
[4]Porta, A. y Miguel, R. El litio, un recurso de valor estratégico para la región. Análisis de las implicancias ambientales. Perspectivas y propuestas en El litio en la Argentina: Visiones y aportes multidisciplinarios desde la UNLP. Díaz, F., compilador. 2020, UNLP
[5] https://www.bloomberglinea.com/2022/04/20/asi-contamina-el-negocio-del-litio-mineral-clave-para-la-transicion-energetica-de-mexico/
[6]https://www.osman.es/impacto-medioambiental-y-en-salud-por-la-extraccion-de-litio/. Junta de Andalucía, consejería de la salud y consumo.
[1]Machado Araoz. 2015. Ecología política de los regímenes extractivistas. De reconfiguraciones imperiales y re-ex-sistencias decoloniales en Nuestra América. Bajo el Volcán, año 15, número 23, septiembre 2015-febrero 2016 Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla



