Para alcanzar dichos objetivos, se visitaron y realizaron encuestas a 12 productores/as agroecológicos de Argentina, Chile, Cuba y Paraguay. Posteriormente, desde la lectura, síntesis y análisis, se buscó integrar los resultados individuales de cada país en una estructura mayor que intenta dar cuenta de las características de las unidades productivas, así como también de las interrogantes: ¿qué, cómo y para quién se produce?, sin olvidar un análisis de contexto territorial y climático donde se ubican estas unidades productivas.

Los monocultivos son insustentables, dado que no pueden reproducir las condiciones de existencia. De allí que requieran de la aplicación continua y creciente de fertilizantes para paliar el déficit de nutrientes, y de plaguicidas para incidir en la dinámica poblacional de insectos, hongos y plantas silvestres.

El modo de producción agrario vigente aparece como una de las causas del cambio climático y, a la vez, recibe sus consecuencias. Las actividades agrarias, la industria petroquímica y la minería demandan crecientes cantidades de agua, además de insumos específicos utilizados en los procesos productivos que, junto con sus residuos, contaminan los bienes comunes naturales, produciendo impactos negativos en la salud socioambiental.

La crisis climática, producto de las emisiones de gases de efecto invernadero -dentro de las cuales las actividades agrarias son ampliamente responsables- impacta sobre las producciones, el nivel de vida y la posibilidad de obtener ingresos adecuados por parte de los productores/as. Ante esta situación, no esperan de manera pasiva soluciones; por el contrario, la encaran mediante la implementación de estrategias, prácticas y tecnologías basadas en la agroecología, así como co-construyendo vínculos solidarios desde la integración e interacción con otros productores, consumidores y la incidencia en las políticas públicas.

Las unidades productivas agroecológicas que se presentan en este documento se desarrollan en diferentes zonas climáticas, definidas por sus temperaturas y precipitaciones: zona desértica -muy seca, con grandes contrastes de temperatura entre el día y la noche-; templada, oceánica y continental -con estaciones marcadas y temperaturas moderadas-; tropical y subtropical -sin estación seca, húmeda y cálida durante todo el año, con lluvias abundantes-; y clima templado pampeano, con veranos calurosos y húmedos e inviernos fríos y parcialmente nublados.

Sin embargo, hay diversos factores de incertidumbre que amenazan a los sistemas productivos, como huracanes, heladas, granizadas, lluvias en períodos no esperados e inundaciones. A estas amenazas se suma un problema mayor y complejo: las zonas climáticas han variado de forma importante debido al cambio climático y, en algunas de ellas, los fenómenos meteorológicos se han intensificado, con eventos extremos cada vez más frecuentes.

En los últimos años se ha evidenciado una disminución de lluvias y desertificación en algunas regiones, y un aumento dramático de lluvias e inundaciones en otras. En general, también se registra un incremento de la temperatura a nivel regional.

La agroecología es mucho más que un sistema productivo: constituye un paradigma y una forma de vida que implica, para los productores/as, conocer a fondo sus agroecosistemas, planificar a mediano y largo plazo e introducir cambios en relación con el entorno ambiental, social, cultural y político.

Se requiere diseñar la unidad productiva como un organismo vivo, con múltiples relaciones, y realizar las actividades de diseño e implantación de especies vegetales y cría de animales de acuerdo con el entorno natural, en armonía con todos los seres vivos.

En todos los casos analizados se registró la inclusión de biodiversidad, la conservación y reproducción de árboles nativos preexistentes y la plantación de nuevos ejemplares que generan un microclima capaz de reducir la temperatura y el accionar de los vientos en el predio.

En las diferentes zonas estudiadas crece una rica cantidad de especies adaptadas a condiciones extremas, como bajísima humedad, fuertes vientos y bajas y altas temperaturas, lo cual posibilita el cultivo de especies anuales bajo diferentes tipos de asociaciones, como en el caso del maíz en policultivos.

La utilización, conservación e intercambio de semillas criollas y nativas, adaptadas a las condiciones de clima y suelo locales, resulta fundamental en la recreación de agroecosistemas resilientes.

Al trabajar con suelos cubiertos de vegetación, con distintos estratos de crecimiento y mezcla de especies arbóreas, arbustivas y herbáceas, se ha mejorado la eficiencia fotosintética y, por lo tanto, la captación y conservación del carbono en las plantas y en el suelo.

La nutrición integral de los suelos es vital para mantener sus características físicas, químicas y biológicas, favoreciendo el crecimiento, desarrollo y sanidad de las plantas. Los productores/as reciclan los residuos orgánicos mediante compostaje, evitando una descomposición anaeróbica y, en consecuencia, la emisión de gas metano.

En el proceso de preparación del suelo previo a la siembra, remueven muy poco la tierra, lo cual retarda la mineralización de la materia orgánica y la consecuente emisión de dióxido de carbono a la atmósfera.

En la fase de comercialización se han construido, de manera organizada, circuitos estables y fluidos, tomando contacto con consumidores que valoran los productos agroecológicos. Las unidades analizadas son rentables desde el punto de vista económico, reduciendo costos y mejorando ingresos respecto de las unidades de producción convencionales.

La participación de las mujeres en las organizaciones, así como en la producción y toma de decisiones en la finca, en la venta de los productos agroecológicos y en la distribución de los beneficios, constituye un espacio de autonomía económica y social, empoderamiento, liderazgo y sostenibilidad familiar y comunitaria.

De este modo, se consolidan relaciones más justas dentro del hogar y de la comunidad, contribuyendo también a reducir la violencia.

La preservación y el desarrollo armónico de la biodiversidad no solo influyen benéficamente hacia el interior de la chacra, sino que también constituyen un eslabón hacia el territorio que la circunda, formando parte de corredores biológicos.

En todos los casos analizados, la espiritualidad está presente. La chacra, desde la cosmovisión de los productores y de la incorporación de los seres humanos a la naturaleza, constituye un legado familiar. Quienes las crearon y les dieron continuidad manifestaron allí su propia espiritualidad. Se respeta la biodiversidad y el espíritu que circula, vive y subyace en la chacra.

En referencia a las políticas públicas destinadas a los territorios rurales, se recomienda que puedan discutirse, analizarse e implantarse desde una mirada integral.

Si bien se reconoce el avance en algunos programas de capacitación y fomento productivo, donde se han incorporado no solo aspectos financieros o técnicos sino también elementos de gestión, organizacionales y de género, resulta urgente atender además cuestiones vinculadas con las políticas de tierras y tecnológicas.

(*) Elaborado por la Red de Acción contra los Plaguicidas de América Latina y Alternativas (RAP-AL) en 2026, analiza experiencias de productores agroecológicos de Argentina, Chile, Cuba y Paraguay frente a la crisis climática. Editado por Javier Souza Casadinho y María Elena Rozas, A partir de experiencias analizadas por Nilda Perez Consuegra en Cuba, Hebe Gonzales de Bóveda en  Paraguay,  María Elena Rozas en Chile y Javier Souza Casadinho en Argentina

(**) El trabajo completo puede leerse en https://rap-al.org/wp-content/uploads/2026/05/Informe-Agroecologia_RAPAL_2026.pdf

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