En homenaje al canillita que respondió con dignidad a una maleducada movilera de TN
Una vez más, el movimiento obrero organizado demostró que es la principal fuerza sociopolítica, capaz de paralizar un día y movilizar decenas de miles de responsables en apoyo a la demanda de las y los jubilados. Una vez más, los publicistas del poder (con carnet de periodistas) hicieron campaña para reducir, boicotear, denostar y buscar impedir que millones de trabajadores ejercieran el derecho a protestar. Los que desconocen la legitimidad de cualquier forma de organización que supere al comercio, la banca o los negocios privados, nunca comprenderán qué significa que la clase trabajadora eleve su voz o su silencio contra las políticas económicas que reducen su vida y la de sus familias.
Se repite el mantra: que el paro es político, un ejercicio de lo obvio, que se puede verificar en cada entrevista, comunicado de apoyo, conferencia de prensa y expresión de cualquier manifestante. No les cabe en la conciencia que no sólo el voto bianual sirve para reflejar ideas, opiniones y posturas contrarias a quienes les financian la pauta. Y de un modo superior a la de las encuestas más fiables.
Incluso sacan de quien sabe qué usina del poder, la cifra que se “pierde”, sin ver que es un ejemplo de quiéń realmente produce la riqueza nacional y no sus venerados empresarios.
Al contrario, describen las fugas de dólares de esa inmensa reserva del patrimonio nacional, como si fuera un fenómeno natural, como la lluvia o los vientos. No serán televisados los subsidios del Estado a sus patrones (algo que nos quitan a todos), las multas impagas (por ej del usufructo del Correo Argentino por Macri) o la evasión de divisas de los grandes jugadores-especuladores para no pagar impuestos del dinero que ganan con el trabajo nacional.
Un paro general en unidad de las centrales concentra las luchas dispersas, y se convierte en algo que cuestiona toda la política económica de un gobierno. El modo en que se distribuye, las pérdidas de derechos y puestos de trabajo por cierre de empresas provocado por esas políticas; la destrucción sistemática de órganos y herramientas de un Estado que va quedando cada vez más discapacitado por amputación de profesionales y técnicos, médicos y expertos largamente experimentados en la administración de lo público (una vez más: de todos).
El Paro General es un acontecimiento extraordinario que sirve como punto de llegada de la acumulación de conflictos y también el más severo llamado de atención al sistema político en su conjunto. Aquí estamos, esto decimos y con el cuero podemos sostenerlo.
En esa advertencia colectiva, que sólo tiene ese fin (un paro no sirve para nada, dicen quienes nunca pisaron una asamblea sindical): movilizar la fuerza y la voz de los que hablan poco porque hacen todo. Debiera ser registrado por nuestros responsables y candidatos como lo que es, y dimensionado en sus potencialidades más allá de la pura expresión de demandas.
Allí esta la reserva de prácticas democráticas: un paro no se acata, a un paro se adhiere. Allí se evidencia toda la organización que le falta a un sistema de partidos, incapaces de un congreso o una asamblea. La capacidad de movilización en apoyo y solidaridad grupal por algo más que un cargo o un contrato para los propios. La síntesis de actitudes y posicionamientos diversos que postergan contradicciones para unirse en un reclamo común.
Pero un paro es un gesto defensivo. No puede construir algo para lo que no fue diseñado. Son las conducciones políticas quienes tienen la responsabilidad de convertir la demanda en plan. Programa y acción. Y esas conducciones no debieran olvidar la larga y rica experiencia del movimiento obrero, algo que Perón supo valorar… y muchos de sus adherentes olvidaron.
Para nosotros, por dar un ejemplo, que el ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires sea un obrero del cuero, tiene más de peronismo que cualquier vociferante recordando las Veinte Verdades. Y no hace falta ser peronista para saber eso. Sí conocer de la historia del Movimiento Obrero organizado.
¿Perdimos un día de trabajo? No importa: abrazamos a nuestra memoria viva, y ganamos un día más de dignidad.

