Tomar deuda, de por sí, no es ni bueno ni malo. Los inconvenientes empiezan, según el destino que se le otorgue a esa deuda y la capacidad para afrontarla.
En tu hogar podés tomar una deuda para realizar arreglos, adquirir un electrodoméstico que necesites, etc. Y teniendo capacidad para ir pagando, es algo correcto.
Muy diferente es la situación actual donde las familias se endeudan tan solo para sobrevivir. Al comenzar este año, el endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó niveles récord y críticos, con un 60% de los adultos con algún tipo de crédito y una morosidad que se triplicó, llegando al 9,3%. El 33% de los ingresos familiares se destina al pago de deudas, impulsado por tarjetas y billeteras virtuales, evidenciando un deterioro financiero acelerado.
El nivel de endeudamiento es considerado de «estrés sistémico» comparables a la salida de la convertibilidad. Para el avance del presente año, el crédito se convierte en una restricción, donde los ingresos se destinan principalmente al pago de deudas anteriores, limitando el consumo nuevo.
Así como ocurre en los hogares, eso también ocurre con los países. Los medios especializados en economía, así como también los emporios mediáticos siempre te cuentan qué gobernante se endeuda más. Pero nunca se toman la tarea de informar en qué se han ido utilizando los préstamos, o directamente mienten.
Así las cosas, se supo que la deuda pública argentina volvió a subir, superando ya los u$s 460.900 millones. Estos son datos oficiales proporcionados por la Secretaría de Finanzas. Mientras, el discurso económico promete orden fiscal, el peso financiero del estado continúa creciendo y condiciona cada decisión presupuestaria del gobierno de Javier Milei. No es una cifra abstracta: es el límite concreto de lo que el país puede gastar, invertir o sostener.
La deuda pública no es una discusión abstracta reservada a especialistas. Cada aumento del stock implica más recursos destinados a intereses y menos margen presupuestario para otras áreas.
Al crecer el gasto financiero, las decisiones fiscales se vuelven más restrictivas. La discusión entonces deja de ser contable o de lo que se asienta en un Excel. Entonces, pasa a ser social, ya que define cuánto dinero queda disponible para jubilaciones, por ejemplo. No se trata solo de conocer cuánto se debe, sino cómo se sostendrá ese volumen en los próximos años sin que el impacto recaiga sobre la economía cotidiana.
En enero, un mes donde el Tesoro afrontó vencimientos significativos, se produjo el aumento según publicó el diario Ámbito Financiero. La deuda en situación de pago normal creció en cinco mil 856 millones de dólares en el primer mes de 2026, dividida en 1.915 Millones en adeudos en moneda extranjera y un incremento equivalente a 7.771 Millones en pesos, expresado en dólares al tipo de cambio de cierre.
Al explicar el alza, la secretaría de Hacienda indicó que la suba se debió a cuatro factores: la conversión de deuda en pesos a dólares (1.300 millones de dólares), ajustes de instrumentos indexados por inflación (3.410 millones), capitalización de intereses de bonos y letras (3.171 millones) y otras operaciones (avales y amparos) por cuatro millones.
El 43 por ciento de la deuda en situación de pago normal está denominada en moneda local, mientras que el 57 por ciento restante corresponde a moneda extranjera.
Referente a instituciones crediticias internacionales, el stock totalizó a fines de enero 97 mil 95 millones de dólares. De ese monto, 57 mil 744 millones corresponden al Fondo Monetario Internacional; 19 mil 931 millones al Banco Interamericano de Desarrollo, y 12 mil 808 millones al Banco Mundial.
Además de a esos tres organismos, Argentina le debe dinero a China (mediante un «swap» de monedas y otros acuerdos), al Club de París (deuda con países soberanos), al Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), y a fondos financistas (fondos buitres) y acreedores privados (tenedores de bonos internacionales).
Fuentes consultadas: Nodal // Prensa Latina

